LA GRAN FAMILIA

LA GRAN FAMILIA

jueves, 24 de enero de 2019

“JUAN CARLOS SÁNCHEZ GÁLVEZ… (O DE LA GRANDEZA DE LA SERVIDUMBRE Y LA DISTANCIA DEL SERVILISMO”.


«Como el náufrago metódico que contase las olas que le bastan para morir;

y las contase, y las volviese a contar, para evitar errores,

hasta la última,

hasta aquella que tiene la estatura de un niño y le cubre la frente,

así he vivido yo con una vaga prudencia de caballo de cartón en el baño,

sabiendo que jamás me he equivocado en nada,

sino en las cosas que yo más quería..»


(Luis Rosales. Granada, 31 de mayo de 1910-Madrid, 24 de octubre de 1992).

Antes de proseguir este humilde artículo nacido de lo más profundo del cariño, soy consciente de lo denostada que está en nuestros días la palabra “servidumbre”. También lo soy de la rabiosa actualidad con la que cuenta la palabra “servilismo”.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define “servidumbre” como: “(Del lat. servitūdo, -ĭnis) Conjunto de personas que trabajaba en el servicio doméstico de una casa.”. Y de “servilismo”: “(Del lat. servīlis.) Que de modo rastrero se somete totalmente a la autoridad de alguien.”.”
De la segunda acepción no deseo escribir, está muy de moda en casi todos los ámbitos de la vida y desde hace mucho, y no tengo nada que descubrir sobre ella. Solamente la he citado por contraposición a la que me interesa, a la que admiro, aún a costa de que alguien pueda no entenderlo todavía. A mí la palabra “servidumbre” me parece grande y hermosa, y muy insuficientes las personas que ya desde mis 65 años les he visto practicarla con grandeza, sin resbalarse a la otra definición.
A estas alturas ya puedo comprender qué fue lo que me sucedió en Ávila cuando aún no era ni adolescente, y en unas colonias del franquismo, de vuelta de bañarnos en el río Adaja me llamó poderosamente la atención una puerta de un palacio, y me salí de la fila (a la que creo no haber vuelto) para intentar ver un poco más adentro. No pudo ser. Tuve que esperar unos años para dormir en el palacio solo una noche a cambio de bastantes sueldos míos.
No entendía el motivo de esa atracción tan grande en un chaval hijo de un padre gallego y de una madre alcarreña que, en el primer caso, después de la guerra incivil vino a Madrid para ser albañil, y una madre que después de acarrear mucho en su pueblo cerca de Molina de Aragón, de segar, trillar, etc., llegó a Madrid llena de sabañones para servir en la casa de unos “nobles” en la Gran Vía, y, entre otros trabajos, lustrar de cera, de rodillas naturalmente, salas y salas de tarima. Que después se encontraron en la Calle de San Mateo de Madrid, se casaron y juntos sirvieron durante treinta años a otras diecisiete familias de las que entonces, y me temo que ahora, en Madrid llamábamos “bien”. Guardo de ellas en general un espléndido recuerdo.
Hoy, a mis sesenta y cinco años, incluso hace ya bastantes antes, sé que lo que vi en aquella legión de mujeres uniformadas, con cofia, de hombres polivalentes para la tarea, de guardas, de jardineros, de recepcionistas, de mecánicos…eran madres y padres como los míos, que estaban sirviendo con orgullo de hacerlo, con excelencia y elegancia. Y sin rencor. No había causa, cada uno vivía de un trabajo, que hoy, desgraciadamente, no existe. Fruto de ese trabajo pude yo estudiar para servir -no me es ajeno que cada vez que pongo el verbo, sé que lleva a “servidumbre”- después de unos primeros años difíciles y de distintos estudios, nada menos que para ser servidor público.
En representación de toda "la gran familia" de Parador.
Algunos compañeros que me sabían y veían tan alejado del servilismo -tanto como puede quedar claro en muchos de los artículos de este mismo blog- no comprendían por qué yo siempre he estado tan orgulloso de practicar el servicio, la servidumbre pública. Y es que yo, además de a mis padres, hacía ya muchos años que había conocido una “gran familia” repleta de “juancarlossánchezgálvez”, en todos sus estamentos que cuidaba de los demás y de sí misma. Había visto ya algunos “comedores de familia”
La servidumbre bien practicada, bien entendida, ese conjunto de personas al servicio de una Casa, a menudo entienden, es imprescindible que lo hagan, que lo perciban, que durante gran parte de su vida están atendiendo a señores, a señoras, que probablemente los son mucho menos que ellos. Yo, por ejemplo, bajo el reloj de la Puerta del Sol, lo he vivido a diario. Pero es fundamental moderar el orgullo y la soberbia, y cambiarlo por otro tipo de orgullo de clase: El que mis padres me enseñaron aún sin intentarlo; el que amo profundamente en lo que les dejan practicar, en lo que pueden hacer todavía ese “conjunto de personas que trabajaba en el servicio doméstico de una casa…” llamada en este caso Red (pública) de Paradores de Turismo de España.
No deseo entrar en matices contemporáneos, pues para eso ya he escrito muchos artículos antes. Ahora, una vez explicada la servidumbre desde mi punto de vida (no me he equivocado por vista), solo quiero hacerlo de ese maestro en el arte de servir a una Casa en muchas Casas, que se llama Juan Carlos Sánchez Gálvez y de mí. No podría ser de otra manera; hablar de lo que no se conoce suele ser de necios.
Por muy pronto que conociera PARADORES me es imposible una biografía profesional de cuarenta años de servicio de Juan Carlos Sánchez Gálvez, y no es eso lo que pretendo; sus años en ene Parador de Granada son “mis años Juan Carlos”.
No es baladí ni mucho menos que el amor me llegara por primera vez hace treinta y siete años de la mirada, la mano, la voz, la sabiduría, el granadinismo de un paisano de Juan Carlos, que de no haber fallecido a los 35 años, ahora tendría 66 -como el Festival Internacional de Música y Danza de Granada-. Gerardo Velázquez Cueto había venido a Madrid, de alguna remota manera como mis padres, para poder encontrar algo que en Granada, por tamaño y otros aspectos, en los años setenta le resultaba muy difícil; y había venido sin poder, ni querer, despegarse jamás del recuerdo de sus tardes de estudio sentado en el poyato corrido de piedra del Palacio de Carlos V; después de un periplo extremeño llegó –siendo el catedrático más joven de su generación- a la capital, a un “Ramiro de Maeztu” (entonces solo de chicos) para enseñar literatura y lengua con esa lengua suya tan especial como inolvidable que, por ejemplo para decir grisecillo decía “gricesillo”, y “volaera”… y tantas cosas más que forman parte de mi diccionario vital y que me recuerda tanto Carlos Cano, sobre todo en su “Alhacena de las monjas”. Y entonces me encontró a mi (que como madrileño, sin darme cuenta “masticaba” las palabras).
Gerardo adolecía de esa “tontera enfadosa”, como diría él (ya sé que la RAE ya permite no poner la tilde en el pronombre, pero uno tiene la historia que tiene), que tienen tantos granadinos, y tantos españoles, que es la de no alojarse en algo tan maravilloso como el Parador de su tierra, justo por eso, porque está en su tierra, y él ya vivía en la Calle San Miguel Alta y “tenemos casa” como me decía. Pero yo soy bastante contumaz, y él siempre me lo agradeció infinitamente… la noche del 2 de julio de 1982 entrábamos juntos en ese Jardín del Parador en el que ya estará siempre.
Siento mucho querido Juan Carlos no habértelo podido presentar, era un gran granadino como tú, un gran servidor público, como tú, un gran humanista, como tú, pero los tiempos no ensamblaron.
A cambio, y nada menos, con esa otra persona con la que comparto ya desde hace veintitrés años un amor que no parecía tener parangón, hemos tenido la inmensa suerte de veros los tres juntos, de hablar juntos (Jesús sin “grisecillo” que en Tudela no lo dicen), y de ser muy feliz paseando con vosotros dos por el Jardín del Parador.
No fue baladí lo de Gerardo, pues cuando nos sentamos juntos, tú, Jesús y yo la primera vez en la terraza más hermosa de la Red de Paradores (y me atrevería a decir del mundo), como diría otro paisano tuyo: Miguel Ríos, lo tuyo -valga la redundancia- fue directo al corazón. Esa voz, la tuya, estaba ya pregrabada en mi vida, ese acento, esa calma, serenidad, tranquilidad, granadinismo… vocación digna de querer servir. Me recuerdo traspasado mientras compartíamos algunas croquetas, probablemente pensadas por alguien que ya no está tampoco, si no es paseando para siempre por el Jardín del Parador.
Me sentía unido a ti por encuentros y pérdidas grandes, o sea muy entendido. Y me sentía incapaz de hablarte de toda la Granada que llevaba dentro (aunque suelo hacerlo a borbotones) para que supieras que siempre fui y siempre sería de los tuyos.
No quiero extenderme mucho más. Soy un hombre de “pálpitos” y me empeñé hace unos meses en una reserva que iba a ser para después, con menos frío. Y menos mal, porque si no, no te hubiéramos podido abrazar en el Convento de San Francisco hace tan solo unos días, y darte “las gracias por todo”; y ese todo son cuarenta años de orfebrería de Paradores, de servicio y humanismo.
Tienen en PARADORES desde hace ya bastante, otra “tontera, pacata y enfadosa”, desde mi punto de vista naturalmente, y es no formar un “consejo de sabios” (que estoy seguro de que incluso no querrían cobrar más dietas que la de que PARADORES pudiera seguir siendo lo que ya no es) con personas como tú, a las que se pudiera recurrir una vez cada cierto tiempo para saber de PARADORES, de vocación de servicio, de formación de equipos en el humanismo, de respeto (que se puede decir no a mucho y muchos y seguir siendo humanista)... Los trabajadores y las trabajadoras sirven de mucha mejor gana, mucho mejor, más entregados, con más alegría, con menos miedo y con más cariño. Si alguien quiere comprobarlo que se dé prisa y se aloje, y coma en el Parador de Granada. Me decía un psiquiatra amigo cuando intentaba levantar cabeza tras la despedida del granadino, que la mente tiene un periodo mínimo de tres meses para empezar a “notar cambios”.
Es evidente que hay personas como tú que son insustituibles al frente, al lado, de un Parador, y máxime ese que se haya dentro del Generalife y la gloria de la hostelería mundial. Pero bueno yo tengo mi “catálogo personal” (¡que ya son muchas noches y muchos días en la Red!). Pero también tengo la seguridad de que ni la directora de recursos humanos, ni el propio presidente me van a preguntar; no me va a preguntar nadie realmente (aunque considero que no estaría mal preguntar a los clientes sensatos más frecuentadores y conocedores… en definitiva somos, o deberíamos ser el objetivo de la cuestión). Y tengo el “palpito”, y esto me da más miedo aún, de un cambio radical de estilo. Ojalá que no sea así. Espero que Fray Leopoldo de Alpandeire, o la Virgen de las Angustias me echen una mano… yo nunca he dicho que fuera creyente, pero tampoco que no lo sea. Además la de “…Las Angustias, la que habita en la Carrera, que a todos los granadinos les alivia de sus penas” está un poco obligada; que yo la he rezado mucho.
Saltando de aquella primera vez que nos vimos a esta última en el Parador hace unos días, quiero relatar una anécdota, una sensación, una vivencia interna que me emocionaba profundamente, y que es un poco la esencia de las torpes palabras de este escrito:
Jesús y yo formamos un matrimonio desde hace trece años, un matrimonio de hombres naturalmente. Y el protocolo (al que he dedicado buena parte de mi vida profesión intentado ayudar a “tarugos y tarugas egregios”) desde mi punto de vista es un tanto conservador, se ha quedado un poco rancio, y necesita mucho de la sensibilidad, del sentido común, de la “sabiduría de la servidumbre” para salir adelante. Pues bien cada vez que nos íbamos a sentar los tres juntos en los siempre poquitos ratos que hemos tenido la suerte de disfrutarte, tú, como una especie de ángel invisible me retirabas a mí un poco la silla para que me sentara. Y yo me preguntaba ¿Quién, qué “le dirá” a un hombre que ha recibido durante toda su vida a multitud de personalidades y altos mandatarios y mandatarias, que sea a mí y no al otro hombre al que aleje la silla un poco de la mesa?  Eres un maestro en hacer de la necesidad virtud querido Juan Carlos.
Te vamos a echar muchos mucho de menos, yo personalmente por muchas cosas; pero sobre todo si vuelvo a pasear el Jardín para ir a ver cómo marcha la Sophora tan necesitada de ti. Esa compañía no tiene sustitución. He decidido que para poder verte siempre en la que siempre será tu Casa, te dejo aquí enseñándola.
Y una vez escrito esto, nada me gustará más que la vida sea contigo tan generosa como tú lo ha sido con tantos. Y que rápidamente tengas la sensación de que no te has equivocado “…sino en las cosas que yo más quería..» como dijo Luis Rosales, porque tengas el tiempo para dedicarlo a ellos a ellas.
Con todo lo que queremos ambos, y el tiempo que hemos dedicado a PARADORES, cada uno a un lado, tú al trabajo, yo al disfrute de ellos, no me cabe la menor duda de que hay vida fuera de Paradores. A lo mejor tres meses como decía mi psiquiatra son poquito para cuarenta años, pero la hay, y seguramente porque lo atisbas has decidido tú mismo prejubilarte.
Y si en ella, en esa "nueva vida” Jesús y yo tenemos un trocito, habrá valido la pena aquella ruta que quedó interrumpida para mí el 30 de septiembre de 1987 y que reinicié en 2009 y espero poder completar.
 No se me ocurriría nunca creerme portavoz de otros clientes, pero estoy completamente seguro de que si algunos de ellos tuvieran como yo un blog dedicado exclusivamente a Paradores, también te darían las gracias. Yo me atrevo a hacerlo por ellos.

Muchas gracias Juan Carlos Sánchez Gálvez este “cliente”, seguro servidor, te querrá siempre.

"… al mirar hacia arriba,
vi iluminadas, obradoras, radiantes, estelares,
las ventanas,
-sí, todas las ventanas-;
Gracias, Señor, la casa está encendida!"
(Luis Rosales).

lunes, 17 de diciembre de 2018

“PARADORES, FELIZ NAVIDAD 2018... Y PRÓSPERO 91 ANIVERSARIO…”


Desde el mes de julio pasado en que cambió la Presidencia de Paradores ya han sucedido cosas que me gustan, y otras que no tanto, de las que me gustará seguir escribiendo en este blog que un día creara dedicado exclusivamente a la mítica e incomparable, y muy querida para mí, Red pública de Paradores de Turismo de España.
Habrá tiempo de ello y ojalá cada día sean mejores tras esa larga y triste etapa de seis años que comenzara en 2012, que dejé reflejada en algunos artículos como aquel “AmargaNavidad; imperdonable año… en Paradores también”. Pero ahora espero todavía con ilusión que toque otra cosa muy distinta.  
Y el motivo de este pequeño articulito realmente es una felicitación: Es que hoy es día 17 de diciembre de 2018, y dentro de siete (y para eso no hará falta que nadie llegue a acuerdo alguno, ni se convoquen nuevas elecciones), volverá a ser Nochebuena, que yo, si la vida no lo impide, habré visto sesenta y cinco veces de muy distintas maneras, y en los últimos siete años en un Parador rodeados de la gran familia de Paradores a la que tanto tenemos que agradecer. Entre otras cosas, la más importante: que PARADORES siga vivo y público.
En todas mis Navidades, primero sin uso de la razón, y después ya con un poco, hay un sentimiento que, primero sin el uso de la palabra, y luego ya con ella, he expresado invariable y emocionadamente: que es el del AGRADECIMIENTO a toda persona que durante el año me haya acompañado en presencia o virtualmente con buena intención en mi trayectoria.
Y esa palabra, en compañía de lo mejor que tengo, es la que quiero que sirva para felicitaros también esta Navidad: GRACIAS.
En cada Parador hay un árbol que también forman una red, un “bosque de acogimiento”. El que veis en la imagen es el del Parador de Cuenca, Convento de San Pablo, en una foto hecha hace dos semanas.
He elegido esta imagen para representar todo ese “bosque de acogimiento” porque bajo ese árbol yo encuentro un paquete muy especial: es un regalo de valor incalculable que no es necesario abrir porque somos muchos los que ya sabemos lo que contiene, y porque siempre contendrá lo mismo: Todo el cariño, el recuerdo, el amor, de todas aquellas personas que algún día pusieron un árbol junto a nosotros o para nosotros, que ya no pueden hacerlo en presencia, pero que nos seguirán amando siempre, impulsando y acompañándonos hasta el finas de nuestras vidas.
Un recuerdo emocionado para ellas, y un abrazo fuerte para vosotros.
(¡Ah, no os olvidéis de coleccionar muchas “sonrisas de chocolate” en  tazas en PARADORES para que puedan sonreír más muchas niñas y niños.

lunes, 24 de septiembre de 2018

PARADORES SE PERPETÚA…

Cuantas veces digo que PARADORES nunca morirá sé taxativamente que estoy diciendo la verdad. Si os animáis a leer este ejemplo que en absoluto es casual sino muy causal, a lo mejor podéis coincidir conmigo:

Hace ya algunos años, en mi correo de Facebook recibí un mensaje de un malagueño que sin conocerme me escribía porque mi interés y amor por PARADORES y su “gran familia” le habían llegado al suyo, al fondo de un corazón de persona sentimental como yo, y excelente (en este caso no debe de entenderse que como yo, me refiero a él).

Pasado el tiempo nos encontramos en una “cita a ciegas”, ya con Jesús incluido, en su tierra, Aunque tuvo Francisco que desplazarse hasta el Parador de Málaga Golf donde nos alojábamos después de terminar una ardua jornada de trabajo como son todas las suyas. Esa noche no cenamos con él, pues él no concibe su vida de ocio sin su querida mujer, y casi siempre sus dos hijos a los que les van transmitiendo desde que nacieron el amor por el conocimiento, la cultura, la buena educación y PARADORES.

Pero quedó en volver al día siguiente con Isabel, la gran mujer esperable teniendo en cuenta a quien habíamos conocido el día anterior; dos personas buenas en el más amplio sentido del término machadiano.


Algún tiempo después nos alojamos de nuevo en Málaga, esta vez en el Parador de Gibralfaro, y subieron a compartir con nosotros otra cena inolvidable. No sé si fue en esa, o en la anterior donde nos enteramos de que NOS HABIAMOS CASADO LAS DOS PAREJAS EL MISMO DIA Y A LA MISMA HORA, (ELLOS EN SU TIERRA, MÁLAGA, Y NOSOTROS EN LA DE JESÚS, TUDELA), JUSTO ESE DÍA ES HOY 24 DE SEPTIEMBRE, pero en 2005… a menudo la vida es causal.

En ninguna de las cenas -eran más pequeños que ahora, aunque ya eran unos perfectos clientes de Paradores- conocimos a las niñas de sus ojos, que son niños: Álvaro Y Antonio, por orden de nacimiento.


Y la causalidad de la vida de nuevo ha querido que eso se produjera hace unas semanas en “mi Parador”, en el “Raimundo de Borgoña”, en Ávila, donde me quedará atontolinado frente a su armadura cuando era casi como Álvaro hoy…

La emoción de verlos comer en su Restaurante Comedor con esa delicada educación en la libertad, la cultura, la comunicación y el amor que les transmiten día a día sus padres, me hizo reflexionar en lo diferente que había sido m llegada “infantojuvenil” al querido Parador, y que casi cincuenta años después estaba sentado a la mesa del mismo Parador de la infancia, el que me unió a “la gran familia”, con otra gran familia, y con Jesús, con quien hoy, como ellos hace 13 años que me casé.

Estuve seguro de que Álvaro y Antonio ya son sin duda ninguna dos espléndidos “raimundos de borgoña” por la forma que tienen de sentir y vivir lo mismo que vivo y siento yo.

En este caso, eso sí, con una gran diferencia: con la compañía de sus padres. Son otros tiempos afortunadamente, Paradores ya no es para una élite, los míos no pudieron acompañarme a ello, sino consentir, y agradecer ¿por qué no? que me llevaran a Ávila en el Colegio hace muchísimos años a unas colonias del franquismo para “engordarme” y que me diera el aire. Soy decantadamente de izquierdas, pero por eso mismo siempre sabré que en cualquier época de la historia habrá algo que respetar y conservar. Y el cuidado a la infancia –aunque la caridad cristiana no es la que prefiera-, la atención a quienes más lo necesitan, me parece tan respetable como exigible. Y más en estos tiempos de tanta pobreza infantil.


Cuando me vi con Álvaro y Antonio , los tres juntos, en la misma armadura, pude, de nuevo estar seguro, deque por muchas “angelasalarcocanosa”, entre otras y otros, que puedan –o dejemos- medrar- PARADORES CUMPLIRÁ CIEN AÑOS, PARADORES NO MORIRÁ, siempre existirán “francisco antonios, isabeles, álvaros y antonios” aunque yo incluso no pueda verlo, o sí. Pues si existe un paraíso tiene que parecerse mucho a un Parador, o para mí no vale.
 

(Dedicado a Francisco Antonio Cuenca, Isabel Martín, Álvaro y Antonio, con mucho cariño y esperanza).

martes, 31 de julio de 2018

“CAMBIO EN LA CÚPULA DIRECTIVA DE PARADORES”


“Porque fueron, somos. Porque somos, serán”

(aforismo de origen desconocido)
 Después de la moción de censura llevada a cabo, y cambio del Gobierno de España del Partido Popular por el Partido Socialista Obrero Español, y tras unos interminables seis años, que parecían ir camino de más, se ha producido el cese en la presidencia de la Red de Paradores de Turismo de España de María Ángeles Alarcó Canosa, ex mujer de Rodrigo Rato, y el de Rafael Lemes, herencia canaria de un ministro de Turismo que tuvo que dimitir antes por motivos harto conocidos. Desconozco si se han producido otros ceses en la cúpula directiva de la mítica Red pública hostelera, que, en mi opinión, alguno sería imprescindible para intentar volver a poner el Tejado de la Casa boca arriba, y volver a poner la querida y prestigiosa “P” bajo su resguardo y su excelencia.

La neoliberal y nefasta gestión de la señora Alarcó y los suyos, que comenzó en 2012 con un tan increíble como estúpido intento de vender la Red pública, continuó con toda una serie de amenazas de cierres de paradores, el cierre de uno de ellos, el cierre de numerosos restaurantes Comedores, un ERE que dejó en la calle a cientos de trabajadores y trabajadoras, y a la mayoría de la plantilla zaherida en sueldos, derechos, y condiciones de trabajo. Un ERTE que a pesar de haber finalizado no lo parece, un nutrido conjunto de externalizaciones, “pijas” y de las otras, una feroz centralización de casi todo, toda una serie de improvisados, y a menudo ridículos bandazos en casi todos los aspectos, pero muy especialmente en ese pilar de la Casa que históricamente ha sido su gastronomía, etc.


Todo ello mientras recibía hasta cinco millonarias inyecciones de capital público por parte del gobierno amigo, algún que otro “alivio”, y construía algunos paradores tan innecesarios como indignantes dentro de las condiciones económicas que, según ella, se encontraba Paradores.

Siendo el más representativo un “pseudoparador” de, creo recordar, 12 habitaciones (6+6) en la localidad orensana de Verín, en la Fortaleza de Monterrei, justo enfrente del espléndido Parador-Pazo de Verín Monterrei con más de cincuenta años de historia y excelencia, cerrando su inolvidable Restaurante, y dando la orden de que permaneciese también cerrado el Parador al público la mayor parte del año, supongo que para dar algún sentido a esa especie de “fotocol-fortaleza”, pretendidamente parador, insostenible, que casi puede tocarse desde las ventanas del legendario Parador de Verín… y no sé si dejando un larguísimo “lazo económico” entre Paradores y la Xunta propietaria de la Fortaleza  ¡En fin, las cosas de Doña “Gela” Alarcó Canosa y los suyos durante seis terribles y parecía que interminables años.

Pero si hay algo, además de todo esto, y también en mi opinión, que le proporciona a esta señora tener el honor de ostentar el título de la peor presidencia de la historia de Paradores, y en su 90 aniversario, es haberse marchado de la Casa, de las Casas, sin firmar un Convenio para los trabajadores (desde mi punto de vista, obstaculizándolo mucho), después de cambiar, creo recordar que en tres ocasiones, de Dirección de Recursos Humanos (y ahora del Talento), que las trabajadoras y trabajadores poseedores del talento llevan esperando y necesitando mucho, casi diez años.

No deseo entrar en el perjuicio que a los clientes, que es lo que yo soy, ha ocasionado todo esto, esa larga campaña contra la calidad, amabilidad y leyenda. Y no lo deseo hacer porque he estado seis años viendo cómo los trabajadores luchaban, (y luchan), para que los efectos de esta señora y los suyos no hundieran más lo que no ha conseguido que dejaran de sentir como suyo, como nuestro, que realmente es lo que debe ser el patrimonio español. Y cómo, realmente, ha sido el esfuerzo y el penar de la plantilla, lo que ha salvado los muebles que van quedando.
(Foto: Paradores)

El pasado día 25 se produjo pues, tras el cambio de Gobierno, el nombramiento de Oscar López Águeda como Presidente-consejero delegado de Paradores, y el de Susana de la Rubia Gómez-Morán como Directora General de la Red.

Me consta que somos muchos clientes, y también muchos trabajadores, los que esperábamos, o más bien aspirábamos, a que, esta vez, no fuera en un político mediático en quien recayera la presidencia de esta, como yo llamo afectivamente, a Paradores “bombonera” del Estado. Que si lo hago es, precisamente por el historial de “premio” que viene teniendo ese puesto tan excelentemente remunerado de recaer en personas muy próximas a los presidentes de Gobierno, independientemente de que hayan trabajado o no el turismo, la hotelería y la hostelería.

Desafortunadamente, y a pesar de mucho trabajo, y mucha esfuerzo técnico durante muchos años, opino que no se ha conseguido vincular al pueblo con PARADORES, que sigue pensando que es “cosa de ricos” y de “pijos”, y que es todo muy caro en ellos. Y eso no responde con la realidad. Respondió ¡vaya que si lo hizo durante una gran parte de sus 90 años de historia! pero actualmente ya no es así. Salvo contadas excepciones, y con la previsión y organización personal necesaria, y las continuas ofertas que la Red propone, es facilísimo pagar más, y por descontado comer peor, en cualquier hotel de similar categoría oficial. Y no digamos ya en cuanto a la atención por parte de sus empleados, su gran valor junto a los edificios; eso no admite ni a comparación, porque, entre otras cosas, los paradores no son hoteles, y aún mucho menos (aunque ahora lo parezcan bastante) los “hotels&restaurants” de la señora Alarcó y Canosa.

En este sentido de “premio” que digo, escribe en estos días el País en su edición digital como anécdota que algunos de los aspirantes a cargo “…graciosos que saludan cada cambio de Gobierno al grito de “¡me pido Paradores!”. No deja de ser una anécdota, pero no deja de reunir algo de realidad.

Por otra parte, esto no quiere decir, ni mucho menos, que el hecho de que sea un político quien desempeñe el cargo de la presidencia de Paradores, sea igual a que sea malo para la Red y sus trabajadores y clientes. Todo dependerá de cómo lleve a cabo esa responsabilidad que supone estar al frente de "uno de los instrumentos de política turística del Gobierno", como ha expresado el nuevo presidente, al mismo tiempo que ha dicho "empezar esta etapa con ilusión".

En relación con los clientes, ya se verá, pero desde luego en lo que respecta a los trabajadores y las trabajadoras tiene que mejorar “per se” a la etapa de Doña María Ángeles, simple y llanamente porque este presidente se denomina, y pertenece, a un gobierno progresista, que además lleva en su siglas la “O” de obrero.

Pero hay algo muy importante, en lo que yo al menos tengo fundamentadas esperanzas, y es que eso que he pedido tantas veces de que se dé paso, escucha, voz, a los técnicos, a los que realmente saben de qué va Paradores  y se trabajan en los establecimientos (en todo hay excepciones naturalmente) de la Red y su sentido de existir que son sus clientes y el patrimonio del estado, esta vez en el cargo de directora general, puede hacerse realidad porque ya fue “mujer de Paradores” fue en tiempos de otro gobierno socialista, el de Felipe González, e incluso en el de José María Aznar creo recordar. Y lo fue en un puesto muy destacado en los Servicios Centrales de la Red, y después en la dirección de esa preciosidad en forma de castillo y magnífico Parador que es en la actualidad el de Jarandilla de la Vera (Cáceres). Y también fue directora comercial de Paradores en Canarias. Es decir técnica y conocimiento existen, cariño supongo que mucho también, y conoce la Casa desde "la moqueta" y en "los mostradores".

(Foto: Paradores)
Si el presidente gestiona ese “instrumento de política turística del Gobierno" a favor de Paradores, y por tanto del país y su ciudadanía, de sus trabajadores y de sus clientes, y deja que el elemento técnico (el que sirva para ello) haga lo que sabe, y se desprende de "amiguismos y herencias" estaríamos ante un cambio realmente.

Y esa es mi mayor ilusión, y así se lo he pedido desde mi postura de chico humilde, casi pobre, perplejo ante una armadura en Ávila, en los años del franquismo, hasta mi actual ruta entre “la gran familia” tratando de ilusionar mis días ya (creo qu puedo decir) en “la tercera edad”.

En su “entrañable” carta de despedida, la señora Alarcó y Canosa exponía refiriéndose al nuevo presidente: “…Le deseo los mayores éxitos en su etapa, en la que pondrá su granito de arena, y a la que estoy segura llega con renovada ilusión y para continuar con la MISIÓN de Paradores. Estoy segura también que la frase que aprendí en esta casa: “Porque fueron, somos. Porque somos, serán”, seguirá dando aliento día a día, a los más veteranos y a los más jóvenes, en la gran responsabilidad de formar parte de esta fantástica Red, que este año cumple 90 años…”  ¡Toma castaña! y perdón por la expresión, ¡Manzanas vendo que para mí no tengo! (¿Qué será para ella "la MISIÓN de Paradores"? Supongo que llenar las huchas de "los negritos" de mi infancia, para el tercer mundo, no).

Aunque la conozco, no es de caballeros expresar la edad con la que la señora Alarcó  llegó en 2012 a la sede de Paradores en la Calle de Requena, que desgraciadamente vendieron, pero en cualquier caso era ya una edad avanzada. Y si llegó ahí sin haber oído antes esa frase de“Porque fueron, somos. Porque somos, serán” , lo único que deja claro es que había oído y leído muy poco.

Simplemente conque hubiera visto por la televisión la polémica que organizó su “compañera de filas” Alicia Sánchez Camacho en la sesión constitutiva del Congreso el mes de enero de 2016 desde la mesa presidencial, cuando en su juramento como diputado añadió esa misma frase Iñigo Erejón, ya la habría conocido. O si se hubiera leído algún lema (un lema es una frase que expresa la intención de un grupo de personas) hubiera visto que uno de los de la Comunidad Valenciana es: “Perquè fórem, som, i perquè som, serem”… ¡En fin! Desde siempre me he sentido atraído por algunos aforismos, y este ya lo escuchaba hasta cuando me llevaban a los campamentos de la OJE, donde tampoco debió oírlo (en la Sección Femenina en ese caso) la señora Alarcó, pues somos casi coetáneos.


Mira por donde tuvo que llegar hasta PARADORES (o leerse algún librito de aforismos, si es que escribió ella la carta) para colocarlo en tal momento después de la humillación larga y general a la plantilla.

Estoy de acuerdo, esa frase puede reflejar, y condensa la esencia  (y no me refiero a los ridículos nombres de los menús “sandovalizados” ni la tontas placas segmentarias de las puertas de los monumentos) de la gran familia de Paradores.

Pero realmente ella, en mi opinión y sospecha,  debió de oírla antes de llegar a PARADORES e invertirla para convertirla en “el catecismo” de su gestión ¡Y mira que se lo han puesto difícil los trabajadores!:

“Porque fueron, seguís empeñados en ser. Porque yo he conseguido llegar hasta aquí, ya no serán”.  Y empezó, contundentemente, por querer venderlo todo, y cuando no pudo, por borrar del mapa de Paradores la formación (acción imprescindible para que nadie continúe siendo ni aprenda a ser), intentó externalizar hasta la goma de borrar... Y puso en el logo y en los establecimientos, y en todas partes, el Tejado (frontispicio) de la Red boca abajo, pues como se sabe es la mejor manera de que una casa se hunda.

Vamos a ver si pudiéramos, entre todos, y cada cual desde su lugar, borrar  "los desahogos" de esta señora y los suyos, y sus consecuencias, y volver a poner el Tejado boca arriba y a sacar brillo limpio a nuestra "P".
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