LA GRAN FAMILIA

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miércoles, 16 de agosto de 2017

“¡DE PARADORES SEÑOR!... LA COCINA GENEROSA (QUIEN DICE SEÑOR, DICE SEÑORA"

(Reedición, publicado en febrero de 2015...)

“La ASOCIACIÓN DE COCINER@S DE PARADORES (ACP), es una organización sociocultural formada por profesionales de los fogones.
Fundada en 1989 por trabajadores de la empresa Paradores, su objetivo principal se basa en el trabajo por el fomento y el desarrollo de todas las actividades relacionadas con la gastronomía, teniendo como prioridad el impulso de las tradiciones culinarias, así como el de la innovación que aporta la cocina moderna. Para tal fin, unimos esfuerzos, profesionales, investigadores y todas aquellas personas que se identifican y trabajan con tesón para llevar adelante nuestra cultura culinaria, representante de los establecimientos de la empresa a la que pertenecemos.”…
Esta es la presentación que en su página web, que os invito a visitar (http://www.asociacioncocinerosdeparadores.com/?lg=Es) hace la Asociación de Cocineros de Paradores.
Entre sus actividades publican una revista: “Revista Digital ACP, Asociación de Cocineros de Paradores”, que pueden descargarse en formato PDF accediendo a la página web de la Asociación.

Pues bien, en el último número publicado, correspondiente al mes de febrero de 2015, han tenido la deferencia, el afecto, de dedicar un espacio a la publicación de un artículo mío, escrito especialmente para la revista, en el que trato de exponer, humildemente, mi sentimiento por los cocineros y cocineras de PARADORES desde que, muy pequeño, tuviera la suerte de poder acercarme a la Red pública hostelera.

Es imaginable la ilusión y el agradecimiento que siento porque tan fundamental profesión en Paradores, uno de sus más importantes pilares sin duda, me distinga con su cariño que puedo asegurar es ampliamente correspondido por mi parte.

Agradezco muy especialmente las palabras de presentación de su Vicepresidente, el excelente Jefe de Cocina Timoteo Gutiérrez; son estas:

“Hablar del amor a Paradores es hacerlo en la persona de Enrique Vales Villa, su vida, al igual que la mayoría de nosotros, está ligada a esta nuestra empresa, y nadie mejor que él ha vivido los avatares gastron6micos que se han ido sucediendo a troves de este tiempo. Es un texto precioso, cargado de cariño y afecto hacia una profesi6n y unas personas, la mayoría de las veces desconocidas, que cada día más, y gracias a gente como Enrique se nos respeta y se valora nuestro trabajo. Por lo tanto amigo Enrique, gracias por tu afecto y tu fidelidad con esta nuestra casa que también es la tuya. Sabes que en esta revista tienes a tu disposición un apartado para hablar de nuestra pasión, el amor a la cocina de tus vivencias seguro que aprenderemos”.

A continuación, y aunque aconsejo leer la Revista completa, para facilitaros la lectura del artículo, lo transcribo aquí, y dada la coincidencia en las fechas, aprovecho para deciros que precisamente hoy día 8 de marzo (día de la mujer trabajadora), y el 9 y 10 la Asociación de Cociner@s de Paradores celebrará su XXVI ASAMBLEA, esta vez en Mora de Toledo, y por vez primera vez fuera de un establecimiento de Paradores.

“¡DE PARADORES SEÑOR!... LA COCINA GENEROSA


Admiro profundamente la profesión de cocinero, de cocinera.

Seguramente ya desde aquellos finales de los años 50 en los que en el seno de mi humilde familia perseguía a mi madre para que me hiciera croquetas, (quizá el manjar que me lleve más directamente y más rápido a lo más profundo de mi ser). Mi madre, harta de trabajar pero condescendiente y cómplice con la humildad de la harina y la leche, y la generosidad y el talento de hacerlas a cualquier hora, de dejarlas, ya pasados los años encima del fogón, frías como las prefiero, para cuando llegara, tarde, adolescente, de ir conociendo la vida, o envueltas para el campamento de Getafe donde hacía la instrucción militar, o después… o siempre.

Quizá esos principios fueran definitivos para poder valorar, enamorarme, de esa disposición de albergar, de cocina siempre abierta, de comedor de familia que encontrara en Paradores hace más de cuarenta años.


Difícil encontrar una profesión más generosa que la de dejarse las pestañas en los fogones para algo tan perecedero pero tan imprescindible, tan de supervivencia y de disfrute a la vez. Para que los demás seamos felices en la mesa.  Admiro profundamente la profesión de cocinero, de cocinera. Y de no haber ido mi vida por otros derroteros, circunstanciales, hubiera podido ser una maravillosa profesión elegida.

No participo sin embargo de esta fiebre de última hora, casi en cualquier parte, de intentar convertir a cualquiera que se ponga delante de un fogón en una estrella al estilo hollywodense. De hacernos creer que cualquier cosa vale por aquello de que lleve delante un “by” de… Quizá porque mi concepto de la cocina, como escribía antes, nació totalmente alejado del esnobismo, del glamour y de lo mediático, quizá porque encuentre mucha trampa, mucho oropel, mucha ambición y por tanto poca generosidad, en esa cocina bajo las mentirosas luces de los focos, quizá porque piense que no tenga que ver nada con aquellas croquetas del Madrid de mi infancia.

Sin embargo en Paradores encontré pronto, en su esencia, la extensión de la cocina de mi casa. Un inmenso grupo entonces, de grandísimos profesionales que ponían a disposición de España, y de quienes quisieran venir a visitarlo lo mejor de la mesa del país, lo más cercano, lo mejor de cada tierra y con la más genuina puesta en escena  ¡Cocina de Paradores!

Lógicamente sabíamos, sabemos, que detrás de esas puertas mágicas oscilantes en cada Comedor de Paradores se hallan personas con nombres y apellidos, cuadrillas dirigidas por los más grandes cocineros, los más grandes formadores de la historia de la gastronomía española durante más de ochenta años; podría poner aquí unos cuantos como ejemplo, pero iría contra la esencia del artículo, contra la tremenda generosidad de todas estas personas que, históricamente, se han sentido orgullosas de hacer  ¡Cocina de Paradores!

Hace mucho tiempo que deseaba escribir este humilde artículo pero las circunstancias de la vida han colaborado a que lo fuera dejando. Esta madrugada, afectado por un gran resfriado, me he pasado la lista de cosas pendientes y en primer lugar estaba esta expresión, este agradecimiento que deseaba hacer a la generosidad de la cocina.

Quizá por ello, cuando me he medio dormido entre paracetamoles y codeínas, he tenido un sueño en el que juntaba el teatro, otra de mis grandes pasiones como la Cocina de Paradores, la cocina y el teatro que tan juntos están siempre, mise en scene, mise en plat…

En mi sueño veía a un alto mandatario, quizá un presidente o una presidenta (no lo distinguía bien, los presidentes en mis sueños siempre son confusos, y siempre muy alejados de los presidentes de mis sueños) de mi querida Red pública hostelera, que visitaba una espléndida cocina, toda repleta de profesionales de blanco inmaculado y verde en algún lugar, con esa “P” que amo desde niño en los gorros en las mangas, y les daba una vacua charla sobre las supuestas excelencias de la cocina de autor, con nombre y apellido. Ellos, ellas, con los brazos cruzados escruchana pacientes y al terminar le ofrecían un plato para que se deleitase con lo que contenía, el directivo, maravillado, relamiéndose (si es que los presidentes se relamen) exclamaba al finalizar: ¡Maravilloso! Y preguntaba ¿Quién es el autor?, y ellos, ellas, los cocineros de mi infancia, se miraban complices, y todos a una, respondían “!Es Paradores señor!”. Insistía, “ya pero ¿Quién es el autor?!, “¡Es Paradores señor!”.

Entonces el mandatario comenzaba una gira por preciosas cocinas en casas rodeadas de montañas, de mares, de bosques, de monumentos y siempre hacía la misma pregunta. “¿Quién es el autor?” Y todos, como en una asociación por la generosidad por la tradición, por la calidad, por la leyenda, por el esfuerzo, siempre respondían de igual manera “!Es Paradores, señor!”.

Entonces, a duras penas, comprendió que debía promocionar aquello, que tenía que fomentar, favorecer, reabrir comedores, escuelas de hostelería, cocinas en la mítica red pública española para que aquellas estrellas anónimas por voluntad, por generosidad, ya en la madurez de sus vidas, pasaran lo mejor de sus fogones a toda esa juventud de gorros menos almidonados, para que Paradores siguiera brillando con luz propia, con la luz generosa que le aportaban todos.

Y entonces inventó un logo “blindado” con el tejadillo (boca arriba) y la “P”, brillante, que pusieron sobre cada puerta batiente de cada Cocina en cada Comedor Restaurante de cada localidad; decía: “COCINA DE PARADORES! LAS ESTRELLAS ESTÁN TRABAJANDO”.

(Dedicado a todas aquellas personas que desde las coicnas de Paradores hayan hecho alguna vez algo para nuestra felicidad, para nuestra vida, para nuestro crecimiento… como las croquetas de mi madre)”


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