LA GRAN FAMILIA

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miércoles, 11 de mayo de 2016

"REFLEXIONES DE UN CLIENTE CASTIGADO… O PARADORES “SALVADOS” POR ABAJO” (¿espantia… desnaturia… incivia…?)



“Cuando el sabio señala la luna, el tonto mira al dedo” (Proverbio Chino)

Generalmente cuando escribo, o mejor expresado en los últimos tiempos y desafortunadamente, cuando mi pareja escribe para mi blog “Raimundo… un amigo de Paradores" lo que yo pienso y le pido que transcriba, y en lo que en muchas, muchas ocasiones coincidimos, trato de ser explícito, claro, en mis opiniones, no me importa poner lugares o dar nombres porque ante todo me exijo escribir, pensar, con respeto y verdad.



Sin embargo en esta ocasión, aunque voy a escribir con verdad y respeto, no voy a ubicar ni etiquetar mis experiencias, pues a menudo los seres humanos en situaciones extremas o extremadas podríamos realizar actitudes para salvar el condumio (de mortadela o caviar, cada cual lo que tenga) que no haríamos en condiciones normales. Yo no sé si lo respeto o no, sería cuestión de analizar caso por caso de los que conociésemos. De lo que estoy seguro es que no me resultan respetables aquellos que ya teniendo el condumio resuelto atacan el de los demás. Pero en cualquier caso no me gusta que se vea en juego el de casi nadie.



En mis viajes por todo lo largo y ancho…. como decía el inolvidable “Capitán Tan”, pero en esta caso no de este mundo sino de Paradores, que es un mundo más pequeño muy querido para mí, no ha sido infrecuente ver clientes de esos que uno siente vergüenza ajena, precisamente por eso por perteneces a su entidad, clientes, que entre ellos, hablando un poquito alto -si no, no vale- se quejaban del servicio porque pensaban que así quedaban más finolis, más como clientes de toda la vida. O sea como unos vecinos que teníamos cuando yo era pequeño, que me decía mi madre que volvían en taxi de comprar comprado boquerones (naturalmente en un tiempo en el que los boquerones no representaban para la gastronomía ni el bolsillo lo que hoy), y si por lo que fuese notaban que olía a pescado al subir en el ascensor, decían que el gato se había puesto pesadísimo. Ese tipo de cliente siempre me ha dado risa, sin más.


También he visto otros que después de haber comido, o haber sido tratados en la excelencia, se quejaban muy “dignos” , muy chuscos… y muy estratégicos, para que les saliese gratis lo disfrutado, y si aún podían conseguir algo más, mejor. Esos, la verdad, más que risa me han dado asco. Y desafortunadamente las redes sociales les han servido de “aliadas”.



En ambos casos siempre he visto soluciones elegantes por parte de los Paradores y sus trabajadores, y con el saber hacer que ha venido caracterizando a estos profesionales (los de Paradores digo) desde 1928,



Pero las reflexiones, las mías, que comparto con Jesús y con ustedes ahora, son más recientes y pudiera ser que más dolientes:



Ya es la tercera vez que he presenciado (a la primera y a la segunda no lo hubiese escrito nunca) en dos Paradores, pues en uno de ellos la vi dos veces, que ante una de esas esperas eternas a un trabajador o trabajadora que son habituales en la Red de Paradores de Turismo de España desde que la señora Alarcó y los suyos en la cúpula, a lo largo de su largo tiempo en la misma, perpetrasen en ella lo perpetrado con ERE, ERTES y otras intervenciones, Y a pesar de que pueda o no haber un “botón” para llamar (¡un “botón” en Paradores para llamar que no sea el de la puerta de entrada a deshora, de cuando acá!). Qué podría hacer un botón con unas personas que se han quedado en cuadro (y no de arte) en un Parador, que tienen que atender la cafetería al mismo tiempo que el comedor restaurante ubicados en lugares distintos, que casi no se han levantado los clientes de la mesa de comer, y ya tienen que poner la de cenar o desayunar, y que hasta podrían ponerles un cepillo en alguna parte de su anatomía para que fuesen barriendo al tiempo. 


O qué explicaciones puede dar una camarera por muchos platos que tenga puestos en su vida y tablas para ello, cuando le piden por enésima vez lo que es imposible: que salga rápido el plato de una cocina despoblada de cocineros.



Incluso qué puede hacer una trabajadora o trabajador, solo, sin más, tras el mostrador de una recepción a la hora de la despedida masiva de quienes tienen que abandonar la habitación no más tarde de las 12 h. Etc. etc. etc.



Pues bien, en estos tres casos recientes me ha parecido notar cómo si la persona que llegaba para paliar la queja, en lugar de practicar ese “saber hacer” que yo decía antes, hubiesen echado más leña al fuego, y el trabajador o trabajadora en cuestión, y en patines, no hubieran salido bien parados y hasta pudiesen salir peor aún. Por eso digo “me ha parecido notar” (informo que no suelo tomar más alcohol que una cerveza), pues ante algo tan, digamos surrealista, no cabrían más allá de tres cosas: Una, mi error de apreciación (es la que prefiero). Otra, alguna nueva técnica de marketing-teatral, tipo títeres de la cachiporra ante el cliente quejoso (y desde luego poco informado de la situación actual de Paradores), y que después se partieran de risa mandador y mandado tras un biombo (no me parece mal tampoco ante las situaciones que de momento no tienen arreglo, y la clientela desinformada que se queja donde nada puede hacerse en lugar de ir a la calle José Abascal, 2 a hacerlo contra los responsables). Y una tercera, de la que prefiero no escribir, porque resultaría tan sibilina y perniciosa desde mi punto de vista, que en ese caso es preferible no dar pistas.



En todo caso lo que yo deseaba dejar expuesto aquí ante mis reflexiones, y desde luego dirigido a los míos, a los clientes, es que si es que fuesen ciertas esas noticias rimbombantes de que Paradores “se ha salvado” (que eso lo vamos a saber con más exactitud no dentro de mucho), sería desde abajo y desde dentro de cada uno de los establecimientos.



Sería en primer lugar, y ante todo, por todos esos trabajadores y trabajadoras (sé que existen las estructuras jerarquizadas, yo hablo de todos, y cada cual que se coloque, o lo hagan, en el lugar que le corresponda) que viendo y sintiendo recortadas hasta sus ganas de vivir en algunos casos, se agarran a la “P” del pecho como si fuese un marcapasos antes de que se la arranquen del todo, y encuentran en ella un antiguo anhelo, una maltrecha ilusión o un tacto lejano que les recuerda al de las caricias de sus abuelos, padres, tíos, hermanos… que les transmitieron un sentido de la calidad, la amabilidad y la leyenda que, ¡pobres!, se empeñan en querer seguir ofreciendo ellos (con o sin timbre) porque consideran que “sus clientes” ahora no están bien tratados.



 Por eso cuando leo en algún lugar que de Paradores arriba hay algo que llaman gestión del talento, hago otra reflexión que no escribo. Pero desde luego me queda muy claro que si en la cúpula de Paradores existiera algún talento (ya no hablo de profesión ni de buenas o malas intenciones, ni de libertad de expresión, ni de represión, que esas opiniones propias deseo reservármelas de momento) no existiría esta gestión de los trabajadores… ni sus resultados.



Y si me permiten aquellos que puedan llegar a leer estas humildes reflexiones de un cliente castigado por la situación actual de Paradores, ya hemos dejado claro que no por la responsabilidad de sus trabajadores, si algún día llegamos a enterarnos de que tienen algo de realidad esas noticias reiterativas de que Paradores “se ha salvado”, lo sería también por los clientes, que no son pocos, que aman Paradores, y que admiran a los y las que corren de un lado a otro de ellos con la mano en la “P” y con el tejado boca abajo como una espada de Damocles, para poder atenderles en la medida que puedan.



Esos clientes que se quedan ojipláticos cada mañana a la hora de desayunar ante un bufet que se ha quedado en “bu”, del que han desaparecido prácticamente la totalidad de lo que les convertía en un bufet de desayuno de Paradores, con sus cazuelitas, sus productos locales, su singularidad, sus degustaciones de quesos en cualquier Parador, su abundancia y detalle… para convertirlos en casi un bufet de cualquier cadena pero a dieciocho euros.



Los mismos clientes que siguen añorando aquel mítico “Menú de Paradores”, o los Artes Breves de Cocina en todos y cada uno de ellos, ante unas ahora ennegrecidas y empequeñecidísimas Cartas con producto foráneo en muchos casos, y con estrambóticos e ininteligibles nombres (“tamizia” por ejemplo).



Que echan de menos, casi tanto como el comer, mantenimientos, redecoraciones, reformas. Y que han sido convertidos por mor de lo que se pueda encontrar o no, dentro de lo ya muy mermado en cada uno de los Paradores, en clientes de primera, segunda y tercera según el extraño nombre que le han puesto en la puerta y el personal que les han asignado. Cuando realmente desde la voluntad y la vocación, desde el alma y la historia ellos son clientes de PARADORES, sin más categorías y ¡sin menos!



Esos clientes que pase lo que pase, quiten lo que quiten o pongan los timbres que pongan siguen inasequibles al desaliento yendo a Paradores, aunque pudiera echarles de ellos hasta la misma música en toda la geografía. Que solo tratan de ver lo positivo de la Red, que queda y no poco, y que jamás reflejan fuera de la misma sus insatisfacciones sino al contrario. Yo a eso clientes ni tan siquiera les llamaría Amigos de Paradores, les diría familia de la buena, porque hoy en día una tarjeta de fidelización la puede tener cualquiera, creerse encima accionista de Paradores, y pertenecer a esos visitantes desinformados o estrategas de los que hablaba antes.



Y todavía hay algo más en lo que se unen los trabajadores salvadores de Paradores con los clientes compinchados en su salvación. Y es que han pagado dos veces para “la salvación”: Unos con el esquilme de sus sueldos, y otros con el esquilme de la contraprestación a lo pagado en sus tarifas. Y juntos con sus impuestos en las reiteradas inyecciones de dinero público, dinero de todos los que no evaden sus impuestos, y que como si se tratase de la caja de la seguridad social, han tenido que “salvar” a Paradores en la etapa, todavía presente, de la señora Alarcó, la señora Borrego, el señor Soria (ya marchado), y el señor Rajoy (que veremos si lo marchan). Esta etapa de neoliberalismo terrible en la que tienen que poner más los que menos tienen si quieren “salvar” lo que, como se descuiden, les enajenan (entendido por vender, pues también podría entenderse en esta etapa por otra cosa a la que no deseo referirme al escribir esto).



Cada vez que llego a uno de esos establecimientos que yo considero desde niño, sin que sepa por qué, pues yo no fui un niño rico ni mucho menos, mi casa, y al lado de mi gente, esos sí por qué lo son, y me encuentro en la puerta ese oprobio, ese agravio en forma de placa, de separación , de troceo, generalmente mejor situada que la de “amabilidad, calidad, leyenda”, le pregunto a Jesús en un juego cómplice, pero cómplice para el bien claro, sin consecuencias para los trabajadores ¿Qué pone ahí con ese color tan feo? Y Jesús, depende del lugar claro, y como me quiere, me dice: “creo que espantia, incivia o desnaturia…” según lo que toque.



Y yo elevo los ojos a Gredos y exclamo ¡Hasta cuando dios mío!

 

(Deseo recordar que este blog, al igual que la mayoría, tiene la posibilidad de dejar comentarios de forma anónima, para respetar la intimidad y evitar  represalias) 


sábado, 23 de enero de 2016

"LA BANDA SONORA DE PARADORES… ATRAPADOS EN EL TIEMPO, O EL SONSONETE CONTRA EL CASTELLANO”



No solo me apasionan los Paradores, también lo hace entre otras cosas, la música. Tanto como para haber llegado a estudiar canto. Y no soy purista sino muy ecléctico, lo mismo me encanta escuchar “El sueño de una Noche de verano” de Félix Mendelssohn, que una chirigota gaditana de Antonio Martínez Ares. Me produce el mismo placer oír a Dietrich Fischer-Dieskau, que a Carlos Cano, o a la inmensa Teresa Berganza que a Rocío Jurado, si todo tiene talento y está en su momento y lugar. Y me haría estar muy incómodo escuchar como música de fondo una “misa  fúnebre” en una guardería, o “Paquito el chocolatero” en el tanatorio de la M30, aunque hubiera sido expreso deseo del fallecido. Como dicen ahora en gastronomía, y en la modernidad última de Paradores: no maridan. En mi casa decíamos: no pegan ni con cola.

Una de las últimas ideas de la última dirección de Paradores, esta que dura y dura.. como el conejito de duracell, o como el propio sonsonete al que voy a referirme es lo que han dado en llamar, desde mi punto de vista no sin ampulosidad prepotente “proyecto de ambientación musical…”. Lo explican así: “Partiendo de nuestros valores hemos construido tres nuevas personalidades… por ello, con el fin de mejorar la experiencia de nuestros clientes en todos los Paradores, hemos lanzado un proyecto de ambientación musical, creando diferentes canales y ambientes personalizados en función de las tres tipologías de establecimientos: Esentia, Naturia y Civia. En estos canales predomina la música chill/lounge, el jazz, los ritmos mediterráneos, así como éxitos musicales de las últimas décadas.”. ¡Qué superguay!, tanto como tantas cosas en esta última etapa de Paradores. Qué bien suena no?

Pero, además de que las supuestas “personalidades” ya estaban bien definidas antes para todos sus usuarios: Paradores monumentales, de ciudad, o de naturaleza, la realidad sonora es bien distinta.

Lo que podría ser una buena idea, pues imagino que no en todos los Paradores (aunque yo no la he echado en falta en ninguno hasta ahora, y solo me quedan por conocer el de Santillana del Mar y los de Canarias), se contaría con la facilidad de tener una música de ambiente, se ha quedado de momento en un bandazo (término que ni al pelo) más de los muchos en que ha consistido la etapa de Doña María Ángeles Alarcó Canosa y los suyos desde 2011, de esentias, marmitias, tamizias, tejados al revés, negro a todas horas, supresión del menú de Paradores, recortes de menús, de bufets, aperitivos de patatas y aceitunas, superpoblación de cafeteras, centralización férrea de casi todo, etc. mientras el personal decrecía casi tanto como la posibilidad de ofrecer la calidad que, hasta ella, vino siendo proverbial en PARADORES.


Un bandazo musical que, como lo anterior, pareciera encaminado a ahuyentar de Paradores a los clientes más asiduos, más fidelizados, a los que, como al personal, no han conseguido arrancarnos la “P” del corazón por más que la hayan hecho desaparecer de casi cualquier parte. Y en este caso esto es así porque si alguien se aloja una noche o dos en cualquier Parador como el que lo hace en un hotel de esos de acero y negro en los que parece inspirarse la señora “Gela”, con intención de no volver, la música de “el proyecto…" no deja de ser un aspecto más. Pero para aquellos que decidan, que tenemos decidido dede hace tiempo, hacer rutas una y otra vez por cuantos castillos, conventos, palacios, edificios emblemáticos, etc. podamos del patrimonio español en la Red pública, esta extranjerizante música se convierte en un sempiterno “chún chún..” que nos persigue por casi todas las zonas del Parador, y por todos los Paradores de España, como yo he tenido la posibilidad de padecer estas navidades.


Ya que, por ejemplo, si uno va al Parador de Arcos de la Frontera (Cádiz), al de Granada, al de Cardona (Barcelona), al Hostal Sam Marcos en León, al de “Gil Blas” en Cantabria, o al de Los Reyes Católicos en Santiago de Compostela, tan solo por poner unos ejemplos, escuchará siempre las mismas veinte piezas que como si no existieran Falla, Albéniz, Granados, Paco de Lucía, Alicia de La Rocha, Amancio Prada, Jordi Savall (que ha grabado buena parte de sus obras en la Capilla del Parador de Cardona), Eduardo Paniagua, etc. suenan una y otra vez sin parar en cualquier lugar de España por muy equidistantes que estén y muy distintas que sean sus características, haciéndonos parecer que estamos atrapados en el tiempo, hasta que nos damos cuenta después de desperezarnos en qué Parador estamos. En este caso segmento “Esentia”, pero yo también lo he sufrido en “Civia”.  ¡Menos mal que en el de Santiago no pueden silenciar las gaitas que tocan a casi toda hora en la Plaza del Obradoiro y ahí rápidamente se ubica uno.


El peor momento con mucho es la hora de comer o aún peor cenar, que en principio resulta más íntimo, como si se pudieran permitir molestias para espantar de los Comedores restaurantes a los clientes. Pues como la música, lógicamente debe de estar muy baja, lo que más se percibe es el póm, póm, póm… del bajo que homologa a casi todas las canciones (hablo en este caso de los Civia), y que se convierte en un machaque para el cerebro de uno. Y como cualquier persona con un poco de empatía puede pensar, no solo para quienes estamos una hora y media en el Comedor, sino para las y los camareros que día tras día, noche tras noche, tienen que añadir ese omnipresente “complemento” mientras echan en falta otros que les han quitado. Para aquellos que les sea posible, les animo a que hagan la prueba en su ptopia casa con, por ejemplo, el corte número 4 “Were Do I Begin” de Patricia Kaas, o casi con cualquiera de los otros diecinueve.

Y propongo esto porque estas navidades pasadas la dirección de la Red ha tenido la gentileza de obsequiarnos a los clientes, asiduos o no, con la banda sonora de Paradores de la etapa Alarcó, dependiendo de si nos hemos esenticiado, naturizado, o civializado. Yo, que guardo con ilusión y afecto casi cualquier cosa que corresponda a la Red pública e Paradores en cualquiera de sus etapas desde 1928, los agradezco mucho, Y pienso que esta es una música ideal para llevar en el coche mientras vas o vueles de Paradores, se conduce a otros lufares, mientras planchas, haces bicicleta estática o cualquier otro tipo de ejercicio, pero no para “inspirar” a la Red pública de la Calidad, la Amabilidad, y la Leyenda desde 1928, que no olvidemos, antes se llamaba Paradores Nacionales de Turismo, y ahora Paradores de Turismo de España.

Y escribo esto último porque de las sesenta piezas que componen la banda sonora de los tres segmentos de los Paradores de la señora Alarcó, ni una sola, ni una, es de artistas españoles ¡Así, como suena!



Quizá el error de concepto, o la posible falta de respeto, quien sabe, quede patente en la portada de cada cd donde pone ”La música que inspira a los Paradores Esentia, Naturia o Civia”. Yo creo que debería ser al contrario teniendo en cuenta de qué edificios estamos hablando, y dónde se hallan estos. Quizá debería de ser “LA MÚSICA QUE INSPIRAN LOS PARADORES DE ESPAÑA”, y así, solo por poner un ejemplo de uno muy emblemático, en el de Granada podrían sonar Falla, Bretón, Barrios, Cano, Victoria de los Ángeles.. O cualquiera de los artistas internacionales que desde hace más de sesenta años vienen trayendo público de todo el mundo al “Festival Internacional de Música y Danza de Granada”, pongo por caso.

A mí, con todo respeto, esto de la inspiración segmentaria invertida más que pijo me parece “paleto”, y no me refiero a de pueblo no, ojalá fuese así pues del pueblo vengo yo, y para fomentarlos nació la Red de Paradores de Turismo de España, esto me parece “paleto”  por aparentón; de aquellos que piensan que cualquier cosa de fuera es más fina y más “cool” que lo de dentro. De los que todavía no comprenden cómo miles y miles de clientes preferimos una mesa sin rebarnizar, una cerámica de fajalauza, o un edificio sin remodelar, o hablar con el servicio (como suelen nombrarlo ellos) a los fríos aceros, los negros mármol, los blancos crudos, los soldados camarero, o los gatos por liebre de algunas cadenas que adoran y en las que se “inspiran”. Aquellas que consideran que la comida tiene que ser siempre “de autor” y estrellada aunque nos estrellemos al pedirla y comerla; que piensan que Paradores es “caspa”.


Mapa de la "resegmentación" de la etapa Alarcó
Y prefieren llamarles “Hoteles & Restaurantes” 1928, en letra que casi no se lea, aunque los extranjeros vengan a ellos dejando los hoteles propios. Y prefieren servir “Dry Snow Restaurant & Cocktail Bar”… con un único camarero o camarera eso sí. O los han conocido y amado tan poco, como para pensar que en una aislada casa solariega de la campiña portuguesa, en un plís plás ¡fíjate tú! como diría Millán de Martes y 13, puede nacer lo que lleva casi noventa años de trabajo, y que no han podido “cepillar” del todo por más que su gestión haya sido la que está siendo.

Sí, en mi opinión “paleto”, aparentón, desnortado y muy desconsiderando. Pues sería fundamental cuando se hacen cargo de puestos de tan opíparos emolumentos, prometer o jurar que, al menos, van a ser fieles a los principios fundacionales de la Red de Paradores, y van a seguir promoviendo los lugares, la cultura, la gastronomía, y el fomento y desarrollo de los pueblos de este país del que se les llena la boca pero luego vomitan. Y eso no pasa por hacer que comamos la merluza de Celeiro, por ejemplo y por muy buena que sea, en Andalucía, ni que nos traguemos al mismo tiempo sesenta piezas de artistas extranjeros, que en muchos casos, si no en todos, hasta llevarán derechos de autor.

Pero es igual, el gasto estará hecho, que supongo no será poco, pues “el proyecto” conlleva aparatos en cada Parador donde descargar pendrives de la banda (tengo algunos amigos en algunos Paradores que tenían encantados, y a coste cero, tanto a a los clientes como a sus compañeros con las adecuadas “playlist”, (como dicen ahora estos modernos), que hacían y ponían antes del “invento”, incluso oíamos los clientes música navideña en Paradores, no como este año): El caso es que ya está hecho y quizá hasta “fiturizado”, como "sandovalizado" está este año un "menú especial" que según el equipo de esta señora "busca aportar un toque de modernidad mejorando la oferta tradicional propia de la cadena... que en un plan de acción arrancará en los 26 restaurantes 'Especia' (no en todos, con esta señora siempre ha habido clases ¡faltaría más!) de la Cadena, que se caracterizan por ofrecer a sus clientes un servicio a la carta y personalizado... Según la presidenta de Paradores la meta.. es "recuperar la esencia (que la debe haber perdido ella digo yo) de la cocina tradicional de Paradores aprovechando el conocimiento y experiencia de nuestros cocineros...". 

Y por eso, ya según yo, en un gesto más de los muchos agraviantes en mi opinión durante su mandato con la gran familia de Paradores, le pagan a un cocinero foráneo a la Casa una suculenta cifra, como si Paradores no tuviese espléndidos Jefes de Cocina que, a pesar de su dirección, y de la merma de recursos de todo tipo que han causado en sus equipos de Cocina, no hubiesen conservado durante ochenta y ocho años la gastronomía que los clientes buscamos en ellos.
Una representativa parte de ella podéis seguirla, si es vuestro gusto, en una espléndida página de Facebook llamada "Un Comedor Abierto Permanentemente en Paradores". 

Y yo me pregunto si todo este despliegue de medios musicales y estrellados los hubiesen dedicado a remodelar la gran cantidad de Paradores que lo necesitan, y así lo piden los clientes e imagino que los gestores, a las Cocinas y al personal en general, no nos hubiese ido mejor? A ellos no, lo desconozco, ya se verá, pero considero que a los clientes y a los trabajadores sí. 
Àngeles Alarcó, presidenta de Paradores con Mario Sandoval, jefe de Cocina, en Fitur 2016, presentando el menú que según el equipo de esta, pretende "recuperar (en algunos Paradores) la esencia de la cocina tradicional de Paradores..". ??? Y detalle del estand de Paradores de Fitur 2015


Resulta extraño lo poco que parece haber querido aprender de Paradores, y traía aprendido Doña Ángeles Alarcó a pesar de ser ex esposa de Don Rodrigo Rato, un ex político con quien estuvo casada quince años y que en la época Aznar desempeñó la vicepresidencia del Gobierno de España e inauguró unos cuantos Paradores que aún tienen su nombre en una placa en sus puertas.

En fín, como decía mi abuela materna, "no hay peor ciego que el que no quiere ver" (y a mí que quiero, tienen que escribirme esto), y que "cada uno va a lo suyo". Considero que está muy a la vista que lo de la señora Alarcó Canosa no ha resultado lo nuestro, y en mi opinión que en Paradores su gestión junto a la de la señora Borrego, secretaria de estado de Turismo, y el señor Soria, ministro del ramo, han hecho tanto daño, como la de Rajoy en España.

Ahora lo que sería muy necesario, también en mi opinión, es que se fueran ya con la música a otra parte, que seguro que la encuentran, y pudieran sonar unas notas más acordes ya adecuadas con lo que tanto en Paradores como en este país necesitamos,
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