LA GRAN FAMILIA

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miércoles, 27 de mayo de 2020

“LA HOSTERÍA DEL ESTUDIANTE A TODO RITMO...”




(Artículo publicado el 07/05/2011 en la web “Paradores Activo”, ya desaparecida)


No debo incurrir en la prepotencia que supondría por mi parte, tratar de explicar en tan sencillo artículo la Historia de un edificio tan emblemático para Alcalá de Henares, Madrid, y nuestro país como es la Hostería del Estudiante. Mucho menos sabiendo que ni en vida del Cardenal Cisneros pudo verse desarrollado en su totalidad el proyecto complutense en el que se integra el antiguo Colegio Menor de San Jerónimo, donde se halla la Hostería, fundado por el propio Cardenal en 1510, y que varios siglos después, en 1998, la UNESCO consideró Patrimonio de la Humanidad. Ni tan siquiera debería partir del año 1929, cuando el edificio varió en sus utilidades hasta ese momento, y comenzó a albergar La Hostería del Estudiante, pues de esto otro hace ochenta y dos y yo todavía no los he cumplido.
  
Si puedo ligar la historia de la Hostería a la de mi vida sin miedo a error alguno, fechándola en una tarde de sábado del mes de febrero de 1979, hace treinta y dos años ¡tampoco está mal! En ese momento, más prosaico, joven e impetuoso que ahora, estaba más interesado en aprender a conducir y en comprarme un coche para iniciar mi vida de turismo activo, y “otros viajes”, que en saber que muchos siglos antes en su edificio egregios profesores ya habían impartido la enseñanza de tres lenguas, latín, griego y hebreo.

Algunos años después, de la mano de otro catedrático, contemplando el Patio al que tiene hermosas vistas, puede comprender por qué le llamaban “Trilingüe”.

Pero yo, en 1980, de forma mucha más tosca, ya lo dije antes, lo que sabía de la Hostería del Estudiante también estaba relacionado con la con la lengua pero como órgano gustativo. Había oído hablar de sus migas ilustradas, y me había inquietado. Sobre todo, una mañana la conversación de una compañera de trabajo, de muy buen gusto, con su novio por el teléfono, que le decía: “…vale nos vamos a Alcalá a eso, y luego merendamos migas con chocolate en la Hostería del Estudiante”.

Por la edad que yo tenía, creo que hubiese sido mucho más lógico que me inquietara más “a eso” que las migas con chocolate ¡pero es que siempre he sido muy goloso!

Acababa de comprar, de empezar a pagarlo quiero decir, mi primer coche, un Seat Ritmo 75 CL. Había aprendido, por llamarlo de alguna manera, a conducir con un Seat 133, y a veces, pocas, con un 127, y con toda la paciencia y el afecto de mi añorado profesor del Race, Guillermo. Y cuando me senté al volante de aquel motor ¡un 1430 entonces! fui consciente de que me quedaban muchos kilómetros por recorrer, y no virtuales precisamente, para hacerme con la conducción. Y también que no los podía hacer por Madrid si no quería acabar en la cárcel.

Por ello me busqué un buen objetivo, algo que me incentivara mucho, y recordé las migas con chocolate… Estoy seguro de que jamás en mi vida me he hecho más veces los 34 km. más o menos que separaban mi casa en la plaza de Manuel Becerra, de la Hostería del Estudiante en Alcalá de Henares, ni he vuelto a comer nunca tantas migas ni tanto chocolate, ni me he visto en la necesidad de ahorrar tanto para gasolina y para meriendas. 

La tarde que entré por primera vez en la Hostería iba acompañado, pues con las migas como acicate siempre encontraba a algún arriesgado o arriesgada, pero pronto tuve que hacer los viajes de prácticas solo, pues a dos meriendas ya no llegaba. Había sufrido ya el impacto “Raimundo de Borgoña” en Ávila, como yo llamo a este amor costoso a primera vista que me surgió cuando vi la puerta del Palacio de Piedras Albas, en el que después conseguí alojarme una noche, y ya sabía que la Hostería era de la Red de Paradores.

No hubiera hecho falta saberlo, pues nada más traspasar su puerta y sentir el calor de aquella chimenea en aquella tarde heladora, el olor de la madera del que ya hemos hablado alguna vez en otros artículos, ver el magnífico mobiliario del comedor, tan antiguo, tan hermoso… volví a quedar inmerso en ese mundo de Casas, que no se bien por qué he considerado mías de alguna forma y nunca he salido ya de ellas. 

Nunca encontraba la hora de marcharme de la Hostería del Estudiante, entre las migas, el calor de su chimenea y el viaje de vuelta que me esperaba, pensé en colocarme en ella para poder  integrar la gran familia de Paradores.

Y ya sí, conocí más profundamente Alcalá de Henares y gran parte de su Historia,
Conocí unos años después el amor ¡que compartió muchas migas conmigo! y conocí mejores tiempos en el trabajo. Por ello pude convertir el comedor de la chimenea en el comedor de mis días felices, de mis celebraciones. Nunca perdieron protagonismo las migas, pero poco a poco pude ir conociendo también los duelos y quebrantos, la sopa boba, el guiso de las bodas de Camacho, pescados, ensaladas… y ¡la costrada! Cuya alma es mi perdición en la repostería: ¡el merengue!


Nunca tuve ningún percance yendo y viniendo a Alcalá de Henares, y pasado el tiempo, ¡tanto tiempo!, el único sin vivir que de la Hostería me ha llegado, fue hace una año, cuando ¡quien me lo iba a decir entonces! me alojé, ya casado con mi segunda pareja en el último Parador y mejor dotado que la Red ha abierto, justo enfrente. Y como a pesar de que hice prácticas en migas, no me es posible ya comer y cenar con esa contundencia ahora que tengo que ahorrar menos, me debatí casi durante una hora en si serle infiel a mi Hostería, o no conocer el comedor del recién nacido e imponente Parador. Acabó ganando este, pero resolví pronto el complejo de culpa.

Ahora los kilómetros que tengo que hacer para llegar a Alcalá de Henares son menos, y además, tengo un conductor más joven que yo, al que amo profundamente, y ya no tengo que convencerle de nada por más que lo intente tantas veces de tantas cosas. Basta con que ponga música, le de conversación, y hagamos buenas migas juntos haciendo el viaje.

 (Dedicado con mucho afecto a todos y todas aquellas personas que hayan dedicado su trabajo, su ocio, su interés o su felicidad a la Hostería del Estudiante)

sábado, 12 de octubre de 2019

“PARADORES, 91 AÑOS DE UN ESFUERZO DE CARNE Y HUESO A TODA COSTA… Y COSTE”


«…aún recuerda vívidamente el olor de los fogones, las historias que le regalaban los viajeros y, sobre todo, el afecto de unos compañeros que, con el tiempo, fueron parte de su familia. Tenía 16 años. "Al poco tiempo de entrar a vivir allí, murió mi madre y el administrador del parador se acercó a mí y me dijo: '…, ahora que su madre ha fallecido, yo seré su tutor'. Esta empresa es parte de mi vida", relata… sonriente. Allí terminó de crecer y aprendió que lo que define la calidad de un buen hotel es el servicio. Una mezcla entre profesionalidad intachable y calor humano.”

(Julio Núñez para “El País” (“El Viajero”), 9 de octubre de 2019).

(Pinchar en los enlaces para ver otros artículos)
 
Las palabras que confía al autor del reportaje pertenecen a una trabajadora de Paradores con cuarenta años de dedicación a la empresa, que junto a otra trabajadora y dos trabajadores más, se reunieron hace unas fechas en el Parador “Raimundo de Borgoña”, de Ávila (Parador que me ancló a la Red pública como cliente hace cincuenta años) para compartir recuerdos y experiencias que serían recogidas en el artículo “Paradores de carne y hueso.Los trabajadores que sostienen la primera red hotelera de España” (Julio Núñez para “El País” (“El Viajero”), 9 de octubre de 2019).
En esta misma fecha se cumplían 91 años de la inauguración de la Red con el Parador de Gredos, de la misma forma que el año pasado se cumplieron 90, al que viene se cumplirán 92, etc., hasta que los que podamos tener la suerte de vivir dentro de nueve años lleguemos o lleguen a ser testigos de lo que ya sí será un excepcional motivo de celebración: PARADORES cumplirá un siglo de vida. Entonces las palabras de la trabajadora tendrán el mismo valor que han tenido ahora y que ya tenían cuarenta años antes. Lo que ha ido variando es el apoyo y el respeto hacia el valor fundamental de la Red desde 1928, que fueron, son y serán los trabajadores y trabajadoras que, con una militancia sin par en la hostelería en la Amabilidad y en la forma de ejercer la profesión, han ido atrayendo y fidelizando a quienes junto a ellos sostenemos la primera Red hotelera de España sin parangón en el mundo. Y así, dentro de unos edificios también sin parangón, haber forjado la Leyenda. Y con esta ya tenemos dos de las palabras del Escudo que nos recibe en sus puertas. La tercera, que es la primera en el mismo, Calidad, ya no depende ni de los trabajadores ni de los clientes, sino de los distintos gestores al más alto nivel que han ido y van pasando por la Red pública hotelera y sus distintos modos y maneras de realizar su función.
La Leyenda está forjada (otra cosa es cómo sea tratada), y la Amabilidad es el esfuerzo a toda costa y coste de una plantilla de más de 4000 almas que conocemos como “la gran familia de Paradores”, que nos gusta llamar como ellos mismos bautizaron alrededor de unas olvidadas mesas en “los comedores de familia” y también mientras trabajaban codo con codo, poniendo al servicio de esa gran familia de Paradores y sus clientes sus principios y valores, así como el tiempo y el esfuerzo de sus propias familias que, en no pocas ocasiones, habían forjado y transmitido trabajando juntos o repartidos por los Paradores de España.
Y eso es hoy en día, junto a las edificaciones y lugares privilegiados, lo que permite usar continuamente a los departamentos de “marketing” o comunicación la palabra “singularidad”, la diferencia con cualquier otra red hostelera del mundo. Es en definitiva lo que refería la trabajadora del principio al relatar sus cuarenta años de trayectoria.
Hoy en día, si no me confundo, son 97 los establecimientos que integran la Red (uno es una franquicia en Portugal desde hace poco más de dos años a la que, naturalmente y por ello, sin demérito de lo que en ella suceda, no podemos tratar de la misma forma), por tanto para representar a Paradores no se debería, no se podría hacer con uno solo de ellos, sino con una pluralidad como plural es la Red repartida por toda la geografía española.
Este, precioso desde mi punto de vista, vídeo que pongo a continuación, y que os recomiendo encarecidamente que veáis, podría servir, sirve, para cualquier aniversario de PARADORES, ya que trata precisamente de lo que ya se trataba en 1928, y de lo  mismo que se debería poder tratar dentro de nueve años cuando la Red pública cumpla un siglo de vida. Y lo hace sencillamente, con la pluralidad del elemento humano real, con nombres e imágenes reales sin artificios, que han dado vida a la Red, solamente “adornado” por alguna intervención de otra familia, “la familia Alcántara”, ya que el vídeo sirvió para un capítulo de la serie “Cuéntame cómo pasó” cuando a PARADORES en el país, en la ficción, le correspondía celebrar su aniversario; es decir, servía para entonces, lo mismo que sirvió para hace aproximadamente dos años que se emitió, y como sirve sin duda este mismo año 2019.

PARADORES como Red pública nació hace 91 años de la política y politizada y dirigido a una élite durante mucho tiempo. Y también a unos objetivos en el turismo y la economía del país que fueron conseguidos. Como es lógico Paradores está llena de luces y de sombras, no podría ser de otra forma y, si lo pudiera, no lo es.
Con el paso del tiempo las puertas de Paradores se han ido abriendo al pueblo, a un público más plural con un poder adquisitivo razonable, y poco a poco se ha ido dejando de ver que estuvieran poblados en su mayoría por personas de otros países a los que el cambio de su moneda les permitía lo que a la mayoría de españoles no; ahora convivimos en sus edificios unos y otros.
Sin embargo, y esto es una opinión, una apreciación personal que nace de mi propia trayectoria laboral en otros ámbitos del país durante 48 años ininterrumpidos, de mis más de 500 pernoctaciones en Paradores desde agosto de 2009, y otra cantidad de ellas considerable que había realizado antes de septiembre de 1987, el trato, el respeto, a las condiciones de trabajo de su mayor y mejor activo, el de carne y hueso, el que lo sustenta junto a los clientes, se ha ido deteriorando de una forma creciente y determinante de forma generalizada. Y muy particularmente en esta última década, en la que, por ejemplo, han sufrido un ERE, un ERTE, una pérdida de derechos que habían ido forjándose desde la época que relata el artículo del "El Paía", y toda una serie de adversidades entre las que se encuentra el haber estado nueve años sin la firma de un convenio de personal, hasta hace algo más de un año cuando se produjo una moción de censura al Gobierno de entonces, un cambio político, y por tanto en la Presidencia de la Red hostelera.
Es decir, a mi modo de ver, en mi opinión, la gestión de los recursos humanos (los de carne y hueso que sustentan la Red de Paradores junto a nosotros los clientes), no podrían ser incluidos desde hace muchos años en las tres palabras “mágicas”: calidad, amabilidad, leyenda. Además, a mí personalmente, como cliente, me gustaría mucho que junto a la placa de sus nombres, los trabajadores llevaran la cantidad de su sueldo al mes; estoy completamente seguro de que más de uno, o de una. nos quedaríamos de piedra como los castillos que habitamos, y hasta en algunos casos tendríamos más consideración con ellos.
Y todo esto en la generalización, pues Paradores sigue siendo en lo fundamental, no entro en lo democrático, una organización “ministerializada”, politizada como nació, centralista y verticalizada, que emana unas instrucciones y criterios en todos sus órdenes hacia todos sus establecimientos, en los que un gestor máximo, un director o directora, debe hacerlos cumplir. Y claro es que a la hora de transmitir y hacer cumplir, los seres humanos aplicamos e incluimos nuestras propias y subjetivas formas y maneras.
Mi experiencia de cliente me aportaría al respecto, no deja de ser una percepción personal, que en muchos casos es un valor para la Red su tipo de gestión en el establecimiento, y, afortunadamente, en una minoría, el valor para la Red sería el necesario para invitarles hacia otros tipos de trabajo o cadenas. Mantener al elemento humano de sostén en el miedo o el descontento ni es bueno para la empresa, ni lo es para los clientes, ni desde luego es de recibo para los trabajadores. Ni favorece la calidad y la amabilidad, y desde luego empaña la leyenda.
Por todo ello, en este primer aniversario que cumple la nueva presidencia al frente de Paradores, este 91 aniversario, y en el conocimiento en principio de una voluntad de sostenibilidad en Paradores, y también más humanista y contemporizadora, más progresista como no debería ser de otra manera hacia el elemento humano, el de carne y hueso que sostiene los Paradores, me gustaría pedirle como cliente, como ciudadano al presidente actual, que se diera mucha prisa en intentar restaurar en lo posible el mal hecho, pues no admite dilaciones. La reimplantación de una escuela como la de La Bañeza u otras; ¿Cómo puede estar PARADORES sin un lugar destinado a la transmisión intensiva de sus principios y valores por parte de personas que todavía están en la Red, y antes de que se vayan? Unos cuantos jóvenes en muy poquitos Paradores ni es lo mismo, ni sirve para lo mismo.
Y dirigido a todos, a la ciudadanía, al mundo, ¿sería muy difícil o muy costoso mantener un centro de interpretación de PARADORES, como lo hace, por ejemplo, Metro, que acaba de cumplir su siglo? Pienso que es también una forma de hacer cantera, de hacer clientes, de perpetuar las tres palabras del Escudo.
Y de hacer verdad lo que en el mismo artículo donde realizaba la trabajadora al principio sus emocionantes declaraciones, que se cumplan las que hacía otro de los seis trabajadores que se reunieron en “mi Parador”, un “aspirante a aprendiz”, con casi medio siglo de servicios a PARADORES, que representaba en la reunión a los directores y directoras de los establecimientos, del que se podría decir que su vida es un “master” en Paradores:  "Somos por lo que fueron, serán por lo que somos".
¡Que así sea es mi deseo!
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