De niño fui a unas colonias en Ávila para párvulos delgaduchos.
Volviendo de bañarnos en el río, vi en la puerta de una Casa preciosa, una armadura que me asustó y me atrajo. Me quedé embobado mirándola.
Me contó mi maestro qué Palacio era, le llamó Parador. Nació en mi una ilusión. Desde entonces soy amigo íntimo de la armadura de la entrada, me hago llamar "raimundo de borgoña", vivo enamorado de ese tesoro español llamado "PARADORES", y para compartirlos con vosotros estoy aquí...
“Cuando el sabio
señala la luna, el tonto mira al dedo” (Proverbio Chino)
Generalmente
cuando escribo, o mejor expresado en los últimos tiempos y desafortunadamente,
cuando mi pareja escribe para mi blog “Raimundo… un amigo de Paradores" lo que
yo pienso y le pido que transcriba, y en lo que en muchas, muchas ocasiones
coincidimos, trato de ser explícito, claro, en mis opiniones, no me importa
poner lugares o dar nombres porque ante todo me exijo escribir, pensar, con
respeto y verdad.
Sin
embargo en esta ocasión, aunque voy a escribir con verdad y respeto, no voy a
ubicar ni etiquetar mis experiencias, pues a menudo los seres humanos en
situaciones extremas o extremadas podríamos realizar actitudes para salvar el
condumio (de mortadela o caviar, cada cual lo que tenga) que no haríamos en
condiciones normales. Yo no sé si lo respeto o no, sería cuestión de analizar
caso por caso de los que conociésemos. De lo que estoy seguro es que no me
resultan respetables aquellos que ya teniendo el condumio resuelto atacan el de
los demás. Pero en cualquier caso no me gusta que se vea en juego el de casi
nadie.
En
mis viajes por todo lo largo y ancho…. como decía el inolvidable “Capitán Tan”,
pero en esta caso no de este mundo sino de Paradores, que es un mundo más
pequeño muy querido para mí, no ha sido infrecuente ver clientes de esos que
uno siente vergüenza ajena, precisamente por eso por perteneces a su entidad,
clientes, que entre ellos, hablando un poquito alto -si no, no vale- se quejaban
del servicio porque pensaban que así quedaban más finolis, más como clientes de
toda la vida. O sea como unos vecinos que teníamos cuando yo era pequeño, que
me decía mi madre que volvían en taxi de comprar comprado boquerones
(naturalmente en un tiempo en el que los boquerones no representaban para la
gastronomía ni el bolsillo lo que hoy), y si por lo que fuese notaban que olía a
pescado al subir en el ascensor, decían que el gato se había puesto pesadísimo.
Ese tipo de cliente siempre me ha dado risa, sin más.
También
he visto otros que después de haber comido, o haber sido tratados en la
excelencia, se quejaban muy “dignos” , muy chuscos… y muy estratégicos, para
que les saliese gratis lo disfrutado, y si aún podían conseguir algo más,
mejor. Esos, la verdad, más que risa me han dado asco. Y desafortunadamente las
redes sociales les han servido de “aliadas”.
En
ambos casos siempre he visto soluciones elegantes por parte de los Paradores y
sus trabajadores, y con el saber hacer que ha venido caracterizando a estos
profesionales (los de Paradores digo) desde 1928,
Pero
las reflexiones, las mías, que comparto con Jesús y con ustedes ahora, son más
recientes y pudiera ser que más dolientes:
Ya es la tercera vez que he presenciado (a la
primera y a la segunda no lo hubiese escrito nunca) en dos Paradores, pues en
uno de ellos la vi dos veces, que ante una de esas esperas eternas a un
trabajador o trabajadora que son habituales en la Red de Paradores de Turismo
de España desde que la señora Alarcó y los suyos en la cúpula, a lo largo de su
largo tiempo en la misma, perpetrasen en ella lo perpetrado con ERE, ERTES y
otras intervenciones, Y a pesar de que pueda o no haber un “botón” para llamar
(¡un “botón” en Paradores para llamar que no sea el de la puerta de entrada a
deshora, de cuando acá!). Qué podría hacer un botón con unas personas que se han
quedado en cuadro (y no de arte) en un Parador, que tienen que atender la
cafetería al mismo tiempo que el comedor restaurante ubicados en lugares
distintos, que casi no se han levantado los clientes de la mesa de comer, y ya
tienen que poner la de cenar o desayunar, y que hasta podrían ponerles un
cepillo en alguna parte de su anatomía para que fuesen barriendo al tiempo.
O
qué explicaciones puede dar una camarera por muchos platos que tenga puestos en
su vida y tablas para ello, cuando le piden por enésima vez lo que es imposible:
que salga rápido el plato de una cocina despoblada de cocineros.
Incluso
qué puede hacer una trabajadora o trabajador, solo, sin más, tras el mostrador
de una recepción a la hora de la despedida masiva de quienes tienen que
abandonar la habitación no más tarde de las 12 h. Etc. etc. etc.
Pues
bien, en estos tres casos recientes me ha parecido notar cómo si la persona que
llegaba para paliar la queja, en lugar de practicar ese “saber hacer” que yo
decía antes, hubiesen echado más leña al fuego, y el trabajador o trabajadora
en cuestión, y en patines, no hubieran salido bien parados y hasta pudiesen
salir peor aún. Por eso digo “me ha parecido notar” (informo que no suelo tomar
más alcohol que una cerveza), pues ante algo tan, digamos surrealista, no
cabrían más allá de tres cosas: Una, mi error de apreciación (es la que
prefiero). Otra, alguna nueva técnica de marketing-teatral, tipo títeres de la
cachiporra ante el cliente quejoso (y desde luego poco informado de la
situación actual de Paradores), y que después se partieran de risa mandador y mandado
tras un biombo (no me parece mal tampoco ante las situaciones que de momento no
tienen arreglo, y la clientela desinformada que se queja donde nada puede
hacerse en lugar de ir a la calle José Abascal, 2 a hacerlo contra los
responsables). Y una tercera, de la que prefiero no escribir, porque resultaría
tan sibilina y perniciosa desde mi punto de vista, que en ese caso es
preferible no dar pistas.
En
todo caso lo que yo deseaba dejar expuesto aquí ante mis reflexiones, y desde
luego dirigido a los míos, a los clientes, es que si es que fuesen ciertas esas
noticias rimbombantes de que Paradores “se ha salvado” (que eso lo vamos a
saber con más exactitud no dentro de mucho), sería desde abajo y desde dentro
de cada uno de los establecimientos.
Sería
en primer lugar, y ante todo, por todos esos trabajadores y trabajadoras (sé
que existen las estructuras jerarquizadas, yo hablo de todos, y cada cual que
se coloque, o lo hagan, en el lugar que le corresponda) que viendo y sintiendo
recortadas hasta sus ganas de vivir en algunos casos, se agarran a la “P” del
pecho como si fuese un marcapasos antes de que se la arranquen del todo, y
encuentran en ella un antiguo anhelo, una maltrecha ilusión o un tacto lejano
que les recuerda al de las caricias de sus abuelos, padres, tíos, hermanos… que
les transmitieron un sentido de la calidad, la amabilidad y la leyenda que,
¡pobres!, se empeñan en querer seguir ofreciendo ellos (con o sin timbre) porque
consideran que “sus clientes” ahora no están bien tratados.
Por eso cuando leo en algún lugar que de Paradores
arriba hay algo que llaman gestión del talento, hago otra reflexión que no
escribo. Pero desde luego me queda muy claro que si en la cúpula de Paradores
existiera algún talento (ya no hablo de profesión ni de buenas o malas
intenciones, ni de libertad de expresión, ni de represión, que esas opiniones
propias deseo reservármelas de momento) no existiría esta gestión de los
trabajadores… ni sus resultados.
Y
si me permiten aquellos que puedan llegar a leer estas humildes reflexiones de
un cliente castigado por la situación actual de Paradores, ya hemos dejado
claro que no por la responsabilidad de sus trabajadores, si algún día llegamos
a enterarnos de que tienen algo de realidad esas noticias reiterativas de que
Paradores “se ha salvado”, lo sería también por los clientes, que no son pocos,
que aman Paradores, y que admiran a los y las que corren de un lado a otro de
ellos con la mano en la “P” y con el tejado boca abajo como una espada de
Damocles, para poder atenderles en la medida que puedan.
Esos
clientes que se quedan ojipláticos cada mañana a la hora de desayunar ante un bufet
que se ha quedado en “bu”, del que han desaparecido prácticamente la totalidad
de lo que les convertía en un bufet de desayuno de Paradores, con sus
cazuelitas, sus productos locales, su singularidad, sus degustaciones de quesos
en cualquier Parador, su abundancia y detalle… para convertirlos en casi un
bufet de cualquier cadena pero a dieciocho euros.
Los
mismos clientes que siguen añorando aquel mítico “Menú de Paradores”, o los
Artes Breves de Cocina en todos y cada uno de ellos, ante unas ahora
ennegrecidas y empequeñecidísimas Cartas con producto foráneo en muchos casos, y
con estrambóticos e ininteligibles nombres (“tamizia” por ejemplo).
Que
echan de menos, casi tanto como el comer, mantenimientos, redecoraciones, reformas.
Y que han sido convertidos por mor de lo que se pueda encontrar o no, dentro de
lo ya muy mermado en cada uno de los Paradores, en clientes de primera, segunda
y tercera según el extraño nombre que le han puesto en la puerta y el personal
que les han asignado. Cuando realmente desde la voluntad y la vocación, desde
el alma y la historia ellos son clientes de PARADORES, sin más categorías y ¡sin
menos!
Esos
clientes que pase lo que pase, quiten lo que quiten o pongan los timbres que
pongan siguen inasequibles al desaliento yendo a Paradores, aunque pudiera
echarles de ellos hasta la misma música en toda la geografía. Que solo tratan
de ver lo positivo de la Red, que queda y no poco, y que jamás reflejan fuera
de la misma sus insatisfacciones sino al contrario. Yo a eso clientes ni tan siquiera
les llamaría Amigos de Paradores, les diría familia de la buena, porque hoy en
día una tarjeta de fidelización la puede tener cualquiera, creerse encima
accionista de Paradores, y pertenecer a esos visitantes desinformados o
estrategas de los que hablaba antes.
Y
todavía hay algo más en lo que se unen los trabajadores salvadores de Paradores
con los clientes compinchados en su salvación. Y es que han pagado dos veces
para “la salvación”: Unos con el esquilme de sus sueldos, y otros con el
esquilme de la contraprestación a lo pagado en sus tarifas. Y juntos con sus
impuestos en las reiteradas inyecciones de dinero público, dinero de todos los
que no evaden sus impuestos, y que como si se tratase de la caja de la seguridad
social, han tenido que “salvar” a Paradores en la etapa, todavía presente, de
la señora Alarcó, la señora Borrego, el señor Soria (ya marchado), y el señor
Rajoy (que veremos si lo marchan). Esta etapa de neoliberalismo terrible en la
que tienen que poner más los que menos tienen si quieren “salvar” lo que, como
se descuiden, les enajenan (entendido por vender, pues también podría
entenderse en esta etapa por otra cosa a la que no deseo referirme al escribir
esto).
Cada
vez que llego a uno de esos establecimientos que yo considero desde niño, sin
que sepa por qué, pues yo no fui un niño rico ni mucho menos, mi casa, y al
lado de mi gente, esos sí por qué lo son, y me encuentro en la puerta ese
oprobio, ese agravio en forma de placa, de separación , de troceo, generalmente
mejor situada que la de “amabilidad, calidad, leyenda”, le pregunto a Jesús en
un juego cómplice, pero cómplice para el bien claro, sin consecuencias para los
trabajadores ¿Qué pone ahí con ese color tan feo? Y Jesús, depende del lugar
claro, y como me quiere, me dice: “creo que espantia, incivia o desnaturia…”
según lo que toque.
Y
yo elevo los ojos a Gredos y exclamo ¡Hasta cuando dios mío!
(Deseo recordar que este blog, al igual que la mayoría, tiene la posibilidad de dejar comentarios de forma anónima, para respetar la intimidad y evitar represalias)
No
solo me apasionan los Paradores, también lo hace entre otras cosas, la música.
Tanto como para haber llegado a estudiar canto. Y no soy purista sino muy
ecléctico, lo mismo me encanta escuchar “El sueño de una Noche de verano” de Félix
Mendelssohn, que una chirigota gaditana de Antonio Martínez Ares. Me produce el
mismo placer oír a Dietrich Fischer-Dieskau, que a Carlos Cano, o a la inmensa
Teresa Berganza que a Rocío Jurado, si todo tiene talento y está en su momento
y lugar. Y me haría estar muy incómodo escuchar como música de fondo una
“misafúnebre” en una guardería, o
“Paquito el chocolatero” en el tanatorio de la M30, aunque hubiera sido expreso
deseo del fallecido. Como dicen ahora en gastronomía, y en la modernidad última
de Paradores:no maridan. En mi casa decíamos: no pegan ni con cola.
Una
de las últimas ideas de la última dirección de Paradores, esta que dura y
dura.. como el conejito de duracell, o como el propio sonsonete al que voy a referirme es lo que han dado en llamar, desde mi punto de vista no sin
ampulosidad prepotente “proyecto de ambientación musical…”. Lo explican así:
“Partiendo de nuestros valores hemos construido tres nuevas personalidades… por
ello, con el fin de mejorar la experiencia de nuestros clientes en todos los
Paradores, hemos lanzado un proyecto de ambientación musical, creando
diferentes canales y ambientes personalizados en función de las tres tipologías
de establecimientos: Esentia, Naturia y Civia. En estos canales predomina la
música chill/lounge, el jazz, los ritmos mediterráneos, así como éxitos
musicales de las últimas décadas.”. ¡Qué superguay!, tanto como tantas cosas en
esta última etapa de Paradores. Qué bien suena no?
Pero,
además de que las supuestas “personalidades” ya estaban bien definidas antes para
todos sus usuarios: Paradores monumentales, de ciudad, o de naturaleza, la
realidad sonora es bien distinta.
Lo
que podría ser una buena idea, pues imagino que no en todos los Paradores
(aunque yo no la he echado en falta en ninguno hasta ahora, y solo me quedan
por conocer el de Santillana del Mar y los de Canarias), se contaría con la
facilidad de tener una música de ambiente, se ha quedado de momento en un
bandazo (término que ni al pelo) más de los muchos en que ha consistido la
etapa de Doña María Ángeles Alarcó Canosa y los suyos desde 2011, de esentias, marmitias,
tamizias, tejados al revés, negro a todas horas, supresión del menú de
Paradores, recortes de menús, de bufets, aperitivos de patatas y aceitunas,
superpoblación de cafeteras, centralización férrea de casi todo, etc. mientras
el personal decrecía casi tanto como la posibilidad de ofrecer la calidad que,
hasta ella, vino siendo proverbial en PARADORES.
Un
bandazo musical que, como lo anterior, pareciera encaminado a ahuyentar de
Paradores a los clientes más asiduos, más fidelizados, a los que, como al
personal, no han conseguido arrancarnos la “P” del corazón por más que la hayan
hecho desaparecer de casi cualquier parte. Y en este caso esto es así porque si
alguien se aloja una noche o dos en cualquier Parador como el que lo hace en un
hotel de esos de acero y negro en los que parece inspirarse la señora “Gela”, con intención de no volver, la música de “el proyecto…" no deja de ser un
aspecto más. Pero para aquellos que decidan, que tenemos decidido dede hace tiempo, hacer rutas
una y otra vez por cuantos castillos, conventos, palacios, edificios
emblemáticos, etc. podamos del patrimonio español en la Red pública, esta extranjerizante música
se convierte en un sempiterno “chún chún..” que nos persigue por casi todas las
zonas del Parador, y por todos los Paradores de España, como yo he tenido la
posibilidad de padecer estas navidades.
Ya
que, por ejemplo, si uno va al Parador de Arcos de la Frontera (Cádiz), al de
Granada, al de Cardona (Barcelona), al Hostal Sam Marcos en León, al de “Gil
Blas” en Cantabria, o al de Los Reyes Católicos en Santiago de Compostela, tan
solo por poner unos ejemplos, escuchará siempre las mismas veinte piezas que como
si no existieran Falla, Albéniz, Granados, Paco de Lucía, Alicia de La Rocha, Amancio
Prada, Jordi Savall (que ha grabado buena parte de sus obras en la Capilla del
Parador de Cardona), Eduardo Paniagua, etc. suenan una y otra vez sin parar en
cualquier lugar de España por muy equidistantes que estén y muy distintas que sean sus características, haciéndonos parecer
que estamos atrapados en el tiempo, hasta que nos damos cuenta después de
desperezarnos en qué Parador estamos. En este caso segmento “Esentia”, pero yo también
lo he sufrido en “Civia”.¡Menos mal que
en el de Santiago no pueden silenciar las gaitas que tocan a casi toda hora en
la Plaza del Obradoiro y ahí rápidamente se ubica uno.
El
peor momento con mucho es la hora de comer o aún peor cenar, que en principio resulta más íntimo, como si se
pudieran permitir molestias para espantar de los Comedores restaurantes a los
clientes. Pues como la música, lógicamente debe de estar muy baja, lo que más
se percibe es el póm, póm, póm… del bajo que homologa a casi todas las
canciones (hablo en este caso de los Civia), y que se convierte en un machaque
para el cerebro de uno. Y como cualquier persona con un poco de empatía puede pensar,
no solo para quienes estamos una hora y media en el Comedor, sino para las
y los camareros que día tras día, noche tras noche, tienen que añadir ese
omnipresente “complemento” mientras echan en falta otros que les han quitado.
Para aquellos que les sea posible, les animo a que hagan la prueba en su ptopia casa
con, por ejemplo, el corte número 4 “Were Do I Begin” de Patricia Kaas, o casi
con cualquiera de los otros diecinueve.
Y
propongo esto porque estas navidades pasadas la dirección de la Red ha tenido la
gentileza de obsequiarnos a los clientes, asiduos o no, con la banda sonora de
Paradores de la etapa Alarcó, dependiendo de si nos hemos esenticiado,
naturizado, o civializado. Yo, que guardo con ilusión y afecto casi cualquier
cosa que corresponda a la Red pública e Paradores en cualquiera de sus etapas desde 1928,
los agradezco mucho, Y pienso que esta es una música ideal para llevar en el
coche mientras vas o vueles de Paradores, se conduce a otros lufares, mientras planchas, haces
bicicleta estática o cualquier otro tipo de ejercicio, pero no para “inspirar”
a la Red pública de la Calidad, la Amabilidad, y la Leyenda desde 1928, que no
olvidemos, antes se llamaba Paradores Nacionales de Turismo, y ahora Paradores
de Turismo de España.
Y
escribo esto último porque de las sesenta piezas que componen la banda sonora
de los tres segmentos de los Paradores de la señora Alarcó, ni una sola, ni
una, es de artistas españoles ¡Así, como suena!
Quizá
el error de concepto, o la posible falta de respeto, quien sabe, quede patente en la
portada de cada cd donde pone ”La música que inspira a los Paradores Esentia,
Naturia o Civia”. Yo creo que debería ser al contrario teniendo en cuenta de qué
edificios estamos hablando, y dónde se hallan estos. Quizá debería de ser “LA MÚSICA
QUE INSPIRAN LOS PARADORES DE ESPAÑA”, y así, solo por poner un ejemplo de uno
muy emblemático, en el de Granada podrían sonar Falla, Bretón, Barrios, Cano,
Victoria de los Ángeles.. O cualquiera de los artistas internacionales que
desde hace más de sesenta años vienen trayendo público de todo el mundo al “Festival
Internacional de Música y Danza de Granada”, pongo por caso.
A
mí, con todo respeto, esto de la inspiración segmentaria invertida más que pijo
me parece “paleto”, y no me refiero a de pueblo no, ojalá fuese así pues del
pueblo vengo yo, y para fomentarlos nació la Red de Paradores de Turismo de
España, esto me parece “paleto” por
aparentón; de aquellos que piensan que cualquier cosa de fuera es más fina y
más “cool” que lo de dentro. De los que todavía no comprenden cómo miles y
miles de clientes preferimos una mesa sin rebarnizar, una cerámica de fajalauza,
o un edificio sin remodelar, o hablar con el servicio (como suelen nombrarlo
ellos) a los fríos aceros, los negros mármol, los blancos crudos, los soldados
camarero, o los gatos por liebre de algunas cadenas que adoran y en las que se “inspiran”.
Aquellas que consideran que la comida tiene que ser siempre “de autor” y estrellada
aunque nos estrellemos al pedirla y comerla; que piensan que Paradores es
“caspa”.
Mapa de la "resegmentación" de la etapa Alarcó
Y
prefieren llamarles “Hoteles & Restaurantes” 1928, en letra que casi no se lea, aunque
los extranjeros vengan a ellos dejando los hoteles propios. Y prefieren
servir “Dry Snow Restaurant & Cocktail Bar”… con un único camarero o
camarera eso sí. O los han conocido y amado tan poco, como para pensar que en
una aislada casa solariega de la campiña portuguesa, en un plís plás ¡fíjate
tú! como diría Millán de Martes y 13, puede nacer lo que lleva casi noventa
años de trabajo, y que no han podido “cepillar” del todo por más que su gestión haya
sido la que está siendo.
Sí,
en mi opinión “paleto”, aparentón, desnortado y muy desconsiderando. Pues sería
fundamental cuando se hacen cargo de puestos de tan opíparos emolumentos,
prometer o jurar que, al menos, van a ser fieles a los principios fundacionales
de la Red de Paradores, y van a seguir promoviendo los lugares, la cultura, la
gastronomía, y el fomento y desarrollo de los pueblos de este país del que se
les llena la boca pero luego vomitan. Y eso no pasa por hacer que comamos la
merluza de Celeiro, por ejemplo y por muy buena que sea, en Andalucía, ni que
nos traguemos al mismo tiempo sesenta piezas de artistas extranjeros, que en
muchos casos, si no en todos, hasta llevarán derechos de autor.
Pero
es igual, el gasto estará hecho, que supongo no será poco, pues “el proyecto” conlleva
aparatos en cada Parador donde descargar pendrives de la banda (tengo algunos
amigos en algunos Paradores que tenían encantados, y a coste cero, tanto a a los clientes como asus
compañeros con las adecuadas “playlist”, (como dicen ahora
estos modernos), que hacían y ponían antes del “invento”, incluso oíamos los
clientes música navideña en Paradores, no como este año): El caso es que ya está hecho y quizá
hasta “fiturizado”,como "sandovalizado" está este añoun "menú especial" que según el equipo de esta señora "busca aportar un toque de modernidad mejorando la oferta tradicional propia de la cadena... que en un plan de acción arrancará en los 26 restaurantes 'Especia' (no en todos, con esta señora siempre ha habido clases ¡faltaría más!) de la Cadena, que se caracterizan por ofrecer a sus clientes un servicio a la
carta y personalizado...Según la presidenta de Paradores la meta.. es "recuperar la esencia (que la debe haber perdido ella digo yo) de la cocina tradicional de
Paradores aprovechando el conocimiento y experiencia de nuestros
cocineros...".
Y por eso, ya según yo, en un gesto más de los muchos agraviantes en mi opinión durante su mandato con la gran familia de Paradores, le pagan a un cocinero foráneo a la Casa una suculenta cifra, como si Paradores no tuviese espléndidos Jefes de Cocina que, a pesar de su dirección, y de la merma de recursos de todo tipo que han causado ensus equipos de Cocina, no hubiesen conservado durante ochenta y ocho años la gastronomía que los clientes buscamos en ellos. Una representativa parte de ella podéis seguirla, si es vuestro gusto, en una espléndida página de Facebook llamada "Un Comedor Abierto Permanentemente en Paradores".
Y yo me pregunto si todo este despliegue de medios musicales y estrellados los hubiesen dedicado a remodelar la gran cantidad de Paradores que lo necesitan, y así lo piden los clientes e imagino que los gestores, a las Cocinas y al personal en general, no nos hubiese ido mejor?A ellos no sé, lo desconozco, ya se verá, pero considero que a los clientes y a los trabajadores sí.
Àngeles Alarcó, presidenta de Paradores con Mario Sandoval, jefe de Cocina, en Fitur 2016, presentando el menú que según el equipo de esta, pretende "recuperar (en algunos Paradores) la esencia de la cocina tradicional de
Paradores..". ??? Ydetalle del estand de Paradores de Fitur 2015
Resulta extraño lo poco que parece haber querido aprender de Paradores, y traía
aprendido Doña Ángeles Alarcó a pesar de ser ex esposa de Don Rodrigo Rato, un
ex político con quien estuvo casada quince años y que en la época Aznar desempeñó la vicepresidencia del Gobierno de España e inauguró unos cuantos Paradores que aún tienen su nombre en una placa en sus puertas.
En
fín, como decía mi abuela materna, "no hay peor ciego que el que no quiere ver" (y
a mí que quiero, tienen que escribirme esto), y que "cada uno va a lo suyo". Considero que está
muy a la vista que lo de la señora Alarcó Canosa no ha resultado lo nuestro, y en mi
opinión que en Paradores su gestión junto a la de la señora Borrego, secretaria
de estado de Turismo, y el señor Soria, ministro del ramo, han hecho tanto
daño, como la de Rajoy en España.
Ahora
lo que sería muy necesario, también en mi opinión, es que se fueran ya con la música a otra parte, que
seguro que la encuentran, y pudieran sonar unas notas más acordes ya adecuadas con
lo que tanto en Paradores como en este país necesitamos,