De niño fui a unas colonias en Ávila para párvulos delgaduchos.
Volviendo de bañarnos en el río, vi en la puerta de una Casa preciosa, una armadura que me asustó y me atrajo. Me quedé embobado mirándola.
Me contó mi maestro qué Palacio era, le llamó Parador. Nació en mi una ilusión. Desde entonces soy amigo íntimo de la armadura de la entrada, me hago llamar "raimundo de borgoña", vivo enamorado de ese tesoro español llamado "PARADORES", y para compartirlos con vosotros estoy aquí...
("De niño fui a
unas colonias en Ávila para párvulos delgaduchos.
Volviendo de bañarnos
en el río, vi en la puerta de una Casa preciosa, una armadura que me asustó y
me atrajo. Me quedé embobado mirándola.
Me contó mi maestro
qué Palacio era, le llamó Parador. Nació en MÍ una ilusión. Desde entonces soy
amigo íntimo de la armadura de la entrada, me hago llamar "raimundo de
borgoña", vivo enamorado de ese tesoro español llamado
"PARADORES", y para compartirlos con vosotros estoy aquí...
Enrique Vales Villa.)
Ese texto
entre paréntesis de arriba es la presentación que figuraba y figura en este
blog que inicié hace nueve años, por amor a PARADORES y a su “gran familia”,
cuando hacía tres que Jesús, mi cónyuge, por sorpresa, en 2009, me había
llevado desde Rosal de la Frontera (Huelva) hasta la puerta del Parador de
Zafra (Badajoz), pues sabía que en otra etapa de mi vida PARADORES había sido
muy importante junto a otra pareja mía que, desgraciadamente, falleció joven, y
que, y que quise dejar cerrada ya mi ruta en PARADORES para siempre.
Cuando por
sorpresa me encontré con una reserva en el Parador de Zafra, tenía yo ya 56 años y
46 la persona a la que le veía la ilusión en los ojos de que me decidiría a
hacer otra ruta a su lado y por amor. Hacía entonces catorce años que el destino
nos había unido y cuatro que nos habíamos casado. Cuando esto escribo llevamos
conviviendo veinticinco años, y hasta hace uno, juntos, nos hicimos la Red
pública de Paradores, y repetido muchos muchas veces. Ha sido el mejor regalo que me ha hecho en la vida... a su lado naturalmente.
Desde este
blog, desde otras redes sociales, probablemente con la fototeca, la nuestra, más
grande que pueda existir sobre Paradores (desde luego en las redes sociales sí)
he/hemos sido un canto de amor a la Red pública, personificado en su “gran
familia”. Sus trabajadores y trabajadoras, y en sus edificios, que son los dos valores
que a lo largo de la Historia han venido “haciendo” y sujetando PARADORES. Por
ellos y por ello, hemos vuelto cientos de veces en tan pocos años. A ello le
hemos dedicado el capital económico más cuantioso destinado a nuestro ocio.
Yo he
trabajado hasta mi jubilación bastante reciente con y entre políticos y políticas,
que son los que han mandado siempre en PARADORES, junto con los altos y altas
cargos que sientan en su Presidencia y Servicios Centrales, y he ido constatando,
incluso en todos esos años antes de 2009 en los que no volví a PARADORES, cómo
iban deteriorado la Red pública mientras ésta daba pingües beneficios, para quienes
los recibiesen claro, y cómo cada vez eran peor tratados en sus derechos y sus sueldos
quienes, realmente se los trabajaban y menos cobraban.
No obstante,
con todo el amor a PARADORES y a Jesús, decidir volver a traspasar la puerta del
de Zafra en 2009, y hacer la inmensa ruta, relato cálido y sincero de ella, e imágenes
(cualquier persona que tenga algo de interés por ello, puede verlo en las
distintas opciones del margen derecho de este mismo blog) y conocer a tantos
profesionales que nos han tratado tanto y tan bien en la misma cantidad que hoy se lo
agradecemos, les queremos y echamos de menos; fue un acierto, un placer y un recuerdo
ya inolvidable.
Mucho más
penoso fue, sin duda, cuando en 2012 comenzó la nefasta y neoliberal gestión
de la Red que presidió durante siete años Doña Ángeles Alarcó Canosa, ex esposa
de D. Rodrigo Rato. Y también que, a pesar de haber cambiado en siglas en 2018 el signo
político del Gobierno del país y los de la Red pública por tanto, sus máximos gestores continúan en la actualidad,
si cabe, haciendo una gestión más neoliberal en lo que respecta a trabajadores y trabajadoras, y en mi opinión una “política cervecera” inconcebible en otro
tiempo, y no digo ya en el actual de una pandemia devastadora: intentar llenar los
paradores de una u otra forma, a costa de lo que sea, convirtiéndonos
peligrosamente al país en un recogedor de lo que en otros países europeos no
hacen de esta forma ni nos recogen a nosotros, y por tanto, tampoco tienen –aunque la pandemia sea
pandemia- las mismas consecuencias.
Y aquí llega
el desamor y el dolor: Cuando la misma persona que por amor me puso en 2009 en
la puerta del Parador de Zafra por amor, y con amor acepté, y le contagié el “virus
de PARADORES”, tras haber sufrido en 2014 una nefasta intervención quirúrgica
que, entre otras cosas le dejó convertido de forma crónica en una persona de
altísimo riesgo y vulnerabilidad ante muchas cosas, la pasada primavera,
mientras el pais comenzaba unan desescalada tan vergonzosa como premeditada, PARADORES comenzaba a hablar de ¡“Paradores más seguros que nunca”!
(todavía no se habían hecho con tantos “premios de seguridad”), con su movilidad
muy cercenada, Jesús me propuso como alivio a tanto revés, reservar-y reservó- (sumando al las muchas que ya teníamos) unosdías para mi cumpleaños (22 de julio) y para
el suyo (6 de agosto), y yo tuve que intentar, entre la rabia y la pena, convencerle
de que todo eso que él pensaba no iba a ser cierto: que el hidrogel, las
mascarillas y el "marketing" a gogó no resolvían el problema y menos con unas tarifas devaluadas de
forma tam improvisada como inconcebible, con una plantilla tan exigua como mal tratada, y con toda una serie de estrategias políticas oportunistas
pero no oportunas, arribistas incluso a mi modo de ver, que iban a terminar en cualquier cosa tras el verano, menos
en lo que él buscaba en PARADORES.
Y no es que sea tonto, ni mucho menos, todo
lo contrario; simplemente era y es muy necesitado de seguridad real, no de campañas improvisadas y a la orden,
de marketing y ambición, y sobre todo su trabajo durante 32 años había sido
educar a mujeres y hombres de bien, y para el bien, en las aulas, no trabajar
en “la moqueta de la política” como yo. Y aunque esa misma “moqueta” le haya
puesto difícil no pocas veces su labor docente, al fin y al cabo un profesor
decente dentro de su aula tiene casi tanto margen de maniobra en esa hora
lectiva como un presidente de gobierno, pero no llega a enterarse en primera línea de los despiadados y deshumanuizados entramados de las poltronas. Sí a sufrirlos, claro.
Lloré,
cuando según él mismo iba comprobando, iba anulando “las reservas salvadoras”
una a una. Incluidas las del 22 de julio y el 6 de agosto naturalmente. Y hoy en lo que
respecta a la seguridad de PARADORES y el verano 2020, desgraciadamente ya sabe
tanto como yo.
Soy
consciente de que si alguien lee este artículo puede pensar: pues yo estuve y
no pasó nada. Entre las muchas cosas en que PARADORES es experto en su historia
es en el silencio de su máximo valor: sus trabajadores y trabajadoras (ese premio no se lo han dado todavía, no sé si existe). Por ello
no voy a recomendarles que les pregunten a ellos, a las trabajadoras y trabajadores, cómo han pasado el verano y "flecos" y
qué ha pasado en el verano en su Paradores. Pero mis mayores me transmitieron que
la nobleza con los demás, si no de todos, consigue correspondencia noble, y yo sí lo
sé. En muchas pero que muchas ocasiones sé lo que ha sucedido con trabajadores,
trabajadoras, clientes, etc.
Podría
decirme algún o alguna advenediza lumbreras del “marketing”, interesados claro, y seguros por
supuesto del silencio miedoso de la plantilla que tiene que comer y vivir, que
si lo sé que lo denuncie. No es mi labor. Afortunadamente estar seguro de ello antes de que sucediera, y de las cifras de contagios y muertes que pudimos ver luego en general en el
país, me sirve hoy para paliar el dolor que me supuso ver la tristeza en la
mirada cuando intentaba convencer de que no era seguro ir a PARADORES a quien
en PARADORES tengo miles de fotos con su mirada alegre.
En estos
momentos (antes de proseguir el artículo) procedo a simular una reserva exactamente igual a las que hemos hecho
cientos de veces, en un Parador al que hemos ido varias; la busco para el día
22 de julio, fecha señalada, como el año pasado; siguen llamándola “Días
Dorados”, es decir, hay que tener más de 55 años para poder hacerla, yo tengo
casi 68 y mi cónyuge diez menos –los dos estamos en el tramo-; la hago en doble
superior y en “media pensión”, que es lo que solíamos hacer antes en más del
90% de las ocasiones (cuando variábamos era para arriba, para encarecerla, de
no ser que el Parador no ofreciese más que la posibilidad “estándar”). El
precio noche que pagaría si realmente tuviera la intención de realizar la
reserva sería de 220 euros (a los que en mi caso, a la hora de pagar, nos
descontarían el desayuno pues tengo una tarjeta que dan a las personas que son
muy fieles a Paradores y se gastan mucho dinero en ellos, que bautizaron como "Círculo" y tambien 717 puntos sin utilizar).
Y la única
diferencia que encuentro, además de permitirme hacerla en cualquier Parador
como dando por hecho que van a repetir el verano pasado (porque de vacunas
para qué hablarles, ya oirán ustedes las noticias supongo), es que hay una nota
que pone exactamente: “En aplicación de las medidas de prevención frente al
COVID19, hemos reducido nuestros aforos, por lo que será necesario hacer
reserva a su llegada para los servicios de desayuno, almuerzo y cena.”.
Bueno, pues
justo de esto, con que les hablaran de ello los trabajadores y trabajadoras de
Paradores, y de la gestión de la responsabilidad no ya de la Red sino de
nosotros mismos: los nuevos clientes, por ejemplo en el uso de las piscinas, etc., ya
sería suficiente para que no hiciese reserva ni en el Parador que simulo ni en
ningún otro. Eso sí, esta vez ya no hace falta que le diga a Jesús lo que va a
hacer PARADORES, ni, aun más, en lo que desde el verano pasado, y ya para
siempre, va a quedar convertido PARADORES, bajo la apariencia de un “tejadillo”
que, a duras penas, (y eso sí con mucho autobombo mediático y de cartelitos caros), ya casi no puede tapar lo que no
debería de haber dejado de cubrir nunca. La “nueva normalidad” ha “facilitado”
y no desagradablemente para algunos –no me refiero a su estresada plantilla humilde, claro- “el
nuevo PARADORES”.
Y ese nuevo
PARADORES es el que me proporciona el título de mi artículo; mi edad, y nuestra
situación no puede ser “dorada” por más purpurina con la que repinten el tejadillo en las condiciones
de gestión actual de la Red pública. Y en ningún caso, segura. Paradores ya no
es para mayores: somos personas vulnerables y los de alto riesgo más, y sin las
vacunas que anunció Maroto para el verano muchísimo más. Paradores no es para
viejos y aún menos con sus dolencias y sus necesidades.
Puede ser que a base de insisitir y de intenntar "estrategias vacunatorias" con lo poco ( y ahora puesto en duda) que tienen, consigan ese "pasaporte vacunatorio" para determinados grupos nueva y demagógicamente, pero no nos están vacunando, o lo están haciendo ínfima y desorganizadamente (no deseo entrar en "vacunagates autonómicos") a quienes más los nevesitamos, esa es la realidad. Ya nos han dicho también que ese "pasaporte para la libertad" no va a ser discriminatorio, pero es que si algo llevo viendo en la comunicación político-mediática en España, para acercarme un poco a la realidad de lo que sí va a suceder, es prestar mucha atención a lo que los que mandan dicen que no va a suceder. Acordémosnos de hace un año con la pandemia; el experto señor interlocutor y otros, no hay que ir más lejos.
Pertenezco,
pertenecemos a ese grupo amplio de mayores que, sin ser ricos, ni mucho menos (los
ricos no van a Paradores hace ya mucho tiempo), hemos sujetado la Red pública
en invierno a base de tarifas como la que hace algún párrafo he citado, y más altas, además
de, por supuesto, ir también en primavera, verano y otoño. Y eso lo hemos hecho
con nuestros modestos sueldos, nada parecidos ni por el revés al de los mandatarios de Paradores. Y justo cuando más falta nos hacen, nos echan. No de facto lógicamente, sino
con un si quieres ven y ya verás con lo que te encuentras.
No me ha parecido mal nunca como una manera de publicidad, de "marketing" el invento de fantasmas del pasado en algunas habitaciones de PARADORES. Ese susto da morbo al alguna gente, pero no muerte. Yo nunca me lo he creído y ya está. Sin embargo ahora sí me creería con tanta densidad poblacional veraniega "descolocada", y tanto cierre permietral posterior, cosas muy duras, incluso que algún o algunos clientes, sin ser fantasmas, haya tenido que pasar su cuarentena entre sábanas de la habitación de un Parador en el que, (no desconfío de la intencionalidad de la gente), entrasen sin conocer su estado. Y la verdad es que como en "Haloween", pero de verdad, ahora si me cuesta elegir entre "susto o muerte". O más tradicionalmente, como en mis juegos de niño entre "la bolsa o la vida".
Naturalmente
en alguien que como en mi caso PARADORES ha formado parte de lo más importante
de mi vida, todo esto ha ocasionado una herida grande, de mucho más dolor por
amor al de al lado que el propio. Una herida que, como casi todas, si
sobrevivo, generará cicatriz, con toda seguridad cicatriz queloide.
Pero eso no
es lo peor; lo más doloroso es que “al niño que vio en la puerta de una Casa preciosa,
una armadura que le asustó y le atrajo…” le han roto, a base de estrategias lamponas
de mogollón, grasa y cerveza, el "juguete", la ilusión. Me la han matado.
Y eso ya sí
que no tiene vuelta atrás. La muerte como en el caso de mi primera pareja, la
que me acompañaba en mi primera ruta por Paradores, no tiene remedio. Y mucho
menos cuando ves encerrado en casa un año seguido por falta de seguridad a la
persona que más quieres, la que gestionaba todas nuestras reservas y todos
nuestros destinos. y que, inocentemente, pensó en la primavera pasada, que
PARADORES iba a ser seguro para mí y para él.
No fue así,
como tampoco lo fue en Navidad. Y mucho me temo que tampoco lo va a ser este verano. Y lo que es peor, lo que sí doy por seguro, como ya hemos visto las consecuencias, porque lo que no hemos visto es la vacunación necesaria, es otra mortífera ola que le pondrán el número que quieran.
No tengo ya
padre lamentablemente, y tampoco tengo hijos, pero lógicamente, si tuviera una
cosa u otra, ni le regalaría una estancia en Paradores para el Día del Padre, y
mis hijos ya sabrían que no era un sitio seguro para que me la regalaran a mí.
Aprecio
mucho a “la gran familia de trabajadores”, a la que aguanta el tirón por muy poquito dinero en
los establecimientos, no a quien dirige, preside y obedece desde la política central qué estrategias
se van a realizar a costa de lo que sea y quien sea, y deseo que, si algún día se hacen con
la pandemia, o mejor dicho se deshacen de ella, puedan volver a tener clientes de los que sujetaban PARADORES en
invierno y con las mismas tarifas. Y si puede ser de todos los colectivos, mejor. Aunque es posible que, acostumbrados a otros precios, no quisieran ir.
Pero la “gran
familia de Paradores” sabe muy bien que aquellos fidelizados éramos “viejos”. Y PARADORES ya
no es ni para ellos como trabajadores, ni para nosotros como clientes.
“La ministra Reyes
Maroto asegura que los viajes nacionales podrían volver en Semana Santa. Reyes Maroto apunta
que la inmunidad de rebaño frente al coronavirus se espera en España para
verano…César Carballo (Adjunto de
Urgencias del Hospital Ramón y Cajal) estalla por las palabras de la ministra
Maroto: "Hay que tener poca vergüenza para vender como un éxito la gestión
de la pandemia… El médico ha cargado contra las palabras de la titular de
Turismo e Industria, recordando que aún estamos sufriendo lo peor de la tercera
ola, y ha pedido pensar ya en la cuarta ola… Hay que ver si la ministra
(Maroto) ha venido a otra cosa que no sea calentar el sillón y empieza a tomar
decisiones estratégicas que pueden cambiar el curso para que en Semana Santa no
tengamos la cuarta ola", ha reclamado, asegurando que "estos mensajes
de que vamos a empezar de forma segura hacen mucho daño"."
PARADORES; GENEROSIDAD PELIGROSA… “MAROTO SIEMBRA LA TIERRA QUE NO ES UN COTO…”
Hace muchos
años y han sido muchos también los que he sentido contento e ilusión porque
PARADORES fuese una empresa pública, del Estado, que sirviera para preservar patrimonio
nacional, proporcionar numerosos puestos de trabajo (no funcionarios, no confundir),
fomentar el turismo y la imagen del país, y hacer bastante felices a quienes
han y hemos podido colaborar aojándonos en sus establecimientos.
A los que
más nos hemos alojado; es decir a quien más dinero hemos gastado en ellos nos
llaman “Clientes Círculo”, y nos “distinguen” por una Tarjeta de Amigos de
color distinto, y descontándonos de la cuenta los desayunos, y el garaje cubierto cuando lo
hay.
Y hace algo
menos de un año (lo va a hacer nuy pronto), que personalmente siento vergüenza,
indignación y una tremenda desconfianza por la gestión política de esta empresa
pública. Y cuando digo gestión política, no me refiero a la que pueda emanar de
su presidente (o equipo inmediato) que, personalmente, tengo la sensación, la intuición, o quizá
algo más, de que si por él fuera, en este momento una enormidad (casi 100) de
establecimientos prácticamente vacíos de clientes, y no suponiendo por tanto
más que riesgo sin ganancia, estarían cerrados, en lugar de tener a las
plantillas, en su mayoría, mano sobre mano, y arriesgándolas a lo que, nadie
dudará ya, lleva tiempo produciéndose.
Siempre he
pensado que hay alguien –que se muestra muy poco o no se muestra- por encima de
él que debe pensar que lo que no se cierra, no se tiene que abrir y así ¡vamos
tirando, nadie se da cuenta y en la Semana Santa, nos montamos otro “verano del
20” en plena pandemia…, oleando que es gerundio!
Leyendo y
escuchando éstas, desde mi punto de vista también, desvergonzadas y vergonzantesdeclaraciones, es lógico y fácil comprender la trayectoria de la empresa
pública PARADORES desde que reabrió en junio pasado en una precipitada, errática
y forzada desescalada gubernamental que nos ha traído en muchos aspectos, y por
supuesto en el sanitario, a donde estamos. Una verdadera vergüenza para un
cliente de PARADORES, una verdadera tragedia para un ciudadano. La muerte y el
negocio no son una buena asociación salvo paras las funerarias, y, desde mi
punto de vista, la señora Maroto con sus declaraciones nos da un susto de
muerte cuando nos habla de negocio.
Tampoco resultan en este durísimo momento de la pandemia para trabajadores y trabajadoras que no llegan en su inmensa mayoría a cobrar 1.000 euros al mes, a los que deben atrasos, a los que no han aplicado aún la subida del 2%, sin poder cobrar prima de producción, tener que leer cosas y cifras como estas: "Pardores pagó 185.000 euros en dietas a sus consejeros, entre ellos el ex jefe de Rede Sociales del PSOE", o Jaime Díez Bermejo, asesor parlamentario de la propia Maroto. Después de los neoliberalismos de la anterior presidenta, Ángeles Alarcó, ex mujer de Rodrigo Rato, muchos trabajadores y muchos clientes esperábamos ansiosos un cambio de rumbo de un Gobierno que se dice progresista.
Mientras en
China, que ya saben muchísimo de cómo parar la pandemia, y lo han demostrado, empiezana realizar test anales para detectar la COVID-19 y alegan que son más precisosque los nasales, (pues aseguran que los rastros del virus que se encuentran en
el ano pueden durar más que en el tracto respiratorio), en una España sin las vacunas imprescindibles, sin saber cuándo o si las va a haber, intentando hacer el “milagro”
de los panes y los peces”, dividiendo dosis, y sin saber si protegen bien y si
no qué le vamos a hacer, con comunidades pidiendo que se vacunen antes a los
taxistas y a los camareros -tengan la edad que tengan- que a los mayores y
personas de riesgo, en esta España de la desolación se “reincorpora” la señora
Maroto, y comienza, en mi opinión, larvadamente, la campaña de Semana Santa 2021
con desahogo y sin peineta. Se habla mucho, y con razón, de la presidenta de
la castigadísima Comunidad de Madrid, pero está claro que no pertenece a una escuela
exclusiva.
Y yo me
pregunto: ¿no sería mejor que la ministra Maroto hiciera unas declaraciones
distintas, basadas en la realidad, que nos contara la verdad; que nos diera
cifras de la cantidad de personas que están no yendo a Paradores desde que
terminó el “infectado verano español”; cifras de cuántas bajas y contagios se
han producido y están produciendo entre la “gran familia de Paradores” a cambio
de tan poco?
¿No sería
más noble que nos dijera por qué no hace una gestión digna con los trabajadores y
trabajadoras para que puedan seguir viviendo con la ayuda del Gobierno, de la
empresa pública, es decir del dinero de todos, de donde también cobra ella y no
poco, hasta que PARADORES pueda realmente ser seguro?
Pero cuando
la llaman al orden por sus infumables declaraciones, matiza: "si se dan
las condiciones de seguridad". Ah¡ Pero ¿quién decide en España las
“condiciones de seguridad” en PARADORES? ¿De qué va de nuevo? ¿De poner
al alcance de la mano mascarillas quirúrgicas para que vaya cogiendo la gente, d unnas mascarillas reutilizables con una "P" para trabajadores, de unas mamparitas en
recepciones, de algo más de distancia, y litros de gel hidroalcohólico, y
mucho, mucho, mucho“cartelito”,
dibujitos a gogó, demagógicas y eternas tarifas por los suelos para que “se
animen” determinados colectivos tan diezmados como mal tratados, y para que
viajen los propios empleados… si pudieran? No, por dios, eso ya ha demostrado
ser espantoso en la hostelería y en España; reitero van más de 90.000 “muertes…
no oficiales”.
Nací en
Madrid, desde hace ya años muy a mi pesar ¡quién me lo iba a decir! Y también
conocí muy bien la Asamblea de Diputados y Diputadas de mi tierra, de la que
fue diputada la señora Maroto desde junio de 2015 a junio de 2018: ¡tres
añazos!
No nos
ofendan más, por favor. No nos asusten más, que ya lo estamos bastante con los políticos
y políticas que estamos sufriendo. No nos proporcionen más “Viernes de Dolores”
pero de verdad. Si no van a hacer otra cosa por nosotros, por lo menos háganlo
en silencio como tantas otras cosas que, seguramente, no nos cuentan cuando no necesitan nuestro dinero. Que no tengamos que soportar el descaro y
el desahogo de estas declaraciones ministriles multiplicadas en los informativos
Y, por cierto, que tampoco tenga yo que volver a soporttar, que van dos veces, que alguien que, si no es preciso, prtefiero no mencionar, de la Dirección de Comunicación,
Marca y Sostenibilidad de Paradores con bastante descaro, falta de ingenio, y sobra de oportunismo, me pida que retire un tuit o un comentario en Instagram cuando, en el
uso correcto y bien educado de la libertad de expresión expongo, un poco, solo un poco, de la verdad que conozco.
Siempre he
sido una persona muy agradecida, y por tanto agradezco que entre las
tropecientas ofertas-cebo que realizan sin cesar desde la Red pública, como no hemos ido a PARADORES
desde hace casi un año (la última vez fue el 14 de febrero al Parador de Zamora pues ya
vimos en el país lo que, al parecer, no ve la señora Maroto), como “Cliente Círculo” nos prorroguen
gentilmente el uso de la Tarjeta un año.
Pero yo,
además de una persona coherente, prudente, y que trata de hacer una gestión lo
más ética posible de su vida, he querido siempre a quienes verdaderamente me
hicieron entrar hace más de cincuenta años en PARADORES y con su trabajo y
vidas me han incentivado a volver vez tras vez; los y las que están a pie de
Parador con la que está cayendo y les está cayendo y lo que no está entrando, y lo que sí. Y
considero que mientras la Ministra de Industria, Comercio y TURISMO, y quien se
lo consienta gestione desde la lejanía así la terrible pandemia en España, lo
mejor que puedo hacer por ellos y ellas, es devolver la Tarjeta Círculo hasta
que se vaya, si sobrevivimos.
Escribiendo y viviendo esto, recuerdo con mucha tristeza por su pérdida temprana a mi canatautor de cabecera, Calos Cano, que el pasado día 28 de enero hubiera cumplido 75 años. Pero también con el alivio de saber que no ha visto en que ha quedado su lucha.
Todo esto que parece no querer comprender la señora Maroto, ya lo sabía
bien una gran artista española ya fallecida que en 1983 y ante una aglomeración peligrosa
y tremenda en un momento importante de su vida, pidió públicamente por todos los
medios (incluidos los públicos) alto y claro a los imprudentes y pocos
reflexivos que intentaban entrar:"¡Si
me queréis irse!" .
Pues eso,
sin que ellos y ellas, pobres, muchísimos por menos de 800 euros al mes, me lo
estén pidiendo, es lo que “yo escucho” ahora.
Igual también tendría
que “escucharlo” Doña Reyes Maroto Llera, si es que su intención no es solo “calentar
el sillón”, como ponen en duda por ahí, y pensar más en el negocio que en la
vida. Los negocios cuanto más respetuoso se es con las vidas humanas y la pandemia,
son recuperables. Las vidas que desaparecen no. ¡Con lo que me quejo de los negacionistas¡, yo desconozco si esto es "negacionista" como dice el Dr. Cesar Carballo, Adjunto de Urgencias del Hospital Ramón y Cajal, pero igual es algún tipo de "ceguera que aún no ha sido descubierta".
Y, en todo caso, ya puestos a hacer negocio, que se cohexione YA con el resto de su Gobierno para que antes de Semana Santa estémos todos vacunados, y muy especialmente, enfermos crónicos y personas de alto riesgo y vulnerables. Ese, por lo menos es un negocio para todos, y a todos nos beneficiaría. No solo a unos pocos y pocas.
“Meten gente nueva,
con contratos a media jornada de 15 días, en departamentos donde se han
jubilado el 75 por ciento de la plantilla, vamos que de la casa quedamos 2-3,
con palizas diarias de trabajo, con gente que no sabe ni doblar una toalla, ni
llevar una bandeja ni pelar un melón, todos con contratos de ayudantes por
supuesto.”
"Qué pasa que tiene que
suceder alguna desgracia para que alguien le meta mano a esto? Al final la
responsabilidad directa va para los jefes (muchos acaban con depresiones o directamente
con excedencias) y el resto comiendo cada día mierda con una pala en un
ambiente de trabajo que os podéis imaginar.”
“Siempre hay que poner
a los compañeros como escudo, pero muchos no podemos permitirnos el lujo de
perder la fuente de ingresos, de recibir represalias... igual que hay límites,
ya que antes de la pandemia estábamos mal pero ahora...”
“Espero equivocarme
pero está pandemia va a ser la ruina para muchos compañer@s, en qué me baso? :
A causa de la presión y el estrés, cuántos van a necesitar ayuda psicológica y
psiquiátrica?, lo que vendrá acompañado de bajas por enfermedad, en éste punto
a la empresa si dichas bajas son de larga duración, no le importara coger nuevo
personal con contratos basura y hará todo lo posible por irse deshaciendo del
personal que ha tenido que estar de baja, cuando estos se den nuevamente de
alta, con astucia y artimañas sin importar los años que lleves en Paradores…”
Antes de
proseguir con lo que deseo escribir quería aportar para quien pueda tener el
interés en leerlo, que dado que hoy en día vivimos de “titulares” en la información, y por tanto
bastante desinformados; nos han hecho “vagos” para leer, no para nuestro bien,
claro, pero que muchas cuestiones necesitan ser argumentadas para ser más conocidas
y respetadas, y eso no se hace con “titulares”. Por ello pido disculpas por la
imprescindible extensión de mi artículo. Que, por otra parte, puede leerse en
veces.
Y también que
desde que cumplí 14 años hasta los 67 actuales me he identificado, manifestado,
votado y comportado, como una persona progresista, como un hombre de izquierda,
como no podría ser en mi de otra manera viniendo de donde vengo, y siendo quien
soy.
Es decir
que, en teoría, debería estar más contento ahora con la actual presidencia de PARADORES, que con la que durante siete años, anterior a esta, ocupó Doña
Ángeles Alarcó Canosa, ex esposa de D. Rodrigo Rato. Pero pasados ya un año y
dos meses de ese relevo y más en estos momentos que vivimos, la cuestión no me encaja.
Aclarado esto,
quiero decir que si existiera para mí solo una palabra vinculada a la historia
de la Red de Paradores de Turismo de España, sería “nobleza”. Y no me refiero a
la acepción del término en lo que el diccionario define como “clase social
formada por las personas que poseen títulos nobiliarios concedidos por el rey o
heredados de sus antepasados.” (aunque pudiera considerarse así, pues Paradores
fue creada destinada a estas clases, y ocupados durante muchos años de su
historia casi en exclusiva por ellas, por millonarios, y después por
extranjeros, cuyo cambio de su moneda con la nuestra les hacía posible alojarse con gran soltura donde
los españoles “normales” no pisaban más que para trabajar y atenderles). Pero, afortunadamente,
eso pasó, (ahora esa “nobleza” no frecuernta los Paradores, y solo los más "trabajadores" pasean por Paradores cuando les sacan a hacer campañas mediáticas y fotos dentro y fuera de los establecimientos). Es
sabido que estas clases no son muy dadas a mezclarse con las clases medias que con el tiempo
ha ido teniendo acceso a la Red pública.
Yo me
refiero aquí a ese otro concepto de la palabra nobleza, que la señala como un
valor que define a una persona o institución como generosa, digna de
estimación, no grosera, y carente de malos sentimientos o de conductas
enrevesadas, por ejemplo.
Desgraciada
pero inevitablemente, como empresa pública al uso en este país, PARADORES siempre
ha estado muy politizada. También desde la llegada de la democracia ha
continuado muy jerarquizada verticalmente, y sus cargos más relevantes siempre
han coincidido con el color y la cercanía y/o amistad del partido en el poder,
y lamentablemente, con el paso del tiempo cada vez ha llegado esa politización más
allá de las cúpulas directivas; a los propios establecimientos, y dentro de
ellos incluso, a estamentos profesionales menos relevantes orgánicamente que
sus direcciones. Irremediablemente,
sin duda, y en mi criterio no sin intención, este concepto de nobleza al que me
refiero se ha ido perdiendo en Paradores de una forma tremenda y considerable, solo
comparable a la pérdida de calidad, que, igualmente antes los definía, hasta
quedar convertida la Red que he amado y amo -ahora bastante a mi pesar- (hay
amores que hacen daño de los que cuesta olvidar su historia), en una cadena
hotelera tan normal y corriente como puede serlo cualquiera otra de España, si
no fuera por sus dos grandes valores: la edificaciones y enclaves donde se hallan
una gran parte de sus establecimientos, privilegio también de la política.
Y sobre todo
y ante todo una residual forma de hacer, de un saber hacer (eso que ahora
llaman “know-how”) de parte de sus trabajadores y trabajadoras (a esos que
algunos llamamos “la gran familia” sin serlo), que aunque ya es muy pequeñita, son
todavía capaces de traslucir la esencia que heredaron en otro tiempo, de sus
mayores, y de un tipo de formación profesional ya inexistente en la Red. Naturalmente
me refiero al “know-how”, al saber hacer, de esas trabajadoras y trabajadores, no
al de empresa, que desde mi punto de vista y opinión, desapareció hace tiempo, quedándose
en una melé, una confusión o embrollo de acciones y bandazos con muy diferentes
resultados dependiendo de quiénes los políticos de turno hayan sentado en los
sillones de la Red y sus establecimientos incluso. Y sobre todo mucho
marketing, mucho cartel, mucho postureo caro. No hay problema, paga el pueblo.
En mi
opinión, este difícil verano para todo el mundo no solo para los mandatarios de
Paradores, yo tengo la sensación, y el dolor, de que La Red, más que
sobrevolada por los políticos, hubiese estado “intervenida” . Quizá no sea
baladí la incorporación por parte del presidente del Gobierno al jefe de sus redes sociales (pinchar sobre cada enlace para acceder a noticias al respecto),
y otros miembros cercanos, al Consejo de Paradores, que pudieran ser de gran
agradecimiento y ayuda para unos intereses que, en mi opinión, han estado muy
bien definidos, aunque también desde mi punto de vista otra vez, y esta de forma
muy severa, el fin no haya justificado los medios en tiempo de esta terrible pandemia.
A principios
de junio, unos días antes de la calculada apertura de casi 100 establecimientos
de PARADORES repartidos por toda España y sus islas, y la apertura de las
fronteras al turismo internacional (que ya sabían que no llegaría dado nuestro
índice de contagios de Covid19), el presidente del Gobierno anuncia que como
los mayores no vamos a poder viajar en verano, y aún menos los que padezcamos patologías
que nos hagan aún más vulnerables, y tampoco lo vamos a poder hacer en otoño (resulta una actitud visionaria esta, o quizá lógica y consecuente con la
nefasta gestión política de la pandemia que habían realizado hasta entonces y
que iban a continuar realizando en España en verano hasta convertirnos
actualmente en el primer país europeo más afectado, noveno en la lista de
contagios e inmediatamente detrás de Perú a la fecha que esto escribo¡¡), de la
partida presupuestaria destinada al IMSERSO para el programa de viajes de
mayores, iban a detraer más de 200 millones de euros para subvencionar “y agradecer”
el esfuerzo que los sanitarios y los Cuerpos y Fuerzas de seguridad del Estado,
que habían permanecido tan expuestos por la pandemia, pudieran viajar.
Unos días
después el Presidente de Paradores, Oscar López, declara que el Gobierno va a reducir elcanon anual que le cobra a Paradores hasta 2025; que en 2020 solo pagará 1.000.000
de euros en vez de los 9.000.000 millones más el porcentaje de beneficios que
venía pagando, y así sucesiva y ascendentemente hasta 2025, Un ahorro algo
superior a los 20.000.000 millones de euros para la empresa estatal en los
próximos cuatro años.
A mí me
parece espléndido y deseable, como no puede ser de otra manera, que los
sanitarios y las fuerzas de seguridad del estado tengan vacaciones en época de
pandemia y siempre. Pero me hubiese parecido mejor, que lejos de demagogias interesadas, con
esa “reorientación” de millones destinados a atender socialmente a los mayores
del país, les hubieran agradecido de verdad su labor en la que les viene encima
a estos colectivos, colaborando a apoyarles en sus puestos de trabajo, mejorando
sus instalaciones, dotándoles del material necesario para trabajar con
seguridad, contratando personal, convocando oposiciones… en definitiva
creándoles una cierta seguridad de trabajo y vida; que seguro que las
vacaciones ya se las hubieran resuelto ellos. Pues, si no, todo se queda en
aplausos a las 20 horas. Y los “mayores encerrados” en verano y en invierno, hubiésemos
considerado mejor empleado nuestro dinero público, el que sale de nuestros
impuestos, pues les hubiese beneficiado a los profesionales y a nosotros en lo
que ya se sabía que se iba a producir.
Pero, claro
está, con eso no conseguían poner “el cebo” a una cantidad ingente de personas
que habitualmente no se alojan en Paradores, que tenían necesidad de airearse
como fuera, y que se iban a convertir en turismo nacional. Todo queda en Casa…
como los mayores y las personas de alto riesgo.
Unos días más
tardes el presidente de Paradores confirma la fecha de apertura de la Red al
completo, e improvisan una nueva palabra: “VERANEADORES”, que no habían
contemplado dentro de esa campaña tan simplista, y seguro que millonaria, de
utilizar para cada mes del año un calificativo añadiéndoles el sufijo “-ores”
para adjudicárselo a PARADORES y relacionarlo con ellos. “VERANEADORES” no
estaba incluida, claro, en ninguna de las 12 hojas de su calendario 2020.
En este
punto deseo expresar que la orientación estrictamente comercial de la cuestión
no merece otra cosa distinta que la enhorabuena dado el resultado, y que
intentando abstraernos de todo lo que ha sucedido en PARADORES en estos meses,
y lo que quede, a base de tirar las tarifas,etc. ayudada por lo que yo
considero una campaña de publicidad tan engañosa como innoble, ha conseguido el
resultado planificado por el Estado con sus propios hoteles (esos que dice el
presidente de Paradores que son nuestros, de los mayores también).
Desgraciadamente
los hoteleros privados que se han atrevido a abrir, no han conseguido más que
pérdidas. Pero ya es sabido: el que tiene la sartén por el mango y las cocinas
también y a quienes tienen que dejarse el pellejo en ellas, o en estos momentos
algo más, y en cualquier otro departamento de la Red, hace lo que quiere. Más
allá, reitero, de que el fin no justifique los medios (pocos).
(Procedimiento de limpieza de una habitación similar a las de Paradores, en un mes de julio de año sin Coronavirus. Solo lo expongo por el tiempo de trabajo de la camarera).
Creo, estoy
seguro, de que hubiese sido ese un buen momento para que el presidente de la Red
y su cuerpo directivo alrededor, en el ejercicio de la nobleza, hubiese dicho
algo así como vamos a abrir la Red de Paradores al completo aunque más allá de
la economía, los momentos sanitarios son muy difíciles, peligrosos y confusos,
y precisamente por eso, les advertimos de que el turismo seguro no existe con
una pandemia y España a la cabeza de ella.
Que nosotros
vamos a adoptar las medidas que podamos con una plantilla con 1000 miembros
menos; que nuestra consigna es no contratar personal o contratar lo menos
posible pues la mayoría de nuestros trabajadores también tienen derecho a
vacaciones que, lógicamente, no nos han “regalado”. Que, como saben nuestros
clientes fieles (que es distinto a “fidelizados” por una tarjeta que les han
hecho probablemente la única vez que han estado y vayan a estar, pero que,
claro, les viene de perlas al marketing para las estadísticas, el bulto y la
posverdad) una gran parte de nuestros establecimientos están muy necesitados de
reformas profundas en instalaciones fundamentales.
Que nuestra excelente
plantilla, aunque es el valor que nos saca adelante siempre, está compuesta en gran
parte de trabajadores y trabajadoras que reúne una media de edad alta,
arriesgada, que todos, jóvenes y mayores, son muy pocos y pocas para los que necesitaríamos
siempre para atenderles, pero ahora son muchos menos con lo que se debe hacer. Que
les garantizamos que lo van a intentar dejándose si es preciso la salud física
y psíquica en ello, si es que, desafortunadamente, no se dejan algo más.
Que vamos a comprar
todo lo que haga falta (Paradores compradores. En Paradores comprar es una
palabra y una actitud que parece, por lo demostrado en su historia, gustar mucho
en las alturas), y que van a encontrar ustedes unas pequeñas mamparas en las
recepciones, mascarillas y gel hidroalcohólico a placer. Y que trataremos de
mantener la mayor pulcritud posible con el escaso personal de que contamos en
relación con el que necesitaríamos.
Que las
distancias y las medidas de seguridad que nos han informado a todos, deberán
mantenerlas ustedes con lo poco que podremos ayudar nosotros, pues PARADORES no
fue construida ni organizada pensando en una pandemia, ni tan siquiera en la de
la mal llamada, (pues fue de Kansas) Gripe Española que sucedió 10 años antes
de su creación, ni en la superpoblación que actualmente tiene España.
Que, por
tanto, PARADORES no es un turismo más seguro ni menos que otros, si acaso,
dependiendo de dónde se encuentren estarán más o menos expuestos ustedes al
virus. Pero nosotros estamos deseando que vengan, y que sean obedientes con
nuestras instrucciones, y les proporcionaremos la estancia más feliz posible…
Por ejemplo
podría haber dicho eso o algo similar, pero cierto.
Desgraciadamente,
muy por el contrario se empiezan a utilizar titulares como “Paradores más
seguros que nunca”. Es decir que quienes llevan toda una vida veraneando,
hibernando, "puenteando" etc. en Paradores han estado más inseguros que en la macabra
pandemia en la que vivimos y no lo sabíamos ¡Pues vaya “know-how”! Menos mal
que hemos sobrevivido.
Se expanden
hasta la saciedad videos publicitarios imposibles, incluso donde se comprometen
(en estos tiempos en Paradores una imagen debería ser un compromiso) a que,
supongo que un miembro de recepción enguantado, sale a la puerta del Parador
cuando se llega, y pone una alfombrilla (supongo que pretendidamente desinfectante) para que las
ruedas de nuestro equipaje no contaminen el interior. Pero, por dios, si en
gran parte de los casos cuando no hay avalancha (que ha sido frecuentísima
según en qué Paradores, muchas veces completos al 100% de su alojamiento) tienen
que sustituir a la única persona que se halla en Recepción durante media hora
para que pueda comer o cenar. Cuando todo aquello que se iba a evitar en los
trámites en las recepciones se ha quedado en la mitad de la mitad, y cuando
justo por la mitad de las minipantallas protectoras y sin guardar distancia
alguna es por donde asoman la cabeza los numerosísimos clientes que acuden al
reclamo de la “minitarifa” y el “agradecimiento sanitario”, incluso entendiendo
por sanitario dentistas y ópticos, muy respetables, pero no desde luego del
estrés proclive a la primera línea de aguante. En el video, claro, nos muestran
una maravillosa parejita joven a dos metros de la recepción y solos…
Nos enseñan
distancias imposibles y “tempos” de hace medio siglo, cuando la realidad es que
una inmensa cantidad de personas que llegan lo hacen a las diez de la mañana o
antes, porque la clientela de cualquier lugar también necesita su propio “know-how”,
su propio saber hacer y estar, y eso, a menudo se adquiere por costumbre. Y no
comprenden unos, otros no están dispuestos a hacerlo, si van por primera vez a
hoteles “lujosos” por qué no pueden usar la piscina cuando quieran, y muchos no
lo respetan, y se producen aglomeraciones. Tampoco por qué tienen que desayunar
en turnos tan reducidos como media hora, y muchos, claro está, no lo respetan,
y discuten, y para discutir se acercan, claro, etc. Y además no se resuelven
bien estas circunstancias (sálvese quien pueda, ya que hablamos de casi 100
Paradores, y aquí es preciso no generalizar) pues el Manual… de Paradores repite hasta la
saciedad que ante todo y sobre todo el cliente tiene que irse contento ¿incluso
a riesgo de contagiar a quien sea? me pregunto yo. O de hacerlo con un trabajador o
trabajadora que se arriesgue a reprimirles?
Y nos
enseñan en el video las habitaciones, haciéndose por dos camareras de pisos
echando humo viricida por todas partes, y pegando etiquetas por doquier con una
parsimonia como de ballet clásico. Eso personalmente me resulta insultante
cuando hace décadas que, sin dejar de ir a Paradores, no he visto más que a una
camarera de piso haciendo la habitación, y además muchas habitaciones para la
misma, y en muchísimos casos bastante mayores, maltrechas, deslomadas, pues son
muchos los miles de camas que llevan a sus espaldas.
Y ahora una
sola igualmente –y porque no se puede poner ante la escasez, media- debería
hacer lo mismo de siempre pero con todo ese supuesto protocolo anticovid añadido. No sale
la ecuación. Y Ya no digamos con el improvisado tipo de cliente que, dada la
situación, utiliza Paradores como un resort, que no sale prácticamente de las
instalaciones, y cuando llega, antes de las diez en muchos casos, reitero, pide
su habitación, y claro, generalmente no se ha ido el cliente anterior, y si se
ha ido, el compañero o compañera de recepción, supongo que lo más amablemente
que pueden pues ya se conocen “la tostada” les urgen a las camareras que hagan la habitación,
y naturalmente la que echa humo es la destrozada trabajadora, pues es
absolutamente imposible dar para más. Y luego “la ceremonia de “etiqueteo”, que
naturalmente habrá costado lo suyo…las etiquetas me refiero, y que lleva su
tiempo...
El video
termina con las palabras del más alto mandatario de Paradores diciendo que están
preparados para ofrecernos la misma calidad y excelencia que les caracteriza
desde 1928. Eso desafortunadamente tampoco es cierto porque no puede serlo, y
me temo que ya no lo volverá a ser nunca más.
Desgraciadamente,
este apartado de las camareras de piso (sin querer decir, ni mucho menos, -imagínense
las imposibles distancias de los camareros y camareras de comedor que nos
promete el video, o los más de 40 grados que se pueden alcanzar frecuentemente
en las cocinas… etc-, que el resto de plantilla no haya sufrido y esté
sufriendo este, en mi opinión "intracaos"), es el que más me hace
sufrir, el que me parece más flagrante y menos “VERANEADORES”.
También parece
resultarles así a las organizaciones sindicales como UGT o CSIF que aunque
ya muy tarde, muy avanzado el verano se han hecho eco de ello. Imagino que
también lo habrá hecho en los medios CC.OO., otra fuerza sindical con
representación en Paradores, pero esa no lo aseguro porque no deseo exponer
aspectos que no haya comprobado. Me pregunto también en este punto si, aunque
hubiera sido por una vez –una vez tan grave y necesitada- no se podrían haber
cohesionado fuertemente todas las organizaciones sindicales con representación
en Paradores, más allá de otros intereses, para conseguir inmediatamente la
máxima protección de la plantilla y su descanso, en lugar de verse obligados en
tantas ocasiones a alargar sus jornadas ante el exceso de trabajo y la falta de
personal.
Y nos han
continuado hablando de distancias seguras en la hostelería, mientras nos
proponen “eventos para clientes selectos y exclusivos” con compra de entradas
en El Corte Inglés, y con “aforos muy reducidos”, y luego lo que vemos son algunos
comedores con una gran cantidad de personas cenando sentadas de dos en dos con
las espaldas prácticamente pegadas a los comensales de la mesa contigua. O actuaciones
musicales en algún ático abarrotado de personas, simplemente porque están al
aire libre. O bodas “altamente seguras” con varias mesas de 16 personas hombro
con hombro, etc. Naturalmente no en todos los paradores, sino “a demanda”.
En fin, para
qué continuar con esta descripción de temerarios despropósitos en mi opinión, que
realmente los trabajadores y trabajadoras sufren y conocen mejor que nadie.
Mi pregunta
sería ¿por qué en una plantilla de unos 3.000 trabajadores y trabajadoras estas cosas solo son
conocidas por quienes realmente tienen interés en dar un paso más allá y por
afecto a ellos y su historia y esfuerzo estamos más atentos? ¿por qué la mayoría de los
clientes se van, unos más contentos otros menos, viendo como los trabajadores están
exprimidos, (¿podríamos crear también Paradores Explotadores para un futuro calendario?) insuficientes, extenuados en casos, sin reflexionar en esto que en una
situación como ésta es tan evidente?
Opino que
hay aspectos en la vida que solo pueden silenciarse con sobornos o con miedo.
Lo primero queda para mí totalmente descartado en una plantilla en su mayoría tan
precaria, tan necesitada, tan cerca del mileurismo. Sin embargo, opino que la
palabra "miedo" debería haber sustituido a otras que “se han caído” del precioso
escudo de bronce, verde, con las vides diseñadas por Alberto Corazón.
Considero
que desde hace muchos años lo peor de Paradores es la gestión destalentada y enrevesada,
lo que yo he llamado algunas veces “gestión guillotina” de su mayor valor, de
sus recursos humanos (es necesario no incluir aquí a la recién nombrada
Directora de Recursos Humanos y Gestión del Talento, María del Rosario Gálvez,
a quien no ha dado tiempo a aplicar sus buenas prácticas, si las posee, si
tiene intención, y la dejan). Una gestión, desde mi punto de vista opresiva y
amedrentadora que en no pocas ocasiones ha puesto a quien sea de patitas en la
calle, independientemente de que luego los tribunales lo considerasen
improcedente y les obligase a dar altas cantidades indemnizatorias -es igual, paga
el pueblo-, y luego todo sigue como si nada, y la abultada fila de directoras
de recursos humanos (en su mayoría han sido mujeres) siguen en su sillón como si
nada, para acabar desfilando una tras otra. Estos despidos a propio intento, quizá premeditados, con castigo judicial después, en la judicatura tienen un nombre cuando se hace con dinero público, que quizá debiera empezar a utilizarse ya.
Para mí, en
mi opinión, solo actitudes como estas, y la necesidad que tenemos casi todos de
comer, pagar nuestros gastos más básicos, y sacar a nuestras familias adelante,
es lo que puede haber hecho que una plantilla, que incluso no hace mucho era
mucho más numerosa, en vez de unirse fuertemente contra lo que hayan padecido
injusto para ellos y sus compañeros y compañeras, hayan optado por seguir
desempeñando una amabilidad obligada, un silencio impuesto, un recuerdo de la
que, en otro tiempo fue sonrisa, y hoy resulta una mueca congelada. Aunque es
cierto que, a base supongo de mucho riesgo, y con valentía, cada vez pueden
verse más expresiones de trabajadores y trabajadoras que explican como pueden
en redes sociales el trato que reciben.
Y para
finalizar la operación, llego al “éxito” del verano, y para mí a las inquietantes
y desgraciadas preguntas que me hago.
Finalizado
agosto (que realmente no pone fin al verano) el presidente de la Red nos informa de lo que ya esperábamos: “Paradores cierra el verano con una ocupación
superior a la media de la última década…Paradores es la única gran cadena
hotelera española que ha reabierto todos sus establecimientos tras la
desescalada…llegándose a ocupar 276.527 estancias, lo que arroja un porcentaje
del 77,15%.”... y da las gracias a los trabajadores. Aquí prefiero no escribir.
Como ya
sabemos “singles” viajan muy pocos por Paradores, y más en verano y en
pandemia, y lo que si lo hacen mucho son parejas, y en muchísimos casos –máxime
en vacaciones- con muchos niños y niñas. Como estancias no es igual a personas,
pongámosle un niño, por los que puedan haber llevado dos o tres (no olvidemos
que es gratis) a las 276.527 estancias declaradas, y convirtámoslas en
personas, en 829.581 aproximadamente. Naturalmente personas asintomáticas en
cuanto a la Covid19, ya que de haber estado enfermas suponemos que no hubiesen
ido o se habría percatado alguien (debemos tener en cuenta que en PARADORES no se ha
tomado temperatura alguna a la entrada de sus clientes como, por ejemplo en el
Museo del Prado u otros lugares de afluencia turística).
Dada la
situación actual de España a la cabeza en Europa en contagios y noveno en la
lista mundial, y teniendo en cuenta el objetivo de Paradores de hacerse con el
turismo nacional, ¿cuánto pueden haber colaborado casi 100 hoteles repartidos
por toda la geografía española y con tan alta ocupación a propagar el virus en
personas que se han movido por todo el país?
¿Ningún
trabajador o trabajadora se han visto afectados por esta gran cantidad de
estancias? ¿No ha habido ningún incidente mayor ni confinamiento en ningún
Parador? ¿El fin justifica los medios? ¿Es para estar orgullosos? Esas son preguntas que yo me hago, ya que el silencio ha sido total.
Por supuesto
el verano no ha terminado´, pero la gente en su mayoría ha vuelto a casa, y lo
que es peor, a los trabajos y los niños al colegio; los sanitarios,
calculadamente supongo, pues empiezan a ser muy necesarios en sus puestos, han
sido sustituidos por el otro objetivo: los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del
Estado, que también irán pero presupongo que en mucho menor número.
Ahora
ofrecen “suites junior” a precios de saldo, “habitaciones únicas” a precios
anecdóticos, ofrecen a clientes de siempre que tenemos puntos tan oxidados como
las piernas de estar “encerrados”, Paradores a los que no han tenido ni tendrán,
acceso Sanitarios ni Fuerzas, etc. Hasta sería posible, por suponer, que se
acuerden de los clientes de toda la vida, bastante mayores muchos, y se
produzca una especie de milagro como el de los panes y los peces, y se multiplique
el valor de los puntos por mucho, para poder seguir llenando algunas
habitaciones más y de paso la hucha.
E incluso es
posible que “recuerden” algo que llevo clavado en el corazón: y es que existen
multitud de cajeras (en su mayoría son mujeres) y cajeros de supermercados en
todo el país que, también, o esos sí, han estado -y siguen- en primerísima fila
de trinchera, a menos de medio metro, cuando la gente arrasaba día tras día las
estanterías de sus establecimientos durante el confinamiento y después, y de
las que no sé bien por qué se ha olvidado Paradores. Quizá hayan pensado que
con sus míseros sueldos no llegaban ni a los 65 o 75 euros de la oferta hasta
diciembre. Un gran y lamentable olvido desde mi punto de vista que se podría
restañar ahora que les va a hacer falta... a Paradores.
Otra
pregunta que me hago es si los sanitarios y las fuerzas y cuerpos de seguridad
nos son tan necesarios siempre, y cada vez más mientras hay menos, ¿por qué no
han implantado esta medida para tener más ocupados los establecimientos
siempre? ¿Quizá porque ya estábamos otros, aunque fuésemos muchísimos menos,
para pagar muchísimo más por las habitaciones? En todo caso una idea quizá
podría ser dejar instauradas esas promociones corporativas ya de continuo.
Incluyendo a las cajeras y otros olvidados. Ya sabemos que "Paradores es de todos".
Y me hago
alguna pregunta preocupante más: ¿han llegado al límite ya con los trabajadores
y trabajadoras de la Red contentos de las cifras que les han proporcionado a
base de su tremenda exposición y la rebaja del Canon, o cuando decaiga el verano y las cifras
volveremos a escuchar el sonsonete macabro amenazador de ERE o ERTE aduciendo que los
clientes vamos poco por la pandemia?
Porque hay
actuaciones que, desgraciadamente, pueden ser comunes a cualquier directiva de
PARADORES, gobierne quien gobierne.
En fin,
supongo que esta tragedia (la de la pandemis) algún día disminuirá, y los que estén o estemos vivos
volveremos a ver como en Paradores nunca pasa nada… más que a sus trabajadores
y trabajadoras. Y que como una especie de ceremonia ensayada, se seguirán
cumpliendo los pasos eternos: llego, prometo una cosa u otra más acorde con la
supuesta ideología del partido en el poder, cambiamos los carteles, los “amenitiés”,
los vasos, los platos… y hasta los uniformes. En este caso, por ejemplo, porque
haya que “desinfectarlos” ahora y cambiar la imagen después de lo visto.
Siento una gran
tristeza. Las cosas pueden hacerse de una manera u otra y también pueden
resultar bien, y esta, en mi criterio, ausencia de nobleza, este miedo, esta
sonrisa congelada, me han provocado una herida que ya ha hecho cicatriz, y que
duele y dolerá siempre.
Y, lo que es peor, que, si la vida y el virus
me lo permitieran, haría que me costara muchísimo volver a entrar en un
Parador. Y que por supuesto, si volviera a hacerlo, sería por lo mismo que lo
hice la primera vez, cuando era adolescente y no preveía bichos de este tipo ni
de otros, lo haría por volver a ver, a estar con “la gran familia de Paradores”,
o lo que de ella quede en esencia, por lo demás PARADORES como marca, seguirá
siendo muy rentable para quienes lo sea, pero para mí ha desaparecido. Son una Leyenda.
No estaría
mal que en un ataque de nobleza, visto lo visto con según qué clientes, y aún
más tristemente, con todas esas trabajadoras y trabajadores que después de
haber entregado su vida laboral completa a la Red, estén como locos por dejarla
para siempre, debatiéndose en un sentimiento agridulce de sentir mucho alivio
al mismo tiempo que pena, por tener que salir por última vez por la puerta de
la Casa que han tratado como suya o mejor, sin un adiós institucional, un
reconocimiento, una plaquita (debo hacer la excepción aquí de algunos
directores de establecimiento que, muy al contrario, su máxima alegría es
reengancharse. Debe ser que el trato de estos es distinto ¡enhorabuena para ellos o
ellas!). No estaría mal decía, que a ese sin fin de placas vacuas Esentia, Civia, Naturia, Marmitia, Essentia, Tamizia...? que han ido
dejando en sus fachadas los diferentes equipos directivos, después de este
verano de 2020 añadieran una más que pusiera: