(Reedición)
“Puedes presumir ¡Ronda!
quintaesencia de lo hispano,
Pareces caída del
cielo.
Hay que quitarse el
sombrero,
hay que besarte la
mano”
(A.C.M. Hotelera…
criadora de hoteleros…)
“…Es tu casa, si
tu la conviertes, es tu casa, entonces el cariño que tú recibes lo das…”. “Sobre
todo cuando he tenido momentos trágicos en mi vida me he refugiado en los
Paradores… veo una familia en el director en los camareros…”
(Agustín Guzmán,
cliente de “Paradores”)
No soy aficionado a las series de
televisión, he seguido pocas durante mi vida y de una manera muy desleal, en la
actualidad casi ninguna. No me gusta correr el riesgo de dejarme enganchar,
humano y débil como soy, por la mediocridad; para engancharme como dios manda
ya tengo Paradores.
Sin embargo, los Reyes Magos
representados por Jesús, mi cónyuge, la noche del 5 de enero pasado en la
habitación número 320 del Parador de Tortosa, en compañía de mis amigos Ana y
José Luis, entre otras cosas me dejaron la primera temporada en DVD de la serie
española de tv “Gran Hotel”.
Como yo en ese momento no conocía ni
que hubiese existido la serie -no soy hombre que aplique la hipocresía al
disimulo, y me consideraba en familia- al parecer se me abrieron ojos como platos, y pregunté “¿Pero es que he sido
malo? ¿Qué es esto?”, y me puse a mirar una de mis fragancias favoritas, que también habían dejado.
Los Reyes Magos llegaron a Tortosa... |
Mientras Ana y José Luis reían, mi
pobre Jesús se esforzaba en decirme que los Reyes Magos sabían que a mí me
encantaban los Paradores y su gran familia; los profesionales que habían sabido
dirigir y atender grandes hoteles; Cantabria; el Palacio de la Magdalena de Santander; donde se rodaba la serie, y sobre todo mi gran actriz viva ¡una de mis últimas grandes! ¡la
Velasco! y que por ello, quizá… Entonces ya lo entendí, lo agradecí, y pensé
para mis adentros: ¡Veremos!
La verdad es que pasaron meses hasta
que Jesús y yo nos sentamos en casa a ver el regalo de Reyes, pero lo hicimos
rápido, casi de un tirón, y ya, cuando terminó, le encargué que les dijera a los
Magos que no me trajeran, por favor, la segunda temporada. Y no porque no me
pareciese que estaba bien rodada, dirigida, coreografiada, etc., sino porque no
me compensaba dedicarle todo ese tiempo, esa oscuridad, para saber cosas que
por mi edad y rodaje ya conozco y que, generalmente, en la realidad aún son
peores y llegan más lejos, crímenes aparte.
¡Cómo no voy a saber ya que el mundo
de la hostelería estará plagado de “doñas teresas” como en la serie, malvadas,
retorcidas, intrincadas y torticeras con el personal y con todo bicho viviente
¡Dios nos libre de ellas! O gobernado por “doñas ángelas” conspiradoras,
celestinas, casamenteras, amiguistas, que son capaces de cualquier cosa con la
plantilla y con los huéspedes para conseguir sus fines!; o de hijas enchufadas,
casi bobas, que no saben hacer casi de nada, pero que en la vida real no suelen
enamorarse precisamente del camarero bueno; o de trepas desalmados que por
llegar a cualquier puesto bien remunerado y poderoso son capaces de ventilarse
a cualquier desahogada o desahogado lametraseros de la plantilla, casarse con
la hija o el hijo de quien más mande, etc.
Para eso, con toda sinceridad,
prefiero pasear de verdad el Palacio de la Magdalena, con su luz natural, y no
convertido por arte de la tramoya en un supuesto gran hotel.
Soy bastante perceptivo de natura, me
lo han dicho muchas veces quienes me conocen, ¡una fatalidad sinceramente serlo
para los tiempos que corren!, y cuando vi entregar la placa a D. Antonio, y la
forma en que le abrazaba,
le trataba, un hombre alto y elegante, que no conocía, quise saber quién era, y
no tardaron mucho en decirme que era Gonzalo Fernández Corrales, que dirigía en
ese momento, tan triste, el gran hotel que iba a ser derruido a partir de esa
noche. No sé cómo explicarlo, pero percibí nobleza, bondad, amor, respeto en
aquella forma de abrazar y entregar lo que, en definitiva, iba a ser un cadáver
con la luz del alba, y decidí averiguar un poco más sobre su trayectoria profesional.
Encontré todo un historial de
formación hostelera envidiable, bueno me ha salido una fea palabra, de esas que
no me gustan, de las que usaban en la serie que contaba antes, para justificar
persecuciones y hasta muertes, encontré todo un historial de formación hostelera
admirable, esta otra me gusta más y no suele traer tan malas repercusiones.
![]() |
Equipo del Parador de Ronda, y Presidenta |
Pero sobre todo, me llamó la atención
está semblanza que, de alguna forma, si no hubiese conocido después a Gonzalo,
podría parecerme hasta “de diseño” de este tipo de actuaciones mediáticas tan en boga, pero que, después de
contar con su amistad franca, ya sabe uno que es un “curriculum vitae de amoris
causa” verdadero y coherente. Decía:
“Soy
un hotelero de vocación nata; hoy en día, tras veinte años de experiencia (es
un documento antiguo) me hallo en lo
mejor de mi Carrera. Nací en Córdoba, en el hotel “El Gran Capitán” (Gonzalo
Fernández de Córdoba) de ahí que me llame Gonzalo. Desde mi niñez la industria
hotelera ha sido el foco de atención en mi desarrollo personal y profesional.
Durante más de 30 años mi padre (condecorado por SM el Rey con la medalla al
Mérito Turístico) ha sido Director de Hotel, en diferentes países. Todo aspecto
de mi espíritu profesional viene del entorno familiar, como consecuencia de la
experiencia acumulada en la Profesión, en cuatro Continentes, incluyendo
fluidez en varias lenguas, disciplina, auto motivación, dotes comerciales,
orientación por objetivos, conducta moral y compromiso con la satisfacción
general….”.
El día en que le conocí pude saber que
su madre no solo había traído al mundo a un excelente hostelero, sino que en su
familia casi no se podía ser otra cosa que buenos hosteleros, y que,
probablemente porque “Todo aspecto de mi
espíritu profesional viene del entorno familiar”, el había sabido construir
por donde había pasado entornos profesionales y familiares, como en el Parador de Ronda.
Problemas familiares me llevaron dos
veces a anular mi reserva en el Parador de Ronda, y otro tipo de problemas
hicieron que el pasado día 14 de este mes de agosto, cuando por fin llegamos al
Parador, no estuviese Gonzalo. Pero yo suelo ser muy constante para casi todo, y más si
tiene que ver con Paradores, con mis pasiones, mis inquietudes, y con las buena gente. Y
así pude compartir una noche inolvidable de tapas, helados, y muchas horas de conversación
con él, con Virginia, su entrañable compañera en la vida, y con Jesús.
El teatro, la música, la hostelería,
los principios, el esfuerzo, la familia, la coherencia, la bonhomía… son temas
de los que me gusta mucho hablar y escuchar, y si es de Paradores, ¡no digamos!
Fue una noche inolvidable, plena de Historia y de historias.
Parador de Ronda tras la Reja de su Puente |
Por ello, cuando horas más tarde
me inscribía en el Parador de Ronda, también me encajó lo que percibía. No sé
si os pasa a vosotros, pero a mí, cuando llego a un Parador, me sucede como
cuando se sube el telón de uno de mis queridos teatros, que nada más salir los
actores, las actrices a escena, ya sé si hay buen rollo o no, como se dice
ahora, buen ambiente, si hay equipo, y en el Parador de Ronda encontré, como no
podía ser de otra forma, un espléndido equipo unido, relajado, y entregados a
su labor -naturalmente en todos los órdenes y ámbitos de la vida, existirá algún pájaro
de mal agüero-.
Como se daba, además, la circunstancia
de que dentro de que los siento como mi familia, ahí, en Ronda, existen
personas unidas familiarmente con otras que aprecio profundamente, y otras a
las que admiraba a través de sus platos (de
esto hablaremos otro día), y que ahora ya lo hago por más cosas, nuestra estancia en el Parador de Ronda fue la
consecuencia lógica de un gran hotel de los de verdad, hotel dirigido por una
excelente persona, acompañada de un gran equipo.
Ahora bien, si se trata de la Terraza-Restaurante,
luchando entre a qué atender más, si al atardecer tras el templete, o a las
joyas gastronómicas que los Moya Bolancel, Serrano , que te tenido el pacer de conocer, y el resto de equipo de cocina que no he conocido, ponen en los platos, o de disfrutar de las
terrazas de los dos pisos de la habitación (por cierto, ¿a las camareras y
personal de pisos que tienen que lidiar, nunca mejor dicho, con estas
habitaciones dúplex les pagarán más?), el Parador de Ronda es un paraíso.
Terraza-Restaurante del Parador de Ronda con su magnífico Equipo de Cocina |

Por ello, además de disfrutarlo este
verano, decidimos, siguiendo unsabio consejo, que volveremos en noviembre para
que Ronda nos resulte más romántica con minúscula, que Romántica con mayúsculas ya la
han hecho muy bien las autoridades rondeñas y el director del Parador, entre otros. Así que
esta serie no ha terminado todavía.

Y por ello, si me permitís, este
artículo deseo dedicárselo con cariño al Director del Parador de Ronda, Gonzalo
Fernández Corrales, y a su magnífico y familiar, equipo. También a Virginia
que forma equipo con él en la vida.
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