LA GRAN FAMILIA

LA GRAN FAMILIA

lunes, 18 de marzo de 2013

EL PARADOR DE CÓRDOBA "LA ARRUZAFA" ¡UN PARADOR DE ALTURA!



“Oh excelso muro, oh torres coronadas
de honor, de majestad, de gallardía!
¡Oh gran rio, gran rey de Andalucía,
de arenas nobles, ya que no doradas!...”
(Luis de Góngora (Córdoba 1561 1627)

Córdoba desde la terraza de nuestra habitación
Había ido varias veces a Córdoba a lo largo de mi vida; había estado hace muchos años en la bonita boda de una amiga que integró uno de los grupos de teatro “amateur” a los que pertenecí, que además de buena actriz era muy organizada, y ella se encargó de decidir y reservar el hotel en el que tendría que alojarme, bonito, pero no era el Parador porque, decía ella, entonces, que quedaba muy lejos.
Había vuelto otras veces, desde que el AVE llegó a Córdoba, esta inolvidable ciudad-escenario por su belleza se convirtió para los madrileños en una excursioncita larga, pero los programas que incluían, también entonces, tren+hotel no parecían reparar en el impresionante Parador de  LaArruzafa. Ante mis preguntas siempre obtenía la misma respuesta, que estaba lejos del centro, que Córdoba tenía una buena oferta hotelera y contaba con hoteles buenos, etc. Y yo iba una y otra vez a Córdoba, y lo veía siempre ahí en las alturas, con su moruno color, envuelto en una inmensa mancha verde y naranja, y por la noche con un haz de luz añadido que lo hacía aún más deseable para mí, pero nunca llegaba al Parador de Córdoba, como nunca quise acercarme solo a su cafetería, incluso a su comedor, pues pensaba que el día que por fin atravesara su puerta, tendría que ser para vivir en el.
 

Lo que no imaginaba, el destino ya se sabe, es inescrutable y a menudo caprichoso, era que el día que vería Córdoba desde la altura de la Red hostelera más importante de España, y la más singular en el mundo,  llegaría al hotel más hermoso que he visto en Córdoba entre naranjos amor y amistad, para pasar en el la última Nochebuena de mi vida hasta ahora. Y que el Parador de la Arruzafa no estaba lejos de nada; estaba por encima de todo, y que por eso ningún otro en esa hermosa ciudad puede mostrar lo que se muestra en el, y ofrecer lo que en el se ofrece, lo que jamás ha podido, ni podrá ofrecer, ninguna otra Red hostelera que no sea PARADORES.
El Parador de Córdoba es entrar de golpe y aroma en ese mundo que adoro tanto como a la Red pública: Al-Ándalus.
El origen del Parador radica en la finca Al Rusafa, donde la historia relata que Abderramán I, que había nacido el año 731 en Dayr Hanina, próximo a Damasco (Siria), y que se proclamó emir de Córdoba el año 756, en su Mezquita, tras haber conquistado la ciudad, inició la construcción del Palacio de Al Rusafa, y ordenó traer una palmera que plantó en el jardín, dedicándole un poema en el que comparaba la ubicación de la palmera con su propia vida, ya que ambos eran extranjeros en esa tierra. Varios poemas más inmortalizaron esta residencia.
Siglos después, en el mismo emplazamiento se construyó el Convento de San Francisco de la Arruzafa (que según algunas fuentes, el pueblo de Córdoba conocía como de San Diego). El Convento funcionó como tal hasta la desamortización de 1836, y pasadas unas décadas fue adquirido por Juan Rizzi para la construcción de una fonda.
Parte de la gran familia de PARADORES, los que los hacen posibles
Ya en la década de nuestros años 40 la Sociedad Carbonell, que ya era propietaria de la finca, la vendió a las familias Montijano-Carbonell, Fresneda-Carbonell, y al Sindicato de Iniciativas y Turismo de Córdoba, para la construcción de un Parador Nacional de Turismo. Y la propia familia Carbonell la vendió a la ciudad por un precio simbólico para la construcción del Parador, refrendando posteriormente la cesión totalmente gratuita de la propiedad de la finca a la sociedad estatal encargada de la construcción de Paradores Nacionales de Turismo, quienes encargarían al arquitecto Manuel Sainz de Vicuña García-Prieto el diseño del Parador, que abriría, si no me equicoco, en el año 1960.
Por tanto, y dicho de paso, el edifico en la actualidad pertenece al Patrimonio Inmueble de Andalucía, como tantos otros pertenecen al patrimonio de otros lugares de nuestra geografía, y que, de la misma forma, fueron cedidos con la condición de que albergasen Paradores. Cuestión insalvable, afortunadamente, que sería muy útil y deseable que se aprendieran nada más llegar los ministros y ministras del Ramo, así como las presidentas y presidentes de PARADORES, para que, en lo posible, se abstuvieran de amargarnos las Navidades y la vida a los que amamos, o viven humildemente de su trabajo en esta histórica, incomparable e irrepetible red pública hostelera, que no parece ser muy entendida por sus altas Direcciones, aunque sí muy codiciada.
Distinto es que se devanen los sesos buscando triquiñuelas privatizadoras de gestiones, que si en algo deberían tocar, es para mejorarlas, optimizarlas, pero no enajenarlas con trucos "colaboracionistas público-privados" (que tan nefasto resultado están dando al país en otros ámbitos) ni sacar beneficios propios totalmente ajenos al patrimonio, y al respeto, de la ciudadanía. Esperemos, y luchemos, porque no lo consigan.
Pero volvamos a los que amamos PARADORES y dejemos por ahora a quienes deseen destrozarlos.
Durante el ascenso al Parador de Córdoba ya puede ser uno consciente una vez  más del peso de los mitos, los prejuicios, los tópicos que, desafortunadamente, tanto daño pueden hacer en la vida; es uno consciente de que el Parador ni está lejos ni no, sino que para poder contar con el paraíso inigualable que le rodea, con ese microclima que le pertenece, con esa explosión de naranjos vigilados por las palmeras que trajo Abderramán I, ya hemos dicho, las primeras de Europa, y con la mejor vista sobre la ciudad de los Califas que pueda existir, no podría estar en otro lugar que en la falda de la sierra cordobesa. Situación que, lógicamente, debe ser tan envidiada por otras cadenas hoteleras.
Además ¿lejos para quién? Pues supongo que no será igual el concepto lejos para los que como yo hayan nacido en ciudades inmensas, y deban recorer a diario buena parte de su extensión, que para otras personas que hayan nacido y vivido gran parte de su vida en localidades mucho más pequeñas.
Recepción y Salón de Entrada del Parador de Córdoba "La Arruzafa"
Lo que sí queda claro y notorio nada más atravesar su puerta de entrada es que estamos ante uno de esos grandes hoteles, impresionantes, elegantes, señoriales… y en este caso arabizantes, como podría ser el Alhambra Palace en Granada, u otros que tanto he disfrutado por mi apego a la cultura andalusí. Grandes hoteles que han marcado una época en nuestro país y en las grandes ciudades europeas, por los que han discurrido una parte muy importante de su cosmopolitismo.
El “hall” y el salón de entrada del Parador de la Arruzafa son, sencillamente, impresionantes, tanto como luego descubrimos que lo serán numerosos rincones del Parador.
Pero además de estar en un gran hotel, estamos, queda dicho ya, en PARADORES, y eso significa que desde que nos acercamos al mostrador de Recepción comienza a estar uno en familia, acogido por la mayor y más impresionante Red pública hotelera; significa que la mano de Juan,por ejemplo, su mirada de empatía, de afecto podría decir, ya está repartiendo acogimiento, amabilidad, calidad y leyenda, aún en las circunstancias tan zafias y desfavorables en las que la Dirección de la  Red tenía a su personal justo en tan señaladas fechas.
Hombres de PARADORES, la simbiosis que los sustentan desde siempre; trabajadores y clientes
Me gustaría hacer un aparte en este momento del artículo, desde luego totalmente apartado de la conducta de quienes nos recibían y de cualquier otro miembro de cuantos Paradores he visitado en esas condiciones, para alabar la profesional discreción, que no la falta de valentía, para afrontar la perplejidad, en mi caso la indignación, no hacia ellos claro está, por la trágica y deleznable situación que a trabajadores, clientes e institución, nos estaban, y siguen, haciendo pasar la nueva Dirección de la Red.
No era necesario tampoco, en absoluto, ese atentado a la democracia, a la libertad de expresión del personal, como me consta que ha sucedido y está sucediendo, por parte de la dirección de la cadena, estableciendo normas, desde mi punto de vista represoras y más dignas de otros regímenes, para reprimir la conducta o intervenciones de los trabajadores en la redes sociales, etc.
Eso es tanto como no conocerlos, que claro está no conocen. Las mujeres y los hombres de Paradores tienen, en no poca parte desde la cuna, un sentimiento de pertenencia, de amor a la Casa y su historia, que, muy al contrario de intentar perjudicarla o difamarla, la protegen a ultranza, sin que les sea posible no quererla. Opino que así les ha pasado lo que les han hecho, utilizando su "corazón de Paradores". Es difícil entender esta situación de “tente mientras cobro” a la que nos están sometiendo quienes la regentan en la actualidad. Es más, pienso que si no fuera por ese sentimiento de pertenencia, esa implicación, por el corazón que ponen en el trabajo la inmesa mayoría de sus trabajdores y trabajadoras, a la Red en este momento, con la dirección que tiene, le iría muchísimo peor.
Pero volvamos a la luz, volvamos al hall del Parador de Córdoba recibidos por Juan, como lo podríamos haber estado por Manuel, por Pilar… por cualquier buen profesional miembro de esa gran familia.
Detalle de la habitación del Parador de Córdoba
Una vez pasado el espectáculo del encuentro con la habitación y con Córdoba desde ella, para el que una vez más os pido que miréis las fotos y videos, pues cualquier cosa que yo pueda escribir va a quedar más empalidecida que esa visita virtual que hago para vosotros (bueno sí que deseo señalar algo que dado mis propios gustos, y que nunca antes había visto así en la habitación de un Parador, me hizo la estancia aún más feliz: y fue ese acogedor vestidor con puerta y dos lados, y espejo, en el que me sentí niño otra vez. Vinieron a mi cabeza las veces que me refugiaba en algo parecido en mi casa de origen, mucho más humilde que el Parador en todos los sentidos, cuando me enfadaba, cuando hurtaba a mi madre el chocolate en exceso que no quería que tomara, cuando me quería sentir solo y protegido. Tanto es así -como sabéis no me corto mucho en contar mis sentimientos-, que le dije a Jesús que me iba a sentar un ratito en el vestidor, cerrado, sentado en la banqueta del cuarto de baño. Jesús, después de 19 años juntos, ante estas situaciones no pregunta solo sonríe, o ríe, depende del caso. Y esta vez, cuando salí de mi agridulce y voluntario encierro, sentados en la terraza, ya al aire y el olor de los jardines árabes, tuve algo más que contarle ¡Parece imposible, después de 19 años!).
Al fondo la Mezquita
Una vez pasado el encuentro con la habitación decía antes, bajamos a la cafetería, al encuentro de las croquetas y otras cosas ricas más, con una impresionante cerámica verde rodeando la barra que me dejó anonadado; a mirar el comedor para la noche siguiente, que sería Nochebuena… y apenas nos habíamos sentado cuando llegó a saludarnos una de esas personas que más que ser de Paradores, son PARADORES en sí mismas desde hace muchos años, por su forma de desempeñar la profesión, por lo que saben, por lo que callan, por lo que valen… Estuvimos un buen rato hablando con Manuel Merino, Jefe de Comedor de La Arruzafa, que me llevó al mismo restaurante en el que nos recibiría con su equipo al día siguiente. Cuando “Manolo”, como le dicen sus compañeros, y si el me lo permite, digo yo aquí, se marchó, la sensación que ya teníamos antes de que el Parador de Córdoba era nuestra casa, fue aún mayor.
El paseo nocturno por los jardines me llevó también a mi querida Granada sin dejar de estar en Córdoba, es gran parte de lo que tiene la cultura Al Ándalus, que han dejado España sembrada de lo que amo ¡Una gran suerte no cabe duda!
Si habitualmente me es imposible, es más creo que me debe ser, comer o cenar en un Parador, ser atendido por alguien de su plantilla, sin preguntarle cual es, si la ha habido, su ruta por la Red (espero que eso no lo prohíban desde la cúpula…) en la noche de Nochebuena, donde los sentimiento están más a flor de piel, en las que, en las cuatro ocasiones (Alarcón, Plasencia, Nerja y Córdoba) que he cenado en un restaurante de Paradores, a pesar de ser los primeros en entrar al comedor y en irnos siempre he tenido la sensación de estar arrebatando a las camareras, los camareros, al personal de cocina, el tiempo de estar con su familia, lo que me apetecería es que se sentaran todos con nosotros. Cuando yo digo que son mi familia, no es de pacotilla, lo digo porque lo siento, y por tanto esa noche su sitio estaría más sentados a mi mesa que de pie sirviéndola.
Embutidos de entrada en nuestra Cena de Nochebuna 2012
Pero bueno, como soy cliente, y no me pueden reprimir tanto como a ellos los de la moqueta central, no paro de requerirlos para que me acompañen un poco más esa noche. Y así conocimos, además de a Manuel con quien ya habíamos departido el día anterior, a las dos Margaritas, a Franceska, a dos compañeros más de los que, desafortunadamente, no recuerdo el nombre, pero de quienes me resulta igual de imborrable su compañía. Y sonrieron mucho, como solo saben hacer en Paradores, y lloramos un poco por dentro (en la habitación también por fuera yo) porque cuando uno pone cara, vida, historias, enfermedades, etc. a quienes llevan tantos años sonriendo con la procesión por dentro y poco sueldo por fuera, y de repente les cae un ERE, una injusticia, un revés, y encima es Nocehebuena, y además  lo ve uno desde la perspectiva de su trabajo entre quienes  promocionan los ERE y las privatizaciones "colaboradoras", solo hay dos cosas que se me ocurre hacer: luchar y llorar, me da igual el orden, o al mismo tiempo.
No deseo profundizar más en este asunto (sobre el escribí un artículo de título “Amarga Navidad; imperdonable año… en Paradores también”) pues no conozco mal el percal de las personas que propugnan estas adversidades, y que a pesar de ellas siguen cobrando muchos euros al mes, que no les tocan, y que siguen viviendo muy bien y lo van a seguir haciendo pase lo que pase, y no quería personalizar más en afectados, pues, por sus obras considero a esos “poderosos transeúntes de moquetas” capaces de cualquier cosa, mala.
Mirando desde una de mis más queridas perspectivas
Buena, muy buena y bien servida fue la cena de Nochebuena. Pero es que si antes hablaba de Manuel Merino y su equipo, el Jefe de Cocina del Parador de Córdoba "La Arruzafa" es Timoteo Gutiérrez Rodríguez, nacido unos pocos años después que yo, en Oropesa (Toledo) tierra de Paradores, Red a la que se unió en 1975, precisamente en esa cocina, de la que durante muchos años fue su segundo jefe, también estuvo en mi querido Parador “Raimundo de Borgoña” en Ávila, creo… Harían falta muchos artículos de la extensión de este para hacer una semblanza aproximada de lo que Timoteo representa en la gastronomía de Paradores, y por tanto en la española. De sus publicaciones, sus intervenciones en los medios, etc. Seguid sus platos, su sabiduría, que es lo mejor que se puede hacer con un espléndido profesional.
He querido dejar pasar bastante tiempo desde aquella noche de Nochebuena para escribir este artículo, y quizá con un poco de cobardía, no he vuelto a interesarme por como quedó cada cual después del “turrón” que nos han dado desde la excalle Requena. Saber si alguien pudo acogerse o no a esas situaciones que he ido leyendo y que me han quitado el sueño noche a noche, o si no les ha acogido nada ni nadie. Si alguien lo sabe y me lo quiere decir, ya sabéis dónde y cómo me tenéis: Agradecido y enamorado siempre de vuestra profesión, historia y trato.
Quede claro pues por qué el Parador de Córdoba tenía que estar donde está, y tiene que seguir siempre en el mismo sitio, público y de  PARADORES, porque es un Parador de altura, de la mayor altura en todos los sentidos.

(Dedicado a todo el equipo del Parador de Córdoba, y a  cuantos trabajadoras y trabajadores en "Paradores" hayan sido víctimas del ERE y la mala gestión).
                                       
(El piano en “Torre Bermeja” de Ábeniz, es tocado por el insigne pianista Esteban Sánchez )










domingo, 17 de febrero de 2013

DE LOS ALAMOS VENGO… A LOS ALAMOS VUELVO; EN EL PARADOR DE SORIA

(Reedición)


“De los álamos vengo madre,
De ver como los menea el aire…”
(Juan Vásquez (c.1510 - desp.1560)

Soria desde la habitación del Parador
Para quienes hayáis tenido la voluntad y el afecto de leer estos artículos que voy publicando en el blog, e incluso alguno de alguno de los que escribí para “Paradores Activo”, ya será bien sabida mi pasión por PARADORES. Pero no suelen alimentarse los hombres o las mujeres, de una sola pasión, yo creo que no deben, yo no lo he hecho y aún hoy no lo hago.
Un poco después, o casi al mismo tiempo, que se despertara en mí, de niño, la pasión por ese conjunto de Casas preciosas que componen la Red pública de Paradores, en la forma que contaba en “Mi primera vez”, nació otra que también ha llenado mis días hasta el mismo en que escribo esto.
Fue una tarde, al volver del colegio cuando en la radio que mis padres tenían en su humilde comedor madrileño, sobre una nevera de aquellas a las que había que ponerles hielo todos los días, escuché una voz cantando algo que me dejó parado, atónito, prendido. A mí, hasta ese momento el canto no me había interesado. Pero en esa voz oí todo lo que ya amaba de mi tierra cuando aún no lo sabía; oí una alegría de vivir que era la que yo quería tener toda mi vida, oí muchas cosas. Hoy sé que, inconcebiblemente, oí en aquella la voz, mi voz propia. Cantaba algo que mucho después sabría que era La Canción de Paloma de El “Barberillo de Lavapiés” de Barbieri.

Pasaron años sin que volviese a saber nada de la voz, pero sin que la olvidara nunca. Un día, ya con algo más de madurez, volví a escucharla, y ya jamás dejé de seguirla. Supe entonces que pertenecía a una importantísima cantante madrileña que no cantaba en Madrid. Supe que existían personas de nuestra tierra que viajaban a otros países sólo para escucharla y para ver como ponía de pie a los públicos más exigentes de los teatros más importantes del mundo. Supe que la cantante se llamaba TeresaBerganza. Y que era un lujo que la España de aquella época no sabía digerir.
Sabía también que seguir a Teresa Berganza por el mundo, era otro lujo que no me podía permitir yo. Y por ello siempre he sabido, igualmente, que me he perdido lo mejor de la carrera de quien para mí y para muchos otros es la mejor mezzosoprano del mundo.
Generé entonces unas antenas naturales, que hacían que me enterase de cualquier intervención artística que Teresa tuviera en España con el tiempo suficiente para conseguir lo que fuera necesario para poder estar escuchándola donde fuera. Y después, acercarme a sus camerinos sólo para verla desde lejos.
Impresionante el Restaurante Comedor del Parador de Soria
No recuerdo cómo, un día, me hice con su dirección de Apartado de Correos, y así, después de cada actuación le enviaba cartas
Le escribía cosas insólitas. Recuerdo que una vez, como no se me ocurría cosa mejor para decirle que para mí era la reina, hice un recortable con una foto del Palacio Real de Madrid, y la puse a ella pegada, asomada a una  de sus ventanas; le escribí la carta por detrás, y se la mandé. ¡Cuando uno es muy joven se atreve a todo!
Según me iba haciendo mayor, me acercaba un poco más a ella en los camerinos de todo el país. Hasta que una noche, en una de mis excursiones "berganzistas", los ojos de dios, la voz de la radio de mi infancia, viéndome prácticamente sepultado por una turbamulta de fans, me llamó y, como no conocía mi nombre, me llamó “petit blonde”, pues yo antes era casi tan pequeño como ahora, tenía mucho pelo, y era muy rubio.
En aquellos minutos de gloria, que se repitieron recital tras recital, balbuceante y tartamudo quería explicarle lo que su arte significaba para mí; todos los discos que tenía de su voz; que era capaz de lo que fuera por uno nuevo; etc. Hasta que me di cuenta de que lo mejor era que hablase ella. Y así me fui enterando del por qué de aquel estremecimiento al oírla cantar por primera vez en la radio hacía ya muchos años. Encontramos similitudes en nuestro perfil, como se dice ahora, y nació entre los dos una amistad noble y leal que atesoro hoy entre mis bienes más preciados.
No ha existido persona a mi alrededor a la que en un momento u otro de su vida, no le haya regalado una grabación de Teresa Berganza. Así como otros llevan pasteles a las casas cuando les invitan a comer, yo llevo discos de Teresa. La mañana de 1995 que viajé a Tudela para conocer a quien hoy es mi cónyuge, lo primero que metí en la maleta fue el maravilloso disco de arias de Haydn que Teresa grabó en 1983, para, independientemente de que me gustase o no la persona que iba a conocer, colocarle el disco. Ahora, además de la pasión por Paradores, Jesús comparte conmigo toda la discografía y la amistad y el afecto de Teresa.  
Necesitaría horas para poder reflejar la Pasión que Teresa Berganza y su voz, han supuesto, suponen, en mi vida, cómo he llegado a cantar yo mismo en función de aquella voz de “El Barberillo…”, etc. pero debo llegar a Soria.
El jueves 26 de septiembre de 1996 era un día importantísimo para Teresa y para mí. Ella cantaba a las 20,30 en el Palacio de la Audiencia, dentro del “Otoño Musical Soriano”. Peso ya lo había hecho antes, y alojarse en el Parador también, claro. Lo excepcional es que ese día presentaba al público, cantaba a dúo con ella, a su hija, y también del insigne pianista recientemente fallecido Félix Lavilla, Cecilia Lavilla Berganza, y se sentía Teresa muy responsable como artista y como madre.


Para mí era importante el día por lo mismo, y porque desde Tudela llegaba a Soria, para reunirse conmigo, que iba desde Madrid, quien hoy es mi cónyuge e iba a ver por primera vez a Teresa Berganza en carne y hueso. Así pues yo iba a Soria para ver a Teresa, para que Teresa viese a Jesús (su mirada sobre el me inquietaba, pues su instinto suele ser infalible), para ver a Cecilia por primera vez en el escenario… ¡Y para conocer el Parador de los álamos de Machado!
El recital fue espléndido, el éxito grande, Teresa traslucía su aprobación por su hija... y por Jesús, conocí a una parte de la familia Lavilla que hasta entonces no había visto, fue,  en general, un día pleno, de esos que no se olvidan jamás, y al volver al Parador me fallaban las fuerzas de emoción y de cansancio, y la noche todavía se alargaría más, felizmente.
Cuando salí al balcón-corredor intuía más que ver los álamos de la orilla del Duero, los álamos que hasta entonces eran para mi más de Teresa que de Machado, pues me era imposible oír la palabra álamo sin que me viniese a la mente la canción con música de Rodrigo “De los álamos vengo” en la voz irrepetible de Teresa Berganza. Pero esa noche se añadió a la canción un sonido de viento sereno allá abajo y un aroma que ya nunca he olvidado.
A la mañana siguiente teníamos que salir para Madrid muy pronto. El cuarto de baño no tenía ventana y me llevé la ropa al corredor para ver los álamos y el río mientras me vestía y pensaba en volver ¡ya!, en un par de semanas, lo antes posible, para poder disfrutar de ese inmenso espectáculo desde el altozano que alberga el también irrepetible Paradorde Soria… Sin embargo he tardado 16 años en hacerlo.
La premura de aquella primera vez soriana y las remodelaciones en la arquitectura y la decoración del Parador, hacían que el pasado mes de diciembre, cuando volví, me pareciese por vez primera. Fuimos recibidos con la cordialidad, el afecto diría mejor, que es indisociable de PARADORES, y constante de en mi ruta. Había pedido que, si era posible, la habitación tuviese la vista que recordaba de 16 años antes… ¡Pero cuando entramos en ella se produjo el shock; una cosa son las vistas y otra sin dejar de serlo, era lo que veía, bueno mejor dicho, lo que no abarcaba a ver ¡era como si estuvieran expuestos para mí todos los álamos y el Duero que no pude disfrutar serenamente la otra vez!
La espaciosa habitación hacía esquina, en su pared izquierda había un mirador-salita espléndido, como para quedarse a vivir en el una vida, desde el que se veía Soria, San Juan de Duero, San Pedro… Todo el frontal de la habitación era una inmensa cristalera desde el techo al suelo llena de naturaleza, Soria, de álamos, de Duero, de luz, de Machado. Me vino a la cabeza una de las seis canciones castellanas de Guridi “Mañanita de San Juan”, no sé bien por qué, quizá porque la de los álamos no duraba tanto como lo que se tardaba en dominar la espectacular panorámica soriana.
A Jesús le gusta mucho descubrir pronto como son los cuartos de baño de nuestras habitaciones en Paradores; me dijo “esta vez no vas a tener que salir del baño para vestirte…”. Solo lo entendí cuando entré en el, esta vez no es que el cuarto de baño tuviera ventana, es que todo el era una ventana a Soria. Una de sus paredes, entera, estaba abierta a los álamos y al rio.
Soria, el Duero, los álamos... desde la habitación del Paardor
Y el eterno dilema, dejar la habitación para ver todas esas otras cosas que tanto amo, y que tampoco quiero perderme, para ver el resto del Parador, el Valle del Duero desde abajo…
Todo fue material glorioso para el recuerdo, que iré tratando de compartir en más ocasiones, Soria, el Valle, los álamos, los inolvidables desayunos de Paradores mirando hacia ellos, el espléndido y apropiadísimo Menú Micológico del Parador, el sinfín de detalles y atenciones de la gran familia de trabajadores en cualquier lugar del mismo, en la recepción, en el comedor, en la planta, dentro, fuera…
Parece imposible que una plantilla en un lugar como este, con el Duero y los álamos como protagonistas, con Machado flotando sobre cualquier estancia del Parador, con la voz de Teresa Berganza como banda sonora interior que yo aportaba, pueda estar a la altura de las circunstancias, pero lo están, y no pocas veces las mejoran, incluso en momentos tan desfavorables como los que estábamos viviendo por aquellas fechas, porque son la gran familia de Paradores cuidando a su empresa, a su Casa, la de sus mayores, la de toda la vida, dispensando como pueden amabilidad y calidad, luchando por conservar la leyenda. Y todos ellos en ese momento estaban representados por Llanos, Sabrina, Jesús, José Alberto, Juan y otras personas más de las que, desafortunadamente, no se sus nombres, y todos entonaban y respetaban cuanto se veía dentro y fuera del espléndido Parador de Soria “Antonio Machado”.
"Boquerones crujientes, raff, albahaca y angulas de monte"
Cada vez que entraba en la habitación o en el restaurante comedor pensaba, y decía, lo mismo: que quien no haya vivido le Parador de Soria no conoce en su plenitud lo que supone el concepto de Paradores. Y me decía Jesús que eso mismo había dicho en otros muchos. Y es que es así, quizá sea ese el verdadero concepto Paradores, que cada uno aporta algo distinto, impresionante, irrepetible, imborrable, y que la plenitud no llegue hasta que no quede ni uno por vivir. Quizá por eso me desviva tanto cuando siento, leo, escucho, amenaza de cierres, enajenaciones o privatizaciones de la gestión ¡Eso sí es el anti concepto de Paradores!
Cuando llegó la amarga hora de las despedidas pensé que esta vez ya no me podía permitir dieciséis años para volver, por varios motivos severos, pero sobre todo porque en esta ocasión había vivido el Parador, había conocido y tratado a su gente, había percibido sus inquietudes, sus preocupaciones, desvelos, y me dejaba ahí mucho más que la primera vez.
¡Menos mal que a diferencia de 1996 existen hoy  las redes sociales enEspaña, y podemos seguir en contacto, como lo estoy en este mismo momento, hasta que vuelva a ver los álamos y a oír a Teresa Berganza en el Parador de Soria.

“Mañanita de San Juan,
levántate tempranito
y en la ventana verás
de hierbabuena un poquito…”

(A Teresa, a la gran familia del Parador de Soria, a Cecilia y a Jesús  con cariño a todos)

(El piano en “Mañanita de San Juan” es tocado por el insigne músico  Felix Lavilla)
(El video “De los álamos vengo” no es de buena calidad técnica, pero al no existir otro y dada su categoría histórica y artística, lo incluyo)


domingo, 10 de febrero de 2013

EL PARADOR DE TORTOSA, UN PARADOR DE REYES… MAGOS


Terraza de mi habitación en el Parador de Tortosa (Tarragona)

Siempre he creído en los Reyes Magos ¡quien no!
Este año tenía decidido esperar en una de las habitaciones de mi querida Red Pública de Paradores de Turismo de España a que llegaran, y la verdad es que estuve temblando de dudas y nervios hasta la noche del 5 de enero. Pero no como cuando era niño, adolescente, o incluso joven, no.
Esta vez temblaba de otra manera, con otras dudas porque la vida ya me ha mostrado, desafortunadamente, que existen personas en España con más poder que los Reyes Magos de Oriente ¡quien me lo pudo decir en otro tiempo! que si se empeñan, consiguen que los Magos no lleguen a muchos lugares, a muchos niños, a muchas personas necesitadas, e incluso, que no lleguen a PARADORES.
Entre estas poderosas personas se encuentra la actual presidenta de Paradores y la alta dirección, los altos cargos de la red, que estas navidades nos han tenido a trabajadores y clientes en un sinvivir, en un sindiós y en un gran disgusto. Que ordenaron que no pudiésemos festejar el fin de año y tomar jjuntos las uvas en nuestras queridas Casas (para eso no hacía falta toda la gran familia de Paradores trabajando, no nos dejemos engañar), y que tampoco consintieron, aunque la gran familia ya estaba al completo en sus puestos, que se ofrecieran aquellas entrañables Cenas de Reyes del 5 de enero donde con tanta ilusión se podía esperar a que los Magos llegaran a PARADORES. Aún peor, nos estuvieron amenazando muchas semanas antes con que una serie de Paradores iban a ser cerrados del todo, otros mucho tiempo, otros un rato, y todos ello dentro de una feria de confusión y desánimo que uno no sabía a qué Parador de los que no había estado nunca debía de ir antes para poder decir aquello de por lo menos estuve una vez antes de morir… ¡Temblando ya digo, esperé a los Reyes Magos este año, con un temblor indeseable, no como antes! No lo voy a olvidar jamás. No quiero.
Sin embargo, los Magos de Oriente, una vez más, se portaron conmigo de la mejor manera posible, pues la Casa que había elegido hacía muchos meses para vivir los días 5 y 6 de enero era el “Castillo de la Zuda”, Parador de Tortosa (Tarragona), y, afortunadamente, ha sido uno de los que se han salvado de cierres pequeños, grandes, o definitivos en mi querida Red Pública.
Pero no quedó aquí la cosa (debo decir sin presunción ni prepotencia algunas, que yo siempre he procurado ser un niño-joven-hombre bueno, y SS.MM. deben saberlo y siempre llegan más lejos de lo que yo puedo esperar…) unos amigos catalanes que conocí hace dos años y medio en la Red social de Paradores, “Paradores Activo” (también cerrada como algunos Paradores por la Dirección de la cadena) se desplazaron desde la hermosa capital catalana para pasar con Jesús y conmigo la noche de Reyes en uno de los Paradores de su tierra, el de Tortosa.
Y aún más, yo había pedido a los Reyes Magos que, si podía ser, mi habitación tuviese unas buenas vistas, y cuando entré a la preciosa habitación que me habían asignado y salimos a la terraza (de todo ello dan mejor imagen que mis palabras los videos que las acompañan) supe sin duda, con un nudo en la garganta y lágrimas en los ojos, que, ya, pese a todos los presidentes y presidentas que pudieran existir en el mundo, y a todos los altos cargos y organizaciones afines o no, que en el orbe pudieran estar empeñadas en la amargura de las familias en tan entrañables fiestas, los Reyes Magos iban a llegar al Parador de Tortosa por el mismo lugar que lo habían hecho en mi vida desde el año 1995 hasta las navidades del 2001: Por el impresionantemente caudaloso y majestuoso río Ebro que, radiante en el atardecer de Tortosa escoltaba toda mi habitación, su salón y hasta el baño.
Cuando hace casi dieciocho años, el 13 de mayo de 1995, llegué desde Madrid, mi tierra, a la casa, el ático, en Tudela (Navarra) de la persona con quien este año hará ocho que me casé (también en Tudela) y salí a la terraza ya casi de su mano, se redobló la impresión que ya traía desde la estación del tren en la que acaba de conocerle, porque ante mis ojos y sin poder abarcarlo en su amplitud, se encontraba casi al alcance de la mano, como en Tortosa, el rio Ebro, y solo un poquito detrás la Mejana, y de fondo incomparable Las Bardenas ¡Ese fue el escenario de mi vida, de mi amor, durante siete años. Un escenario que añoro todos y cada uno de los días de mi vida, y del que intenté compensar a Jesús en lo posible cuando, ya juntos, compramos en Madrid una casa con una terraza desde la que también se ven algunos montecillos y unas lagunas, pero claro no son el Ebro.
La terraza del precioso Parador de Tortosa nos la trajeron los Reyes Magos, y es el escenario más parecido que haya visto nunca desde que ya no puedo salir a mi querida terraza de Tudela. Por eso, cuando pude hablar, pregunté a Jesús (mi sentido de la orientación no es con mucho una virtud que me adorne) si el Ebro que estábamos viendo tenía que pasar aún por Tudela o ya venía de allí. Me dijo que ya había pasado. O sea que ese hermoso e inmenso caudal de vida que yo veía ya había sido visto desde mi otra casa, y por eso supe que ya habían llegado por el los Reyes Magos.
Detalle del Restaurante Comedor del Parador de Tortosa
Este año (ya sabéis que a los de verdad, no a los de las cabalgatas,  nunca se les puede ver, y que siempre se hacen valer de representantes) llegaron pues representados por los amigos de Barcelona, Jesús Jiménez, Jesús Hernández Cobos y toda una gran familia de personas que componen su equipo, y que siento como de la propia, que me abrietron las puertas y acompañaron en ese precioso Castillo de la Zuda en el que nunca hasta entonces había estado, pero que ya imaginaba incomparable porque admiro profundamente los lugares que los árabes elegían para hacer sus vidas, y este es de los mejores que he visto.
Se encuentra en una colina del casco histórico de Tortosa, en la que los íberos construyeron un castro fortificado, los romanos una ciudadela, y los árabes, como decía, durante el califato de Abderramán III, un palacio del gobernador que después sería residencia el conde de Barcelona  Ramón Berenguer IV cuando arrebató Tortosa a los musulmanes, y durante los Siglos XVI y XVII el Castillo de la Señoría de la Ciudad.
Pero lo que ha hecho posible en la Historia que yo estuviese mirando el Ebro desde esa inolvidable terraza la tarde del 5 de enero de 2013, ya en el siglo XXI, es que en el año 1976 se inauguró uno de los establecimientos más bellos de la Red Pública de Paradores del Estado después de ser reconstruida parte de la ciudadela militar para instalarlo en ella. Y en cuya arquitectura se pueden advertir, entre otras maravillas, tres impresionantes chimeneas y cuatro grandes ventanales del mejor gótico catalán y otros claros vestigios (medievales, orientales…) de cuantas culturas han pasado por esa colina que nadie debería dejar de habitar al menos una vez en su vida. La fortificación también mantiene su antiguo Polvorín el Siglo XVIII.
Deseo que el álbum de imágenes que acompaño ofrezcan una idea aproximada de lo que para mí será ya siempre un recuerdo imborrable, y el paseo en vivo por la habitación y su terraza os hagan vivir virtualmente el privilegio de estar allí hasta que lo paséis a la realidad que es lo que, considero, debe hacerse siempre en la vida.
Pero este año, quizá para intentar compensar, todos los otros derechos conseguidos a base de mucho esfuerzo y 46 de trabajo que nos han arrebatado, los Reyes Magos me trajeron más cosas. Cuando subí a la habitación, además de la proverbial gentileza en detalles de la gran familia de Paradores en Tortosa, encontré un precioso cubito ¡verde! (mi color favorito en la vida) regalo de mis amigos, lleno de chucherías que hicieron aún más dulce la estancia, y una nota que la hizo más entrañable todavía.
Encontré también un “tortell” (si hubiera sido de mi tierra, hubiera sido un roscón) nada menos que de “Casa Rovira”, forners y pastissers desde 1925 (solo tres años antes de que se inaugurara el primer Parador de la Red, el de Gredos).
"Tortell" de Casa Rovira, forners, pastissers desde 1925 (Cataluña)
Encontré una cena espléndida y maravillosamente servida por una parte de esa querida gente tan mal tratada desde la alta dirección de la emblemática marca española estos últimos meses, encontré su afecto, su profesionalidad, su buen trato de siempre a pesar de la amargura, el miedo y la incertidumbre que les aquejaba ¿Qué les aqueja aún?

Encontré una inolvidable camarera de nombre Teresa, que como me veía todo el día con la cámara en ristre, intentando llenarme de imágenes para poder "traerme" el Parador a casa, y conocedora de mi amor por las vistas y PARADORES, me ofeció conocer, desde las terrazas de dos habitaciones más que ya había hecho, además de la mía, ese privilegio que es el paisaje desde el Parador de Tortosa, que nadie, nadie, debe perderse.

Esa misma tarde recorrimos los preciosos jardines del Parador, y bajamos los cuatro de la ciudadela a la ciudad para ver a los Magos en su Cabalgata al lado de los tortosinos y !hasta coger algún caramelo¡
A la vuelta, y después de cenar en el que también es sin duda uno de los comedores más bonitos de la red -¡y mira que los hay preciosos!- subimos a nuestra acogedora suite ¡donde ya habían llegado los Reyes Magos de verdad! y nos habían dejado cosas muy bonitas. En ese salón de mi habitación del Parador de Tortosa pasé una de las noches más felices del año 2012 aunque acabábamos de entrar en el 2013 ¡Y me tocó la faba, y al día siguiente la figurita! Porque cuando los Reyes Magos, y la gente bien nacida se empeña en unirse y en quererse, no existe poder ni cargo en el mundo que se cargue, que te de la noche, con uvas o sin ellas, sin Cena de Gala, pero con el inolvidable y exquisito arroz el Delta del Ebro del Parador de Tortosa; uno de los mejores que hay probado nunca... Gracias de todo corazón a todas esas personas que trabajan, que viven en ese sentido, y espero que los Reyes Magos, pero sobre todo la ciudadanía, podamos acabar alguna vez, pacíficamente y para siempre, con rodos aquellos poderosos y poderosas que se empeñan en darnos malas noches, de Reyes o no.
(Esta madrugada del 10 de febrero de 2013, tan solo algo más de un mes después, mi amiga Ana tiene el cuerpo sin vida de su madre a la que después de 80 años el corazón decidió darle descanso, en el tanatorio esperando a que dentro de unas horas reciba su última morada. Quiero dedicarle este artículo que sale del mismo teclado y cariño del que tantas madrugadas desde que nos conocimos a través de “Paradores Activo”, compartimos, escribimos, trabajamos, ideamos, e ilusionamos tanto juntos para intentar que esa querida Red nuestra, que sólo tiene cuatro años más que su querida madre, siguiera conservando lo que también su madre tenía a raudales y borbotones: amabilidad, calidad, leyenda, categoría, esfuerzo, principios, trabajo bien hecho, amor propio, amor, amor…

¡Que difícil nos lo han puesto estos espléndidos progenitores que nos van dejando, y qué complicado estos otros “vivos” que todavía viven. Me temo que aún me queden bastantes madrugadas, pero me ilusiona pensar que también me queden bastantes noches de Reyes como la vivida en el Parador de Tortosa en Cataluña, esa hermosa tierra donde tu madre tuvo el acierto de alumbrarte.).









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