«…aún recuerda
vívidamente el olor de los fogones, las historias que le regalaban los viajeros
y, sobre todo, el afecto de unos compañeros que, con el tiempo, fueron parte de
su familia. Tenía 16 años. "Al poco tiempo de entrar a vivir allí, murió
mi madre y el administrador del parador se acercó a mí y me dijo: '…, ahora que
su madre ha fallecido, yo seré su tutor'. Esta empresa es parte de mi
vida", relata… sonriente. Allí terminó de crecer y aprendió que lo que
define la calidad de un buen hotel es el servicio. Una mezcla entre
profesionalidad intachable y calor humano.”
(Julio Núñez para “El País” (“El Viajero”), 9 de octubre de 2019).
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En esta
misma fecha se cumplían 91 años de la inauguración de la Red con el Parador de
Gredos, de la misma forma que el año pasado se cumplieron 90, al que viene se
cumplirán 92, etc., hasta que los que podamos tener la suerte de vivir dentro
de nueve años lleguemos o lleguen a ser testigos de lo que ya sí será un
excepcional motivo de celebración: PARADORES cumplirá un siglo de vida.
Entonces las palabras de la trabajadora tendrán el mismo valor que han tenido
ahora y que ya tenían cuarenta años antes. Lo que ha ido variando es el apoyo y
el respeto hacia el valor fundamental de la Red desde 1928, que fueron, son y
serán los trabajadores y trabajadoras que, con una militancia sin par en la
hostelería en la Amabilidad y en la forma de ejercer la profesión, han ido
atrayendo y fidelizando a quienes junto a ellos sostenemos la primera Red
hotelera de España sin parangón en el mundo. Y así, dentro de unos edificios también
sin parangón, haber forjado la Leyenda. Y con esta ya tenemos dos de las
palabras del Escudo que nos recibe en sus puertas. La tercera, que es la
primera en el mismo, Calidad, ya no depende ni de los trabajadores ni de los
clientes, sino de los distintos gestores al más alto nivel que han ido y van
pasando por la Red pública hotelera y sus distintos modos y maneras de realizar
su función.
La
Leyenda está forjada (otra cosa es cómo sea tratada), y la Amabilidad es el
esfuerzo a toda costa y coste de una plantilla de más de 4000 almas que
conocemos como “la gran familia de Paradores”, que nos gusta llamar como ellos
mismos bautizaron alrededor de unas olvidadas mesas en “los comedores de familia”
y también mientras trabajaban codo con codo, poniendo al servicio de esa gran
familia de Paradores y sus clientes sus principios y valores, así como el
tiempo y el esfuerzo de sus propias familias que, en no pocas ocasiones, habían
forjado y transmitido trabajando juntos o repartidos por los Paradores de
España.
Y
eso es hoy en día, junto a las edificaciones y lugares privilegiados, lo que
permite usar continuamente a los departamentos de “marketing” o comunicación la
palabra “singularidad”, la diferencia con cualquier otra red hostelera del
mundo. Es en definitiva lo que refería la trabajadora del principio al relatar
sus cuarenta años de trayectoria.
Hoy en día,
si no me confundo, son 97 los establecimientos que integran la Red (uno es una
franquicia en Portugal desde hace poco más de dos años a la que, naturalmente y
por ello, sin demérito de lo que en ella suceda, no podemos tratar de la misma
forma), por tanto para representar a Paradores no se debería, no se podría
hacer con uno solo de ellos, sino con una pluralidad como plural es la Red
repartida por toda la geografía española.
Este, precioso
desde mi punto de vista, vídeo que pongo a continuación, y que os recomiendo
encarecidamente que veáis, podría servir, sirve, para cualquier aniversario de
PARADORES, ya que trata precisamente de lo que ya se trataba en 1928, y de lo mismo que se debería poder tratar dentro de
nueve años cuando la Red pública cumpla un siglo de vida. Y lo hace sencillamente,
con la pluralidad del elemento humano real, con nombres e imágenes reales sin
artificios, que han dado vida a la Red, solamente “adornado” por alguna
intervención de otra familia, “la familia Alcántara”, ya que el vídeo sirvió
para un capítulo de la serie “Cuéntame cómo pasó” cuando a PARADORES en el país,
en la ficción, le correspondía celebrar su aniversario; es decir, servía para
entonces, lo mismo que sirvió para hace aproximadamente dos años que se emitió,
y como sirve sin duda este mismo año 2019.
PARADORES como Red pública nació hace 91 años de la política y politizada y dirigido a una élite durante mucho tiempo. Y también a unos objetivos en el turismo y la economía del país que fueron conseguidos. Como es lógico Paradores está llena de luces y de sombras, no podría ser de otra forma y, si lo pudiera, no lo es.
Con el paso
del tiempo las puertas de Paradores se han ido abriendo al pueblo, a un público
más plural con un poder adquisitivo razonable, y poco a poco se ha ido dejando
de ver que estuvieran poblados en su mayoría por personas de otros países a los
que el cambio de su moneda les permitía lo que a la mayoría de españoles no;
ahora convivimos en sus edificios unos y otros.
Sin embargo,
y esto es una opinión, una apreciación personal que nace de mi propia trayectoria
laboral en otros ámbitos del país durante 48 años ininterrumpidos, de mis más
de 500 pernoctaciones en Paradores desde agosto de 2009, y otra cantidad de
ellas considerable que había realizado antes de septiembre de 1987, el trato,
el respeto, a las condiciones de trabajo de su mayor y mejor activo, el de
carne y hueso, el que lo sustenta junto a los clientes, se ha ido deteriorando
de una forma creciente y determinante de forma generalizada. Y muy
particularmente en esta última década, en la que, por ejemplo, han sufrido un
ERE, un ERTE, una pérdida de derechos que habían ido forjándose desde la época
que relata el artículo del "El Paía", y toda una serie de adversidades entre las que se
encuentra el haber estado nueve años sin la firma de un convenio de personal,
hasta hace algo más de un año cuando se produjo una moción de censura al
Gobierno de entonces, un cambio político, y por tanto en la Presidencia de la
Red hostelera.
Es decir, a
mi modo de ver, en mi opinión, la gestión de los recursos humanos (los de carne
y hueso que sustentan la Red de Paradores junto a nosotros los clientes), no
podrían ser incluidos desde hace muchos años en las tres palabras “mágicas”:
calidad, amabilidad, leyenda. Además, a mí personalmente, como cliente, me
gustaría mucho que junto a la placa de sus nombres, los trabajadores llevaran la
cantidad de su sueldo al mes; estoy completamente seguro de que más de uno, o
de una. nos quedaríamos de piedra como los castillos que habitamos, y hasta en
algunos casos tendríamos más consideración con ellos.
Y todo esto
en la generalización, pues Paradores sigue siendo en lo fundamental, no entro
en lo democrático, una organización “ministerializada”, politizada como nació,
centralista y verticalizada, que emana unas instrucciones y criterios en todos
sus órdenes hacia todos sus establecimientos, en los que un gestor máximo, un
director o directora, debe hacerlos cumplir. Y claro es que a la hora de transmitir
y hacer cumplir, los seres humanos aplicamos e incluimos nuestras propias y
subjetivas formas y maneras.
Mi
experiencia de cliente me aportaría al respecto, no deja de ser una percepción
personal, que en muchos casos es un valor para la Red su tipo de gestión en el
establecimiento, y, afortunadamente, en una minoría, el valor para la Red sería
el necesario para invitarles hacia otros tipos de trabajo o cadenas. Mantener
al elemento humano de sostén en el miedo o el descontento ni es bueno para la
empresa, ni lo es para los clientes, ni desde luego es de recibo para los
trabajadores. Ni favorece la calidad y la amabilidad, y desde luego empaña la
leyenda.
Por todo
ello, en este primer aniversario que cumple la nueva presidencia al frente de
Paradores, este 91 aniversario, y en el conocimiento en principio de una voluntad de
sostenibilidad en Paradores, y también más humanista y contemporizadora, más
progresista como no debería ser de otra manera hacia el elemento humano, el de
carne y hueso que sostiene los Paradores, me gustaría pedirle como cliente,
como ciudadano al presidente actual, que se diera mucha prisa en intentar restaurar en lo posible el mal hecho, pues no admite dilaciones. La reimplantación de una escuela como la
de La Bañeza u otras; ¿Cómo puede estar PARADORES sin un lugar destinado a la transmisión
intensiva de sus principios y valores por parte de personas que todavía están
en la Red, y antes de que se vayan? Unos cuantos jóvenes en muy poquitos
Paradores ni es lo mismo, ni sirve para lo mismo.
Y dirigido a
todos, a la ciudadanía, al mundo, ¿sería muy difícil o muy costoso mantener un
centro de interpretación de PARADORES, como lo hace, por ejemplo, Metro, que
acaba de cumplir su siglo? Pienso que es también una forma de hacer cantera, de
hacer clientes, de perpetuar las tres palabras del Escudo.
Y de hacer
verdad lo que en el mismo artículo donde realizaba la trabajadora al principio
sus emocionantes declaraciones, que se cumplan las que hacía otro de los seis
trabajadores que se reunieron en “mi Parador”, un “aspirante a aprendiz”, con casi
medio siglo de servicios a PARADORES, que representaba en la reunión a los
directores y directoras de los establecimientos, del que se podría decir que su
vida es un “master” en Paradores: "Somos por lo que fueron, serán por lo
que somos".
¡Que así sea
es mi deseo!